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Capitulo 127: Los Recuerdos

last update Veröffentlichungsdatum: 17.09.2026 23:08:16

Alejandro permaneció en el interior del auto durante unos minutos más, observando cómo la figura de Victoria se desplazaba con absoluta elegancia entre las mesas del restaurante. Cada movimiento suyo transmitía una serenidad que a él se le había escapado entre los dedos muchos años atrás. A través del amplio ventanal de cristal, podía ver la calidez de aquel ambiente: la luz tenue de las lámparas, las copas de cristal brindando en cada rincón y la perfecta armonía de un negocio que no solo era
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  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 144: ¿Es Hija De Victoria?

    El sol del mediodía iluminaba los jardines de la universidad. Tras un par de clases pesadas, Ana Victoria caminaba hacia las bancas cercanas a la biblioteca cuando escuchó que alguien la llamaba. Al girar la cabeza, vio a Diego acercarse con dos vasos de café y unas galletas en las manos. —Te prometí que te buscaba hoy —dijo Diego con una sonrisa cálida, entregándole uno de los vasos—. Supuse que necesitabas café para aguantar la tarde. —Eres un salvavidas —sonrió ella, tomando la taza y respirando el olor caliente del café—. No pude dormir mucho anoche desempacando y poniéndome al día con los trabajos que debía. Ambos se sentaron juntos en la banca de madera. El aire fresco de Nueva York corría suavemente, pero entre ellos se sentía una calidez muy distinta a la de sus primeros días. —¿Cómo sigue tu papá hoy? —preguntó Diego con sincero interés, mirándola de frente. —Hablé con mi mamá temprano —contó Ana Victoria, mirando hacia el jardín—. Dijo que durmió bien y que los doc

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    El avión de Ana Victoria aterrizó en Nueva York casi a la medianoche. Tras recoger su maleta, caminó hacia la salida de la terminal con el cansancio reflejado en el rostro, pero con la mente mucho más tranquila tras dejar a su padre en buenas manos. Al cruzar las puertas de la sala de espera, lo vio. Diego estaba apoyado cerca de una columna, con las manos en los bolsillos de su chamarra. En cuanto cruzó la mirada con ella, una sonrisa se le dibujó en el rostro y caminó rápido a su encuentro. —Llegaste —dijo Diego al detenerse frente a ella. —Te dije que no era necesario que vinieras tan tarde, Diego —respondió Ana Victoria, aunque no pudo ocultar la alegría de verlo. —Soy muy terco, deberás aprender a conocerme —sonrió él, tomándole la maleta con naturalidad—. ¿Cómo estuvo el viaje? —Tranquilo. Me vine más aliviada porque mi papá reaccionó muy bien al primer ciclo del tratamiento. Diego la miró fijamente. Notó que se veía agotada, pero la angustia que tenía días atrás hab

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    A la mañana siguiente, la luz del sol entraba por las ventanas del departamento en Nueva York. Diego estaba sentado en la cocina con una taza de café en la mano, pensativo y con ojeras. Alejandro salió de su habitación listo para ir a trabajar. Al ver a su hijo tan cansado, sirvió un poco de café y se le acercó. —Buenos días —dijo Alejandro—. Te ves muy cansado, Diego. ¿No pudiste dormir? —La verdad no, papá —contestó Diego—. Me quedé pensando en muchas cosas. Alejandro lo miró en silencio unos segundos, recordando lo que habían hablado antes. —¿Hablaste con la muchacha? —preguntó de manera tranquila. Diego levantó la mirada, un poco apenado. —Sí... Le conseguí el número con un compañero de la escuela y la llamé anoche para saber cómo estaba —admitió Diego—. Su papá está asustado por la enfermedad, pero al menos aceptó empezar el tratamiento. Alejandro asintió despacio. Ver a su hijo tan cambiado por esa joven le daba mucha curiosidad. —Diego, jamás te había visto bu

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 141: El Dolor De Ana Victoria

    Las puertas de la habitación del hospital se abrieron suavemente. Ana Victoria se detuvo un segundo en el umbral, conteniendo el aliento. Al ver a su padre recostado contra las almohadas, cansado, pálido y con la mirada fija en el vacío de la ventana, el corazón se le oprimió con una fuerza destructiva. Fernando escuchó los pasos y volvió la cara despacio. Al reconocer a su hija, la sorpresa le borró por un instante la mueca de amargura que llevaba horas dibujada en el rostro. —¿Ana Victoria...? —murmuró él con la voz quebrada—. ¿Qué... qué haces aquí, mi vida? La joven no respondió con palabras. Cruzó la habitación a paso firme, dejando caer su bolso al suelo, y se lanzó hacia la cama para envolver a su padre en un abrazo firme, lleno de un amor desesperado. Se aferró a sus hombros cuidando de no lastimarlo, dejando que un par de lágrimas silenciosas humedecieran la bata del hospital. Fernando se congeló unos segundos antes de corresponder el abrazo, apretando los ojos con pe

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 140: ¿Nuevamente El Destino?

    Sin dudarlo un solo segundo, Diego ayudó a Ana Victoria a ponerse de pie y la tomó con firmeza del brazo mientras ella intentaba calmar el temblor de su cuerpo. —No vas a poder manejar esto sola en el estado en que estás —le dijo Diego con tono decidido pero protector—. Vamos por tus cosas a tu departamento o a donde tengas que ir, y te llevo de inmediato al aeropuerto. —Diego... no tienes por qué hacer esto, apenas nos conocemos —alcanzó a articular ella, secándose las lágrimas con la manga del abrigo mientras intentaba recuperar el aliento. —Olvídate de eso ahora mismo. Si fuera mi padre, querría estar en el primer avión —respondió él, llevándola a paso firme hacia el estacionamiento—. Camina, no hay tiempo que perder. Diego la subió al auto y condujo a través del caótico tráfico de Nueva York. Durante el trayecto hacia el aeropuerto JFK, se encargó de revisar desde su teléfono los itinerarios de vuelo hasta encontrar uno con salida inmediata hacia Los Ángeles. Ana Victoria,

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 139: Aquí Estoy Junto A Ti

    En Los Ángeles, la tensión acumulada tras la reacción de Fernando había dejado a la familia al borde del colapso. Fernandito caminaba de un lado a otro por la cafetería del hospital, sosteniendo un vaso de café helado que ni siquiera había probado. La imagen de su padre gritando de rabia y la palidez de su madre llorando en el pasillo lo tenían completamente abrumado. En ese momento, su teléfono celular comenzó a sonar. Al ver el nombre de Ana Victoria en la pantalla, sintió que un frío intenso le recorría la columna. Respiró hondo tres veces, tratando de articular la voz para no sonar alterado, y presionó el botón de contestar. —¿Hola, hermanita? —saludó Fernandito, intentando fingir normalidad. —Fernandito, por fin contestas —dijo Ana Victoria desde el campus de Nueva York, mientras caminaba despacio tras haberse despedido de Diego—. Hablé con mamá hace un rato, pero no me dejó tranquila. Dime la verdad, ¿cómo está mi papá? Sé que algo pasa, no me lo niegues a mí también. —Ana V

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