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Capítulo 2

작가: Yolanda Beltrán
La miré sin poder creer lo que acababa de escuchar.

La rabia terminó por desbordarme. Levanté la mano y le di una fuerte bofetada.

—¡Ah!

Daniela soltó un grito, se llevó una mano a la mejilla y cayó sentada al suelo.

El ruido alertó a Santiago. Entró de inmediato y fue directo hacia ella.

—Dani, ¿estás bien? ¿En qué parte te lastimó?

La ayudó a incorporarse y, visiblemente alterado, revisó la marca roja que empezaba a aparecerle en la mejilla. La preocupación en su cara era imposible de ocultar.

Yo permanecí donde estaba, pálida, observando aquella escena absurda.

Por fin lo entendía.

Todo lo que Santiago había hecho por Daniela nunca había sido simple cariño de hermano. Lo que sentía por ella llevaba demasiado tiempo ahí como para seguir ocultándolo.

Una y otra vez me había convencido de que estaba imaginando cosas, de que era demasiado desconfiada.

Ahora todo aquello me parecía ridículo.

—¿Qué demonios te pasa, Valentina? Aunque la empresa de tu padre esté a punto de quebrar, no tienes derecho a desquitarte con Dani. ¿Qué te hizo ella?

Me acerqué a él paso a paso, con la respiración temblorosa.

—Santiago, ¿acaso no fueron tú y Daniela quienes planearon todo para ir vaciando poco a poco la empresa de mi familia?

Algo cambió en su mirada.

Guardó silencio unos segundos antes de responder con frialdad:

—¿Ya lo sabes todo?

No respondí.

Una sonrisa impaciente apareció en sus labios.

—Ya que lo sabes, más te vale entender cómo están las cosas. Mientras hagas lo que te digo, no voy a divorciarme de ti y me aseguraré de que los Navarro no lo pierdan todo.

—Piénsalo bien.

Después de decirlo, tomó a Daniela de la mano y salió con ella de la habitación delante de mí, sin molestarse siquiera en disimular.

La puerta se cerró de golpe.

El sonido me golpeó casi como otra bofetada.

***

Me quedé inmóvil, todavía escuchando en mi cabeza aquellas palabras tan frías.

"Más te vale saber qué te conviene."

"Me aseguraré de que los Navarro no lo pierdan todo."

Eso era lo que Santiago acababa de decirme.

Cinco años de matrimonio y diez años de mi juventud no significaban nada para él.

A los dieciocho años, acababa de obtener la calificación más alta de toda la ciudad en el examen de admisión a la universidad.

Aquel verano hacía un calor intenso y las cigarras no dejaban de sonar. Yo era tan joven que la vida todavía me parecía un sueño en el que nunca había pensado que tuviera que protegerme de nadie.

Fue ese verano cuando Santiago me tomó de la mano por primera vez. Me trataba como si yo fuera la persona más importante de su vida y me dijo con total seguridad:

—Valentina, vayamos juntos a la Universidad Metropolitana de Santa Aurelia. Voy a cuidarte toda la vida.

Le creí.

Por él renuncié a mi cupo en la Universidad Nacional de Santa Aurelia y terminé estudiando a su lado en una universidad poco conocida.

Creí que aquello era amor. Me parecía romántico dejarlo todo para irme con él y pensé que los dos estábamos avanzando hacia el mismo futuro.

Nunca imaginé que, para Santiago, yo solo era el peldaño que necesitaba hacia la fama y el dinero.

Ahora no podía evitar preguntarme cuándo había decidido acercarse a mí.

¿Fue cuando la empresa de mi familia anunció sus planes de expansión?

¿O el día en que mi padre apareció por primera vez en las noticias?

Diez años atrás, ignoré las advertencias de mi familia y de mis amigos y caí de lleno en la trampa de su aparente cariño.

Diez años después, lo había perdido todo. Solo me quedaban el vacío y el arrepentimiento.

Bajé la mirada hacia el diario y pensé en mi yo de dieciocho años, que seguía respondiéndome desde diez años atrás.

Era como estar viendo a la versión de mí misma que todavía no había caído en aquella trampa.

Ella todavía estaba a tiempo.

Volví a abrir el diario, apreté el bolígrafo entre los dedos temblorosos y escribí: "Viví estos diez años dentro de una mentira de principio a fin."

"Daniela, con quien me sentaba en clase y en quien confiaba sin reservas, resultó ser el origen de todo aquello. Nunca fue la hermana de Santiago. Ella era la mujer a la que Santiago realmente amaba."

"Después de nuestra boda, se mudó a nuestra casa como si fuera lo más normal y se instaló en la habitación de al lado. Durante cinco años, ellos tenían un amorío a mis espaldas, bajo mi propio techo."

"Mientras tanto, la empresa de mi familia fue cayendo poco a poco en la trampa que habían preparado. La vaciaron hasta destruir el trabajo de toda la vida de mi padre."

Un momento después, aparecieron nuevas palabras en la página: "¿Cómo pudieron hacer algo así? Es absurdo."

Respondí enseguida: "No tienes que creerme ahora. Puedes esperar a que llegue ese momento y entonces decidir si quieres escucharme."

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