Me encanta que casarse en Italia tenga un toque ceremonial incluso en la parte del papeleo: todo empieza con documentos claros y un poco de paciencia.
Primero hay que decidir si la boda será civil o religiosa con efectos civiles; en ambos casos el primer sitio al que vas es el Comune (ayuntamiento) donde quieres casarte. Allí te pedirán documentos básicos: pasaportes o DNI, actas de nacimiento, y un certificado que pruebe que no hay impedimentos legales para casaros (a menudo llamado «nulla osta» o «certificato di stato libero»). Si uno de los dos estuvo casado antes, habrá que presentar la sentencia de divorcio firme o el certificado de defunción del cónyuge anterior, todo debidamente legalizado.
Para parejas extranjeras, la norma habitual es legalizar los documentos con apostilla o por vía consular y traducirlos al italiano; si el país no aplica la apostilla, el consulado italiano suele indicar el procedimiento (a veces emitiendo un «atto notorio»). Después de entregar papeles, el Comune hace las «pubblicazioni» (avisos públicos) que se exponen por un periodo —normalmente 8 días— y, cumplido eso, se puede fijar la fecha. Al final, dos testigos y el funcionario civil celebran la ceremonia. Me pareció un proceso largo la primera vez, pero con lista y paciencia todo encaja y el resultado es entrañable.