LOGINyo creo que Lina no es tan sosa como pensamos, veamos que secretos esconde
Isabel Mamá y yo nos quedamos abrazadas un largo tiempo, trato de acomodar mis pensamientos, miles de dudas surgen en mi mente. Si mis padres sabían ¿por qué no hicieron algo? Peor aún ¿por qué querían casarla con Leandro? Esto se complica cada vez más, antes de que pueda continuar con mis dudas, papá entra interrumpiendo nuestro momento. —Cariño, ¡qué gusto verte en casa! —se acerca a abrazarme —¿qué sucede? —frunce el ceño al vernos con las caras rojas. —Ya lo sabe amor —responde mamá tragando el nudo en su garganta. —¿Cómo? ¿De qué hablas? —Lo de Rocío y Leandro , papá, y tengo muchas preguntas al respecto —mi voz es baja, pero contundente. —Bien —papá asiente luego de varios segundos en silencio y toma asiento de mi otro lado tomando mi mano. —¿Qué fue exactamente lo que pasó y por qué la querían casar con la persona que más la ha lastimado? —voy directo, quiero respuestas ahora mismo. —Te lo voy a contar tal cual me enteré —toma aire antes de iniciar —creo que tú
Lina —Eres una idiota —me grita como si yo tuviera la culpa —explica ¿cómo demonios pasó? —No lo sé, amor, te juro que tenía todo bajo control, no entiendo en qué momento decidió mandarme al carajo —maldito Leandro. —Estúpido Leandro, nada puede hacer bien —camina hacia mi y toma mi barbilla con fuerza —pon mucha atención Lina, vas a ir a su casa y cueste lo que cueste quiero que te metas en su cama, necesito que lo tengas comiendo de tu mano. —¿Y si no quiere? —afirma su agarre. —Dije, cueste lo que cueste —me suelta con fuerza. Me tropiezo con los tacones y caigo sin poder meter las manos, no creo poder soportar por mucho tiempo. ¿Cómo termine aquí? Mis sueños eran otros, y ahora estoy en medio de dos hombres que no saben ni que quieren. Espero que Arriaga salga de mi departamento, error, se desprende del saco, afloja la corbata y se sienta con las piernas separadas en el sofá largo; junto las piernas para no salir corriendo y montarlo. El maldito puede estar loco, pero es
Isabel Trato de alejarme, Leandro, se percata y toma mi mano con fuerza para mantenerme a su lado, que horrible día, ahora también tengo que aguantar a Lina. Tragame tierra y escúpeme en la Antártida, ¿por qué a mi? —Esto no se va a quedar así, mejor cuida a tu muñequita. —No vengas a amenazarme, no me conoces Lina. —Claro que te conozco, prepárate Leandro, a mi no me dejas como una estúpida —toma su bolsa y sale dando pisotones. —Disculpa por eso —Leandro me abraza y me quedo paralizada —no tenía idea que vendría. —No sé en que esté trabajando tu mente, solo manténme alejada de tus problemas personales. —Yo no tengo nada con Lina —doy un paso atrás cuando intenta sostenerme de la cintura. —Eso no es mi problema, no me incumbe y mucho menos me importa, te lo repito, solo aleja tus problemas de mí. Me giro y me alejo sin darle oportunidad a decir algo más, todo el mundo perdió la cabeza hoy o ¿qué? Que fastidio; subo a la azotea a respirar aire limpio, no puedo creer
Omar De la felicidad absoluta paso al momento más bizarro de todos, tenía años sin ver a Aria, creí que con la orden de alejamiento sería suficiente para no volver a tener que lidiar con ella, la subestime demasiado. —Con permiso —Isa entra con algunas carpetas —Omar, puedes revisar estos contratos, ya se han corregido con tus anotaciones, ya solo falta la última vista para que Leandro los firme. —No le creíste ¿verdad? —no me importa nada más. —Creo lo que veo, y precisamente por eso, te voy a ser muy sincera —toma aire y se sienta frente a mí —esa chica tiene la realidad demasiado alterada, necesita ayuda psiquiátrica o algo, no es normal el acoso de su parte, y puede perjudicarte más de lo que imaginas. Deberías consultarlo con un abogado antes de que sea demasiado tarde; aquí tienes la ventaja del circuito de seguridad, pero no sabes de lo que sea capaz allá afuera. —Se supone que tiene una orden de alejamiento, es más, eso de que se enteró en una reunión suena muy falso,
Isabel La voz de Doris nos regresa al presente, me alejo de Omar acomodando mi blusa, ¿quién es esa mujer? Su nombre me es familiar de algún lado. Sin esperar a que él responda, me dirijo a la puerta y abro para que ambas entren. —Adelante, el señor ya la espera. —¡Omar! —una chica, como de un metro cincuenta, corre y se le cuelga del cuello dejando besos en sus mejillas —te extraño mucho, no puedo creer que por fin te vuelva a ver. —Aria, ¿cómo me encontraste? —Ya sabes, los chicos soltaron algunos datos en la reunión de ex alumnos la semana pasada —hace un ademán restándole importancia a lo que dice, como si fuera cualquier cosa. —Eso no es un motivo válido para que me hayas buscado... —Pero extrañarte si lo es —lo interrumpe pegando su pequeñísimo cuerpecito de chango al suyo. —Aria, no puedes llegar al trabajo de nadie y tener esta actitud —Omar, la aparta con ceño fruncido. —No puedes tratarme así —gira a vernos a Doris h a mi con cara de cero amigos —saca a est
Javier Maldito Leandro, es imposible que alguien como él, con sus malditos gustos haya cambiado de la nada; muy pronto vamos a descubrir si realmente quiere a esa muñequita o simplemente es una pieza de colección. Cualquiera que sea la respuesta, no voy a descansar hasta que esa pieza sea mía; es una lastima que Leandro la quiera solo para él; de una u otra forma lo voy a obligar a entregarla. Por el momento bajaré la intensidad. Ya estás en la mira Isabel, nadie, ni siquiera tu esposito te salvará de ser mía; bien dicen que lo prohibido es lo más delicioso, y tú, eres extremadamente prohibida. —Investiga todo lo relacionado con Isabel Camarena, donde nació, que le gusta, que le desagrada, sus actividades diarias, rutinas, todo, quiero saber hasta la marca del jabón con el que se baña. —Enseguida señor, ¿algo más? —pregunta mi asistente. —Sí, consigue un lugar, apartado de la ciudad, lejos del bullicio, donde nadie pueda escuchar sus gritos, donde solo estemos nosotros —est







