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297: LA RESPUESTA DE LA MADRE

last update 公開日: 2026-11-03 03:46:14

Llevé la mano al bolsillo y saqué un pequeño papel doblado, en el que estaba impresa la imagen de la última ecografía que Gabriela se había hecho. Después de mi conversación con doña Maria, me aseguré de contarle a mi hija sobre el deseo que la madre de Flávio había expresado de conocer a su nieto.

Para mi sorpresa, Gabriela recibió la noticia con tranquilidad. Dijo que, aunque no estaba preparada para permitir que la familia de Flávio tuviera contacto con el bebé, tampoco quería privarlos del
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  • En las garras del juez   300: TARDE O TEMPRANO, LLEGA LA HORA DE PAGAR LAS CONSECUENCIAS

    No sé exactamente qué ocurrió después. Estaba un poco aturdido, sin conseguir comprender bien lo que sucedía a mi alrededor, pero todavía podía escuchar perfectamente la voz de Marcus, que parecía venir de muy lejos.—Mira cómo son las cosas, Dante. Yo tratándote como a un hermano, mientras tú me apuñalabas por la espalda, dentro de mi propia casa, con mi esposa. Te juro que te subestimé. Esperaba que cualquiera me traicionara, menos tú.Intenté abrir los ojos, pero tenía los párpados demasiado pesados. Quería levantarme, preguntar qué estaba pasando, pero mi cuerpo simplemente no me obedecía.—Marcus… —murmuré, con dificultad.Escuché una risa burlona.—Ah, ¿entonces todavía puedes hablar? Qué bueno, porque quiero que escuches cada palabra que tengo para decirte.Sentí que alguien se acercaba y enseguida su voz se volvió más clara.—¿Sabes qué es lo que más me indigna, Dante? Ni siquiera es el hecho de que te hayas acostado con Juliana. Es recordar cuántas veces te recibí en mi casa,

  • En las garras del juez   299: CONVERSACIÓN ENTRE «AMIGOS»

    No sé exactamente por qué, pero la manera en que pronunció aquellas palabras me provocó una repulsión inmediata. No conseguía comprender cómo Viviane era capaz de insinuarse de aquella forma, sabiendo perfectamente cuánto sufría yo por su hermana. Lo que más me incomodaba era darme cuenta de que no mostraba el menor respeto por los sentimientos de Fabiane, mucho menos por los míos. Al contrario, parecía ver mi dolor como una oportunidad para conseguir lo que quería.La aparté de un empujón y rápidamente me recompuse, acomodándome la ropa mientras la miraba con una expresión severa.—¡Nunca vuelvas a acercarte a mí de esa manera sin mi permiso, Viviane! —advertí, sin importarme ser grosero—. No sé qué crees que estás haciendo, pero ya te dejé muy claro que no tengo el menor interés en ti.Abrió los ojos de par en par, visiblemente indignada por mi reacción. Durante unos segundos, permaneció mirándome fijamente, como si no pudiera creer que acabara de rechazarla de aquella manera.—¿Hab

  • En las garras del juez   298: CLUB NOCTURNO

    Regresé a casa devastado. El trayecto en auto fue terrible, y lo único que deseaba en aquel momento era que aquel dolor que sentía en el pecho desapareciera de una vez por todas. Pero, por mucho que intentara alejar los pensamientos, el sufrimiento seguía allí, tan intenso que llegaba a ser asfixiante.Conduje durante horas, sin rumbo, recorriendo calles y avenidas sin siquiera prestar atención a los lugares por los que pasaba. Cuando me di cuenta, ya había anochecido y yo seguía dentro del auto, sin las más mínimas ganas de volver a casa.No quería entrar en aquella mansión enorme, vacía y silenciosa, donde cada habitación parecía guardar algún recuerdo de Fabiane. Al mismo tiempo, no sabía adónde ir. No había ningún lugar donde deseara estar, ninguna compañía que pudiera aliviar lo que sentía.Todo lo que necesitaba resolver en Brasil ya estaba prácticamente concluido. Ya no existía ningún motivo concreto para continuar en el país. La verdad, sin embargo, era que había estado pospon

  • En las garras del juez   297: LA RESPUESTA DE LA MADRE

    Llevé la mano al bolsillo y saqué un pequeño papel doblado, en el que estaba impresa la imagen de la última ecografía que Gabriela se había hecho. Después de mi conversación con doña Maria, me aseguré de contarle a mi hija sobre el deseo que la madre de Flávio había expresado de conocer a su nieto.Para mi sorpresa, Gabriela recibió la noticia con tranquilidad. Dijo que, aunque no estaba preparada para permitir que la familia de Flávio tuviera contacto con el bebé, tampoco quería privarlos del derecho de saber cómo estaba.Después de todo, aquel niño no tenía la culpa de los errores cometidos por su padre. Por eso, me autorizó a entregarle una copia de la ecografía a doña Maria y a contarle que el niño que esperaba estaba creciendo sano.—En realidad, doña Maria, le traje algo —anuncié, extendiéndole el papel.Me miró con curiosidad antes de tomarlo.—¿Para mí, doctor?—Sí. Hablé con mi hija sobre nuestro último encuentro y le conté que a usted le gustaría recibir noticias del bebé.D

  • En las garras del juez   296: DESCONFIANZAS

    Con las pruebas de mi inocencia, la verdad se difundió rápidamente en los noticieros. Las acusaciones comenzaron a perder fuerza y tomamos las medidas legales correspondientes contra los responsables de los comentarios ofensivos y de la difusión de información falsa sobre mi familia.Poco a poco, la opinión pública comenzó a cambiar. Las mismas personas que antes nos juzgaban empezaron a comprender que, en realidad, mi familia y yo habíamos sido víctimas de una situación cruel, agravada por mentiras y acusaciones infundadas.Con eso, la noticia de la ruptura de mi compromiso también salió a la luz, despertando aún más la curiosidad de la prensa sobre mi vida personal. No tardaron en surgir especulaciones sobre los motivos de la separación. Algunos relacionaban el fin de nuestra relación con los delitos cometidos por Flávio, mientras que otros afirmaban que Fabiane me había abandonado en medio del escándalo.Ninguna de aquellas versiones correspondía completamente a la verdad, pero no

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    No podía negarle aquella petición, pues sabía cuánto había sufrido aquella mujer, no solo por la muerte de su hijo, sino también por todas las preocupaciones y decepciones que sus decisiones seguramente le habían causado en vida.—Está bien, señora. Me aseguraré de enviarle una fotografía cuando nazca el bebé.Doña Maria esbozó una sonrisa emocionada, volvió a darme las gracias y entró en el departamento con cierta prisa.La observé alejarse, todavía incómodo por la manera en que Viviane se había dirigido a su madre durante nuestra conversación. Tuve la impresión de que la trataba como a una empleada doméstica, dándole órdenes y esperando que las cumpliera inmediatamente, sin siquiera considerar lo que estaba haciendo en aquel momento.Aquello no me agradó en absoluto. Sin embargo, no me correspondía emitir ningún juicio. Después de todo, apenas había presenciado unos minutos de la convivencia entre las dos y no podía tomar aquella impresión como una verdad absoluta.—Bueno, ya me voy

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