Masuk"Toma. Así se siente perderla."Adrián aceptó la copa con la mano temblorosa.Mientras veía subir las burbujas, pareció encontrar en ellas el reflejo de todo lo que había perdido.Se bebió la champaña de un solo trago. El alcohol le ardió al bajar mientras las lágrimas le corrían por el rostro.Frente a todos los invitados, Sebastián y yo intercambiamos los anillos y nos prometimos una vida juntos.Mientras tanto, dos guardias de seguridad sacaron a Adrián del lugar.Lo dejaron en la calle, frente al sitio donde se celebraba la boda. A sus espaldas estallaron los aplausos y las felicitaciones de los invitados.Cuando aquella puerta se cerró, nuestras vidas quedaron definitivamente separadas.Lo que Adrián viviera a partir de entonces ya no tenía nada que ver conmigo.Tiempo después, el asistente de Sebastián me envió noticias sobre Camila junto con una fotografía tomada a escondidas.Camila, que antes había vivido rodeada de lujos y admiradores, aparecía agachada en un callejón, disput
Por fin lo entendió: ya no había nada que pudiera arreglar.Sebastián dejó la espátula a un lado y se acercó. Sin hacer ningún gesto de más, agarró a Adrián por el cuello de la camisa y lo levantó de un tirón.—Señor Romero, esta es la primera y la última vez —dijo en voz baja, con una firmeza que hizo que Adrián se tensara—. Si vuelve a pasar, no dudaré en hacer que el Grupo Romero desaparezca de Lucana.Antes de que terminara de hablar, lo echó de la casa de un empujón.La puerta se cerró de golpe delante de él.Adrián cayó al suelo de mala manera. En ese momento, el celular empezó a vibrarle sin parar en el bolsillo.Era su asistente, que hablaba atropelladamente, presa del pánico.—¡Señor Romero, estamos acabados! ¡Suspendieron de inmediato todos nuestros proyectos! Los Mendoza... ¡Los Mendoza están intentando hacerse con el control total del Grupo Romero!Adrián se quedó inmóvil.En su mente solo se repetía aquella tranquila advertencia de Sebastián.No había sido una amenaza.Sim
—Nati, dame una oportunidad.—Déjame cuidarte el resto de mi vida.Lo miré y sonreí entre lágrimas.Asentí con firmeza.—De acuerdo.Por fin decidí dejar atrás el pasado y empezar de nuevo con él.Mientras tanto, Adrián bebió hasta quedar completamente borracho.En el bar, cada comentario que escuchaba a su alrededor no hacía más que recordarle todo lo que había perdido.—¿Ya se enteraron? Dicen que el heredero de los Mendoza está intentando conquistar a una pintora de Buenavista llamada Natalia Cruz. La trata como a una reina.—¿Natalia Cruz? Escuché que en realidad es Valeria, la exesposa de Adrián Romero.—¿En serio? Adrián la hizo irse por culpa de Camila y ahora resulta que Sebastián sí sabe valorarla. ¿Ese tipo es idiota o qué?Los Mendoza eran una de las familias más poderosas de Buenavista. Su nombre también tenía mucho peso en Lucana, y hasta los Romero los trataban con especial respeto.El remordimiento y los celos consumían a Adrián por dentro.Terminó perdiendo toda esperan
La crisis del Grupo Romero seguía agravándose.Pero Adrián ya no podía ocuparse de nada. Lo único que quería era encontrarme, costara lo que costara.En un periódico de Buenavista, las noticias negativas sobre el Grupo Romero apenas ocupaban un pequeño espacio.Les eché un vistazo y pasé de página sin sentir nada.Es el precio que tienes que pagar por todo lo que hiciste.Sebastián empezó a intentar conquistarme.A diferencia de Adrián, nunca me trató como un simple adorno bonito. Me escuchaba con atención cuando le hablaba de mis pinturas y sabía quedarse tranquilamente a mi lado mientras yo trabajaba.Recordaba que no me gustaban la cebolla verde ni el jengibre, y que disfrutaba viendo películas antiguas cuando llovía.Valoraba cada uno de esos pequeños detalles que Adrián siempre había considerado insignificantes.Le conté que tenía una enfermedad cardíaca y también le hablé de mi pasado.Pensé que, al saberlo todo, se echaría atrás.Pero Sebastián solo me abrazó con más fuerza, y
"¿Quién es ese hombre que está con ella? ¿Qué relación tienen?"Los celos y el dolor le apretaron el pecho mientras nos miraba desde lejos.Apoyada contra Sebastián, le dediqué a Adrián una sonrisa cortés, pero distante.Entonces pensé cada palabra con claridad, sabiendo que podía escucharme:"Cuánto tiempo, Adrián."Adrián regresó de Buenavista a Lucana completamente abatido.Se encerró en la habitación que habíamos compartido durante nuestro matrimonio, aquel lugar que alguna vez había sido nuestro "hogar".Volvió a abrir el diario, ya cubierto de polvo.Y en aquellas páginas encontró una desesperación aún más profunda."Hoy me enteré de que aquella gran boda de hace tres años no fue más que una transacción.""Se casó conmigo solo porque Camila necesitaba mi médula ósea.""Mi propio esposo solo se casó conmigo para salvar a la mujer que de verdad amaba.""Adrián, ¿cómo pudiste ser tan cruel?"Cada línea le dolía más que la anterior.Empezó a recorrer Lucana de un lado a otro, buscand
"¿Este idiota apenas ahora quiere defender a esa maldita? ¡Ya es demasiado tarde!""De todos modos, está muerta. Mientras lo niegue todo, tarde o temprano terminará creyéndome."Después de escuchar lo que Camila realmente pensaba, sus mentiras ya no tenían cómo sostenerse.Adrián la apartó de un tirón y Camila cayó al suelo.—¡Lárgate de esta casa! ¡No quiero volver a verte!Camila entró en pánico. Se acercó de rodillas y se aferró con fuerza a sus piernas, suplicándole que no la echara."¡No puedo irme! ¡No puedo dejar que me echen!""¿Qué demonios le pasa a este idiota? Valeria ya está muerta y todavía sigue arruinándome la vida."Al escuchar todo aquel resentimiento, desapareció cualquier afecto que Adrián todavía pudiera sentir por ella.A partir de ese momento, empezó a buscar desesperadamente cualquier pista que pudiera llevarlo hasta mí.No creía que hubiera muerto de verdad.—Esa figura que vi en el funeral... tenía que ser Vale.No podía aceptar que me hubiera ido después de h







