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Capítulo 2

Penulis: Nancy
En la última página de mi diario dejé escrito mi "testamento".

"Adrián, te amo. Te he amado durante diez años."

"Pero si hay otra vida, no quiero volver a encontrarte."

Cuando terminé, guardé el diario en el cajón de su mesita de noche.

Aquellas palabras eran la herida más profunda que podía dejarle.

***

Empecé a tomar un medicamento que podía hacer parecer que había sufrido un paro cardíaco.

Cada vez que lo tomaba, me ardía la garganta y tenía que hacer un esfuerzo para tragarlo.

Pero tenía que aguantar.

Era mi única oportunidad de sobrevivir y desaparecer de su vida.

Camila volvió a visitarme. Traía un tazón de sopa nutritiva y, como siempre, una sonrisa amable.

—Vale, la preparé yo misma. Tómala, te va a ayudar a recuperar fuerzas.

La miré mientras escuchaba lo que en realidad estaba pensando.

"¿Por qué esta maldita todavía no se muere? Está tardando demasiado. No sirve para nada."

"Y Adrián también es un idiota. Sigue gastando dinero en su tratamiento. Sería mucho más fácil dejar de darle los medicamentos."

Aparté el tazón de un golpe.

La sopa caliente cayó sobre el costoso vestido de Camila y dejó una gran mancha.

—Lárgate.

Mi voz salió ronca, pero llena de frialdad.

Camila palideció y enseguida se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Vale, ¿qué te pasa? ¿Te sientes mal?

Adrián entró justo en ese momento.

En cuanto vio la escena, se acercó y se puso delante de Camila para protegerla.

Me miró como si mi sola presencia le molestara.

—¡Valeria! ¿Ya terminaste con tu escándalo?

"Qué desagradecida. Cami vino a verla con las mejores intenciones, ¿y así es como la trata?"

"Una mujer tan cruel ya debería haberse muerto."

Cerré los ojos. Ya no tenía ganas de explicarle nada.

No tengas tanta prisa, Adrián. Muy pronto tendrás lo que quieres.

Dejé algunas cosas en la habitación.

Un libro de poemas con una vieja entrada de un parque de diversiones guardada entre sus páginas.

Había sido mi cumpleaños. Lo esperé durante horas, mientras él se iba al extranjero con Camila.

También dejé el diseño de un traje con sus iniciales bordadas en el cuello.

Antes había guardado cada una de esas cosas como un recuerdo de lo que sentía por él. Ahora solo me recordaban lo absurda que había sido al aferrarme tanto a ese amor.

Había llegado el momento.

Ese día, Camila le pidió a Adrián que la acompañara a probarse vestidos de novia.

Calculé con cuidado la hora a la que regresarían.

En cuanto escuché abrirse la puerta, me llevé una mano al pecho y me desplomé.

—¡Vale! —gritó Camila.

Adrián se quedó inmóvil por un instante, pero enseguida corrió hacia mí y me sostuvo antes de que cayera por completo.

Noté que le temblaban las manos.

Con esfuerzo, abrí los ojos. Su rostro estaba muy cerca del mío y, una vez más, pude escuchar lo que realmente pensaba.

"¿Otra vez está fingiendo?"

"¡Aguanta! Si vas a morir, no lo hagas en casa de los Romero ni me causes problemas."

Así que no era mi vida lo que le preocupaba.

Lo que de verdad le importaba era la reputación de su familia.

Sonreí entre lágrimas.

Antes de que me llevaran a urgencias, alcancé a decirle:

—Adrián, espero que... seas feliz.

Ya no podía decirle que lo amaba. A esas alturas, lo único que quería era despedirme de él para siempre.

Ya no me quedaba nada que decirle. Solo podía maldecirlo en silencio.

Y pensé: "Adrián, adiós para siempre."

Las puertas de urgencias se cerraron detrás de mí.

Afuera todavía alcanzaba a escuchar los sollozos de Camila, aunque sus pensamientos decían algo muy distinto.

"¡Qué alegría! ¡Por fin va a morirse!"

Incluso se acercó al médico y le habló en voz baja:

—Haga lo que pueda, pero no gaste medicamentos tan costosos en ella.

Acostada en la mesa de operaciones, cerré los ojos y esbocé una sonrisa irónica.

Esa misma noche, el hospital informó que los intentos por reanimarme habían fracasado y que mi corazón había dejado de latir.

Mi "cadáver" salió cubierto con una sábana blanca.

Adrián y Camila esperaban afuera.

Para ellos, mi vida había terminado allí.

Lo que no sabían era que mi amiga ya me esperaba en otra salida del hospital.

Me sacaron por allí y me llevaron directamente a un avión privado con destino a otro país.

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