INICIAR SESIÓNEl día que cumplí veintiocho años, la empresa de mi padre entró de repente en una grave crisis. Y quien estaba detrás de todo resultó ser Santiago Vega, mi esposo, con quien llevaba diez años de relación. Fui a buscarlo para exigirle una explicación, pero los sorprendí juntos en una situación íntima: Santiago y Daniela Cruz, a quien yo siempre había conocido como su hermanastra. —Dani, sé que no ha sido fácil pasar diez años fingiendo ser mi hermana. En cuanto me haga con la empresa de los Navarro, voy a dejar a Valentina de una vez por todas. —Qué bien, Santi. Por fin nos llegó nuestro momento. Valió la pena que desde la preparatoria te la pasaras detrás de ella, complaciéndola en todo. Fue entonces cuando entendí la verdad. Daniela nunca había sido su hermana. Era su verdadera pareja, y yo no había sido más que el medio que Santiago necesitaba para conseguir lo que quería. Todo lo que habíamos vivido durante esos diez años había sido un engaño. Abrí el diario en el que había escrito nuestra historia durante todos esos años y, desesperada, dejé una última frase: "Santiago, tardé diez años en descubrir quién eres en realidad. Si pudiera volver atrás, no querría conocerte nunca..." Apenas terminé de escribir, apareció una frase nueva en la página. "¿Quién eres? ¿Por qué estás escribiendo en mi diario? Santiago es el chico que me gusta. ¿Qué relación tienes con él?"
Ver másLevanté poco a poco la mirada hacia mis padres y, al verlos allí, sentí una tranquilidad inmensa.***Era un mundo completamente nuevo, la vida con la que tantas veces había soñado, pero que nunca me había atrevido a creer que podría tener.—Gracias, mi otro yo —susurré.Solté un largo suspiro y levanté la mirada hacia la brillante luz de la mañana que entraba por la ventana.Ese día tenía una cita con Gabriel.Salí de casa todavía envuelta en la felicidad de aquella nueva vida. Pero al llegar a la esquina, me detuve en seco.Era Santiago.Estaba allí, como si hubiera perdido todas las fuerzas. Tenía los ojos completamente enrojecidos y el rostro tan demacrado que casi costaba reconocerlo.Me miraba con una expresión casi suplicante, cargada de desesperación.—Valen... —dijo con la garganta seca y la voz ronca.—Por fin... puedo verte.Retrocedí un paso por instinto.—Santiago, ¿qué haces aquí?Los labios le temblaron. Intentó dar un paso hacia mí, pero terminó quedándose inmóvil.—Yo..
Gabriel también aparecía en aquellos recuerdos.Siempre estaba entre el público, mirándome con una expresión firme y una leve sonrisa en los labios.—¿Dónde estoy? —murmuré mientras levantaba poco a poco la cabeza.Frente a mí había un enorme escenario de premiación. El público estaba eufórico, las luces brillaban por todas partes y, en una pantalla gigante, aparecían unas palabras enormes:"Ganadora absoluta del año del Concurso Internacional de Diseño de Joyería: Valentina Navarro."Me quedé paralizada.Un instante después, una integrante del equipo se acercó y me entregó el micrófono.—Señorita Navarro, por favor, diga unas palabras.Me quedé allí, inmóvil, con la mente completamente en blanco.Entre el público había aplausos, gritos y vítores.Llevaba un elegante vestido de alta costura y, en uno de mis dedos, brillaba un anillo que yo misma había diseñado.Esa era la mujer en la que me habría convertido si, años atrás, no hubiera renunciado a mis sueños por amor y hubiera seguido
Gabriel bajó la mirada y guardó silencio durante unos instantes. Había algo difícil de descifrar en sus ojos.—Nunca he dejado de estar pendiente de ti. Durante todos estos años tuve que soportar verte darlo todo por alguien que no lo merecía. Y ahora, viendo todo lo que estás pasando, desearía poder cargar con una parte de todo esto por ti.No respondí. Tenía demasiadas emociones encontradas como para saber qué decir.Gabriel tampoco quiso presionarme para que le diera una respuesta en ese momento.—Come el desayuno. No le des más vueltas por ahora.***Durante esos días, Gabriel se encargó prácticamente de todo.Habló con el hospital y consiguió que me trasladaran a una habitación privada más tranquila y cómoda. También hizo que mi padre recibiera cuidados especiales y se ocupó de organizar todo lo que mi madre necesitaba mientras permanecía allí.Nunca me decía palabras bonitas ni hacía grandes promesas, pero yo podía sentir su cariño en cada una de esas cosas.Santiago, en cambio,
Levanté la mirada. Era Gabriel Torres.Desde niños, siempre había estado pendiente de mí, cuidándome en silencio. Pero desde que me enamoré de Santiago, yo misma me había ido alejando cada vez más de él.Gabriel entró paso a paso y le dirigió a Santiago una mirada dura.—Santiago, veo que ahora te crees muy importante.El rostro de Santiago se tensó y frunció el ceño.—¿Señor Torres? ¿Cómo conoces a Valen...?La sorpresa y la confusión se notaban en su voz.Apreté los labios y sentí una punzada amarga en el pecho.Desde que me había enamorado de Santiago, Gabriel y yo nos habíamos ido distanciando poco a poco. Por eso, Santiago y Daniela ni siquiera sabían que Gabriel y yo nos conocíamos.Gabriel no lo dejó terminar.—¿Qué pensabas? ¿Que Valentina no tenía a nadie y que solo podía depender de un inútil como tú para salir adelante? Te das demasiada importancia, Santiago.El rostro de Santiago se ensombreció.—¿Qué quieres decir?Gabriel avanzó hacia él.—Lo que quiero decir es que, a pa






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