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Capítulo 3

ผู้เขียน: Nancy
El avión despegó.

Mientras veía cómo la ciudad quedaba cada vez más lejos, tuve la sensación de estar dejando atrás todo lo que había vivido allí.

Adiós, Adrián.

A partir de ese día, Valeria estaba muerta.

***

Unos días después, cuando ya me había acomodado, volví a Lucana para ver qué pasaría.

Mi "funeral" se celebró en la residencia de la familia Romero.

Una música fúnebre resonaba suavemente y todo el lugar estaba en silencio.

Adrián, vestido de negro, permanecía frente a mi retrato sin mostrar ninguna reacción.

Camila también iba de negro y tenía los ojos enrojecidos. Ante todos, parecía una amiga destrozada por mi muerte.

Con lentes oscuros y apartada en un rincón, asistí a mi propio funeral haciéndome pasar por una desconocida.

Era extraño estar allí y verlos a todos despidiéndose de alguien que seguía viva.

Y podía escuchar perfectamente lo que Camila pensaba.

"Por fin se murió esa maldita. Y encima me toca quedarme aquí fingiendo que estoy triste. Qué fastidio."

"En cuanto termine el funeral, voy a hacer que Adrián me pida matrimonio. Por fin voy a ocupar el lugar de Valeria a su lado."

Mientras pensaba aquello, se llevaba el pañuelo a los ojos y fingía secarse las lágrimas.

Sí que sabe actuar.

Aparté la mirada y volví a fijarme en Adrián.

"¿De verdad está muerta?"

"Quizá sea lo mejor. Ahora todos podemos seguir con nuestras vidas."

"Cami y yo por fin podremos estar juntos sin tener que escondernos."

No sentí nada.

Ya estaba cansada de escuchar ese tipo de pensamientos.

De pronto, Adrián perdió el equilibrio y tuvo que afirmarse para no caer. Se llevó una mano a la frente y el rostro se le puso pálido.

Fijó la vista en mi retrato, como si intentara entender qué le estaba pasando.

Entonces empezó a escuchar voces por todas partes.

—Pobre señor Romero. Perder a su esposa siendo tan joven...

"¿A quién quiere engañar con esa cara de viudo enamorado? Todo el mundo sabe que solo tiene ojos para Camila."

—La señorita Ríos ha sido muy atenta. No se ha separado del señor Romero ni un momento.

"¿Atenta? Más bien está esperando su oportunidad. La esposa acaba de morir y ella ya quiere ocupar su lugar."

Adrián escuchaba las palabras amables de los invitados y, al mismo tiempo, lo que realmente pensaban.

Sus ojos se abrieron de golpe.

"Estas voces... ¿son sus pensamientos?"

Miró a su alrededor, todavía sin entender lo que estaba pasando.

En ese momento, el mayordomo se acercó y le entregó mi diario.

—Señor, esto pertenecía a su esposa.

Adrián lo tomó casi por reflejo.

En cuanto sus dedos tocaron la cubierta, empezó a escuchar también mis pensamientos de aquellos años.

"Adrián, te amé durante diez años y nunca llegaste a verme de verdad."

"Decías que yo era manipuladora, pero ¿alguna vez intentaste confiar en mí, aunque fuera un poco?"

"Camila, tu amor de juventud, es dulce y bondadosa. Entonces, ¿qué soy yo? ¿Alguien que solo te estorba?"

"Estoy cansada... tan cansada..."

Una frase tras otra, Adrián siguió escuchando todo lo que yo había callado durante aquellos años.

El color desapareció de su cara. Dio un paso atrás y estuvo a punto de perder el equilibrio.

—Adrián, ¿qué te pasa?

Camila se acercó enseguida para sostenerlo, aparentemente preocupada.

"¿Qué mosca le picó? ¿Todavía está pensando en esa maldita?"

Aquel pensamiento lo dejó completamente aturdido. Adrián se quedó inmóvil.

Apartó la mano de Camila y la miró como si acabara de verla por primera vez. En sus ojos había una mezcla de incredulidad y rechazo.

Le costaba creer que Cami, a quien siempre había considerado dulce y bondadosa, pensara realmente de esa manera.

Entonces miró a su alrededor, cada vez más inquieto.

Al final, como si algo lo guiara, sus ojos se detuvieron en mí entre la multitud.

Yo estaba sentada en un rincón, observándolo en silencio.

Levanté mi copa de champaña y brindé por él desde lejos.

"Adrián, ahora enfréntate a la verdad."

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