공유

Capítulo 5

작가: Yolanda Beltrán
Escribí con urgencia: "Por favor, mantente firme y no renuncies a lo que quieres. Amar a alguien no significa retenerlo a tu lado ni impedirle avanzar hacia algo mejor. ¿Todavía recuerdas nuestro sueño? Desde niña llevas esforzándote por convertirte en diseñadora de joyas. No tires por la borda todo lo que has hecho por ese sueño solo por él."

Mi yo de dieciocho años respondió: "Sí, tienes razón. Si de verdad amas a alguien, no intentas impedir que la otra persona crezca y siga adelante."

"Pero... todavía quiero pensar un poco más si debo terminar con él."

"Después de todo, todavía no sé si lo que me cuentas es verdad. No quiero renunciar a esta relación por haberlo juzgado mal."

Sentí una punzada en el pecho al leer aquellas palabras.

"Lo entiendo. No pasa nada, Valen. Mientras no cambies el rumbo de tu vida por él, me basta."

Después de un largo silencio, recordé de pronto algo que había ocurrido cuando tenía dieciocho años.

Una vez, Santiago, Daniela y yo habíamos quedado de vernos en un parque. Ellos llegaron antes que yo, y cuando aparecí, los dos se comportaban de una forma extraña. Evitaban mi mirada y hasta hablaban con cierta incomodidad.

Claro.

Ahora que lo pensaba, ahí había algo raro. Debí haberlo notado en aquel momento.

Abrí el diario y escribí de inmediato:

"Dentro de unos días, Santiago y Daniela te van a invitar a caminar por el parque. Cuando yo llegué aquella vez, ellos ya estaban ahí y se comportaban de una manera muy extraña."

"Llega una hora antes. Tal vez así puedas ver algo en lo que nunca te habías fijado."

Unos segundos después, mi yo de dieciocho años respondió: "Está bien. Lo haré."

No dormí en toda la noche. Vi cómo la oscuridad daba paso poco a poco al amanecer y, por primera vez, sentí que las horas avanzaban con una lentitud insoportable.

Seguía perdida en mis pensamientos cuando llamaron a la puerta.

—Valen, ¿estás despierta?

Antes de que pudiera responder, Santiago y Daniela abrieron la puerta y entraron uno al lado del otro.

Santiago apretó los labios y bajó la mirada hacia mí. Su tono tenía un leve rastro de culpa.

—Valen, te traje el desayuno.

Lo dejó a un lado. Su mirada iba de un lado a otro, sin atreverse a sostener la mía.

—Perdóname, Valen. No sabía que estabas embarazada... Pero no te preocupes. Dani y yo ya lo hablamos. No voy a divorciarme de ti. Cuando resolvamos todo esto, podemos tener otro bebé.

Me quedé helada. Sentí un golpe en el pecho y por un momento casi me faltó el aire.

Al ver aquella falsa preocupación en su rostro, nuestros diez años juntos me parecieron más absurdos que nunca.

—¡Santiago! —dije entre dientes—. Arruinaste a mi familia y, por tu culpa, perdí a mi bebé. ¿Con qué cara crees que todavía puedo aceptarte? ¿De verdad esperas que acepte compartir marido con Daniela?

—Valentina, ¿cómo puedes decir algo así? —intervino Daniela con voz suave, aunque los celos se notaban en su mirada.—La que debía estar casada con Santiago desde el principio era yo. Ya estoy cediendo bastante. ¿Y todavía vienes a reprocharnos algo?

Giré la cabeza de golpe y la miré fijamente.

—¿Que tú estás cediendo? —sonrió con desdén mientras las lágrimas seguían cayendo—. Daniela, todo esto empezó por ti. ¿Con qué cara dices que eres tú la que está haciendo concesiones?

Santiago frunció el ceño.

—Valen, no le hables así a Dani...

—¡Cállate!

Las lágrimas cayeron sobre las sábanas. Me temblaba todo el cuerpo.

—Santiago, por tu culpa perdí a mi bebé y ahora vienes a decirme, como si me estuvieras haciendo un favor, que podemos tener otro. ¿Quieres que acepte compartir marido con Daniela? Ni lo sueñes. ¡Quiero divorciarme de ti!

—Ya basta, Valentina. ¿Quién te crees que eres? Ya bastante hago con no divorciarme de ti.

El rostro de Santiago se endureció por completo. Ya no quedaba ni rastro de aquella falsa amabilidad con la que había intentado hablarme unos minutos antes.

Sentí una punzada en el pecho, pero antes de que pudiera responder, una voz masculina, grave y cortante, llegó desde la puerta:

—Los que no tienen vergüenza son ustedes dos.

이 작품을 무료로 읽으실 수 있습니다
QR 코드를 스캔하여 앱을 다운로드하세요

최신 챕터

  • Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió   Capítulo 9

    Levanté poco a poco la mirada hacia mis padres y, al verlos allí, sentí una tranquilidad inmensa.***Era un mundo completamente nuevo, la vida con la que tantas veces había soñado, pero que nunca me había atrevido a creer que podría tener.—Gracias, mi otro yo —susurré.Solté un largo suspiro y levanté la mirada hacia la brillante luz de la mañana que entraba por la ventana.Ese día tenía una cita con Gabriel.Salí de casa todavía envuelta en la felicidad de aquella nueva vida. Pero al llegar a la esquina, me detuve en seco.Era Santiago.Estaba allí, como si hubiera perdido todas las fuerzas. Tenía los ojos completamente enrojecidos y el rostro tan demacrado que casi costaba reconocerlo.Me miraba con una expresión casi suplicante, cargada de desesperación.—Valen... —dijo con la garganta seca y la voz ronca.—Por fin... puedo verte.Retrocedí un paso por instinto.—Santiago, ¿qué haces aquí?Los labios le temblaron. Intentó dar un paso hacia mí, pero terminó quedándose inmóvil.—Yo..

  • Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió   Capítulo 8

    Gabriel también aparecía en aquellos recuerdos.Siempre estaba entre el público, mirándome con una expresión firme y una leve sonrisa en los labios.—¿Dónde estoy? —murmuré mientras levantaba poco a poco la cabeza.Frente a mí había un enorme escenario de premiación. El público estaba eufórico, las luces brillaban por todas partes y, en una pantalla gigante, aparecían unas palabras enormes:"Ganadora absoluta del año del Concurso Internacional de Diseño de Joyería: Valentina Navarro."Me quedé paralizada.Un instante después, una integrante del equipo se acercó y me entregó el micrófono.—Señorita Navarro, por favor, diga unas palabras.Me quedé allí, inmóvil, con la mente completamente en blanco.Entre el público había aplausos, gritos y vítores.Llevaba un elegante vestido de alta costura y, en uno de mis dedos, brillaba un anillo que yo misma había diseñado.Esa era la mujer en la que me habría convertido si, años atrás, no hubiera renunciado a mis sueños por amor y hubiera seguido

  • Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió   Capítulo 7

    Gabriel bajó la mirada y guardó silencio durante unos instantes. Había algo difícil de descifrar en sus ojos.—Nunca he dejado de estar pendiente de ti. Durante todos estos años tuve que soportar verte darlo todo por alguien que no lo merecía. Y ahora, viendo todo lo que estás pasando, desearía poder cargar con una parte de todo esto por ti.No respondí. Tenía demasiadas emociones encontradas como para saber qué decir.Gabriel tampoco quiso presionarme para que le diera una respuesta en ese momento.—Come el desayuno. No le des más vueltas por ahora.***Durante esos días, Gabriel se encargó prácticamente de todo.Habló con el hospital y consiguió que me trasladaran a una habitación privada más tranquila y cómoda. También hizo que mi padre recibiera cuidados especiales y se ocupó de organizar todo lo que mi madre necesitaba mientras permanecía allí.Nunca me decía palabras bonitas ni hacía grandes promesas, pero yo podía sentir su cariño en cada una de esas cosas.Santiago, en cambio,

  • Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió   Capítulo 6

    Levanté la mirada. Era Gabriel Torres.Desde niños, siempre había estado pendiente de mí, cuidándome en silencio. Pero desde que me enamoré de Santiago, yo misma me había ido alejando cada vez más de él.Gabriel entró paso a paso y le dirigió a Santiago una mirada dura.—Santiago, veo que ahora te crees muy importante.El rostro de Santiago se tensó y frunció el ceño.—¿Señor Torres? ¿Cómo conoces a Valen...?La sorpresa y la confusión se notaban en su voz.Apreté los labios y sentí una punzada amarga en el pecho.Desde que me había enamorado de Santiago, Gabriel y yo nos habíamos ido distanciando poco a poco. Por eso, Santiago y Daniela ni siquiera sabían que Gabriel y yo nos conocíamos.Gabriel no lo dejó terminar.—¿Qué pensabas? ¿Que Valentina no tenía a nadie y que solo podía depender de un inútil como tú para salir adelante? Te das demasiada importancia, Santiago.El rostro de Santiago se ensombreció.—¿Qué quieres decir?Gabriel avanzó hacia él.—Lo que quiero decir es que, a pa

  • Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió   Capítulo 5

    Escribí con urgencia: "Por favor, mantente firme y no renuncies a lo que quieres. Amar a alguien no significa retenerlo a tu lado ni impedirle avanzar hacia algo mejor. ¿Todavía recuerdas nuestro sueño? Desde niña llevas esforzándote por convertirte en diseñadora de joyas. No tires por la borda todo lo que has hecho por ese sueño solo por él."Mi yo de dieciocho años respondió: "Sí, tienes razón. Si de verdad amas a alguien, no intentas impedir que la otra persona crezca y siga adelante.""Pero... todavía quiero pensar un poco más si debo terminar con él.""Después de todo, todavía no sé si lo que me cuentas es verdad. No quiero renunciar a esta relación por haberlo juzgado mal."Sentí una punzada en el pecho al leer aquellas palabras."Lo entiendo. No pasa nada, Valen. Mientras no cambies el rumbo de tu vida por él, me basta."Después de un largo silencio, recordé de pronto algo que había ocurrido cuando tenía dieciocho años.Una vez, Santiago, Daniela y yo habíamos quedado de vernos

  • Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió   Capítulo 4

    Una mancha de rojo intenso empezó a extenderse bajo mi falda.—¡Está sangrando! —gritó una empleada.—¡Llamen a una ambulancia! —exclamó Santiago, completamente alarmado, mientras corría hacia mí.El dolor era tan intenso que ya no podía hablar.Antes de perder el conocimiento, me aferré con fuerza a su manga y, reuniendo las pocas fuerzas que me quedaban, lo miré fijamente.—Santiago... Vas a arrepentirte de esto... toda la vida...***Cuando desperté, estaba acostada en una cama de hospital. La luz blanca del techo me mareó y tuve que entrecerrar los ojos.El médico suspiró en voz baja, con el ceño fruncido.—Sufrió un aborto espontáneo. Por suerte llegó a tiempo, pero... no fue posible salvar el embarazo.La mente se me quedó en blanco. Los labios me temblaron.—¿Qué... bebé?El médico me miró y bajó un poco la voz.—Estaba embarazada de poco más de un mes. ¿No lo sabía?Me quedé paralizada. Sentí un golpe en el pecho y, por un instante, me faltó el aire.Así que... estaba embarazad

더보기
좋은 소설을 무료로 찾아 읽어보세요
GoodNovel 앱에서 수많은 인기 소설을 무료로 즐기세요! 마음에 드는 작품을 다운로드하고, 언제 어디서나 편하게 읽을 수 있습니다
앱에서 작품을 무료로 읽어보세요
앱에서 읽으려면 QR 코드를 스캔하세요.
DMCA.com Protection Status