Share

Capítulo 3

Author: Melissa
last update publish date: 2026-01-07 12:08:57

El arte de insultar al jefe

El edificio de Blackwood Enterprises se erigía como una torre de cristal frío que parecía tocar las nubes. Para Elena, sin embargo, era una jaula de oro donde el aire acondicionado siempre parecía estar demasiado bajo. Caminó por el vestíbulo intentando ignorar las miradas de las recepcionistas delgadas y perfectamente maquilladas. Se sentía como una mancha de tinta en un lienzo en blanco; su blusa blanca, aunque impecable, le apretaba un poco en los brazos, y cada paso que daba era un recordatorio de la promesa que se había hecho: ahorrar lo suficiente esa semana para desaparecer.

Se sentó en su cubículo del departamento de archivos. Tenía una montaña de facturas por procesar, pero su mente era un caos. Las palabras de sus padres sobre el señor Gutiérrez y la cita en la clínica de aborto revoloteaban en su cabeza como moscas persistentes.

"¿Realmente puedo hacerlo?", se preguntó, mirando fijamente la pantalla del ordenador. "Si me voy a otra ciudad, ¿quién me dará trabajo estando embarazada? ¿Y si Matías tiene razón y nadie más me mira?"

Sintió que la ansiedad le oprimía el pecho. Necesitaba un escape, una grieta por donde huir de su propia realidad. Casi sin pensarlo, sacó su teléfono y abrió la aplicación de citas. Ahí estaba el mensaje de anoche de Alex.

Alex: "El mundo suele ser ciego ante lo que realmente importa. Pero dime, ¿quién decidió eso por ti hoy?"

Elena suspiró. Sus dedos volaron sobre el teclado, impulsados por una honestidad brutal que nunca usaría en la vida real.

Elena: "Mi ex, mis padres y, para completar el cuadro, mi jefe. Estoy rodeada de personas que piensan que mi valor se mide en kilos y que mi vida es un inconveniente."

En el último piso del edificio, en una oficina que ocupaba toda la planta, Alexander Blackwood se recostó en su silla de cuero italiano. Sus ojos grises estaban cansados de revisar contratos multimillonarios. Por pura curiosidad, y quizás buscando una distracción del vacío que le producía su vida perfecta y solitaria, abrió la aplicación.

Vio el mensaje de "Luz" (el seudónimo de Elena). Arqueó una ceja.

Alex: "¿Tu jefe también? Eso suena a una historia interesante. ¿Qué clase de tirano es?"

Elena: "El peor de todos. Alexander Blackwood. Es como un iceberg con traje de tres piezas. Pasa por los pasillos sin mirar a nadie, como si respirar el mismo aire que nosotros fuera un insulto para sus pulmones. Es frío, arrogante y probablemente no tiene sangre en las venas, sino nitrógeno líquido."

Alexander se quedó congelado. Una chispa de diversión, algo que no sentía en meses, se encendió en su mirada. Se inclinó hacia su computadora personal y, con un par de comandos rápidos en el sistema interno de seguridad de la red Wi-Fi de la empresa, localizó el origen del chat.

"Piso 4. Departamento de Archivos. Terminal 402. Elena De la Vega".

Alexander recordó el rostro de Elena. La veía a veces en las reuniones de personal o cuando llevaba documentos a la oficina principal. Sabía que sus empleados la llamaban "la gordita de archivos" a sus espaldas, pero él siempre se había fijado en algo que los demás ignoraban: sus ojos. Tenían una profundidad inteligente y melancólica.

Miró de nuevo el teléfono. Ella lo estaba insultando, y extrañamente, no sentía rabia. Se sentía fascinado por su agudeza.

Alex: "Vaya, parece que Blackwood no es tu persona favorita. Pero dime, si es tan malo, ¿por qué sigues ahí?"

Elena: "Porque necesito el dinero para mi 'plan de escape'. Quiero encontrar a alguien, un desconocido, o simplemente un golpe de suerte que me saque de aquí. Quiero irme lejos, a una ciudad donde nadie me llame 'la gorda abandonada'. Me han pasado tantas cosas en las últimas 48 horas que siento que mi vida es un guion de una película de terror barata."

Alexander sintió un nudo extraño en el pecho. La gorda abandonada. Las palabras destilaban un dolor que él conocía bien, el dolor de no encajar en las expectativas de los demás.

Alex: "A veces el escape no es hacia otra ciudad, sino hacia una vida diferente. ¿Qué pasó, Luz? Si necesitas desahogarte, soy un extraño muy bueno escuchando."

Elena, al otro lado, sintió una calidez inesperada. Ese tal Alex parecía entenderla mejor que nadie. Ignoró el montón de papeles y se sumergió en la conversación.

Elena: "Me dejó el hombre que decía amarme. Me humilló por mi peso frente a todo el mundo y se largó en cuanto supo que estoy embarazada. Y mis padres... bueno, ellos quieren venderme a un viejo de sesenta años para tapar la vergüenza. Así que aquí estoy, en mi cubículo, insultando a mi jefe millonario mientras planeo cómo desaparecer del mapa antes de que me obliguen a casarme o a algo peor."

Alexander leyó el mensaje tres veces. El cinismo de sus pensamientos habituales se desvaneció, reemplazado por una compasión que lo tomó por sorpresa. No era solo lástima; era una intriga genuina. Elena tenía una voz sarcástica, divertida y una vulnerabilidad que lo desarmaba. Mientras todos en la empresa intentaban impresionarlo con falsas sonrisas y perfección técnica, esta mujer, a la que todos ignoraban, lo describía como un "iceberg" con una honestidad refrescante.

"Está embarazada y sola", pensó Alexander, mirando hacia la ventana. "Y sus padres son unos monstruos".

De repente, la imagen de Elena que tenía en su cabeza cambió. Ya no era solo una empleada de archivos. Era una mujer valiente que, a pesar de tener el mundo en contra, todavía tenía el fuego suficiente para burlarse de él en una app.

Alex: "Tu jefe es un idiota si no se da cuenta de la mujer que tiene trabajando en el cuarto piso. No huyas todavía, Luz. A veces, las personas que parecen icebergs solo están esperando que alguien tenga el ingenio suficiente para derretirlos."

Elena sonrió frente a la pantalla, una sonrisa real que iluminó su rostro cansado.

Elena: "Dudo que alguien pueda derretir a Blackwood. Ese hombre solo ama sus balances de fin de año. Pero gracias, Alex. Hablar contigo es lo único bueno que me ha pasado hoy."

Alexander dejó el teléfono sobre su escritorio de caoba. Se puso de pie y se ajustó el abrigo de lana de cachemira. Tenía una reunión general en diez minutos y, por primera vez, estaba ansioso por asistir. Quería ver a Elena. No para despedirla por sus insultos, sino para ver de cerca a esa mujer que, sin saberlo, acababa de despertar algo en su frío corazón de CEO.

—Elena De la Vega... —susurró para sí mismo, con una sonrisa de medio lado—. Vamos a ver qué tan divertida eres en persona.

Tomó su carpeta de cuero y salió de su oficina, dejando atrás al hombre aburrido que era minutos antes. El juego de identidades acababa de comenzar, y Alexander ya no estaba dispuesto a dejar que Elena escapara a ninguna otra ciudad. No si él podía evitarlo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 259

    Espinas entre las sombrasEl silencio tenso que se apoderó del consultorio tras la interrupción era sofocante. Taylor Brown permanecía bajo el umbral de la puerta, sosteniendo entre las manos un deslumbrante y voluminoso ramo de orquídeas exóticas y rosas blancas, cuidadosamente envuelto en papel de seda con sellos dorados. Sus ojos pasaron de la flor destrozada por la sorpresa a la figura del oficial Carlos, y finalmente se posaron en Julieta, cuyos labios aún guardaban el leve rubor del beso interrumpido.Carlos alzó la cabeza y observó con detenimiento el impresionante arreglo floral que Taylor llevaba consigo. El contraste entre la elegancia costosa de aquel ramo y el humilde girasol que él le había obsequiado horas antes y que descansaba en el florero sobre el escritorio, golpeó el orgullo del oficial con un peso sordo. El lujo que rodeaba a hombres como Taylor Brown era una realidad contra la que una simple placa de policía difícilmente podía competir en apariencia.Un suspiro p

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 258

    Las sombras del acechoEl olor a humedad y a tabaco rancio impregnaba el ambiente en aquel piso franco ubicado en las afueras de la ciudad, alejado del pulso nocturno y del radar de la policía. En el interior de la sala, iluminada únicamente por una lámpara de luz amarilla que parpadeaba débilmente, Matías permanecía de pie frente a un amplio ventanal con las persianas entreabiertas, contemplando la oscuridad de la calle.En el centro del salón, recostada sobre un sofá de cuero desgastado, una mujer de cabellera cobriza y mirada fría encendía un cigarrillo. Se llamaba Sonia. No era solo su amante, sino su aliada más fiel, la única persona que había permanecido a su lado tras su caída y la posterior persecución ordenada por los Blackwood.El sonido seco de unos golpecitos en la puerta de madera rompió la tensión del lugar. Matías no se inmutó; solo hizo un gesto sutil con la cabeza. Brenda, con la agilidad de una pantera, deslizó la mano bajo la almohada del sofá, rozando la empuñadura

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capitulo 257

    En la penumbra de la verdadEl reloj del vestíbulo daba las nueve de la noche cuando los faros del automóvil iluminaron los ventanales de la mansión Blackwood. Elena cruzó el umbral en medio de un silencio sepulcral. Se despojó de la gabardina con movimientos pausados, exhausta tras la tormenta emocional vivida en casa de sus padres y el peso constante del distanciamiento con su esposo.Subió la escalinata a pasos lentos, como quien avanza hacia un veredicto inevitable. Al llegar a la puerta del dormitorio principal, dudó un instante antes de girar el pomo plateado.La habitación estaba en penumbra, iluminada únicamente por la luz ámbar de la chimenea encendida. Junto al fuego, de pie y con una copa de whisky intacta entre los dedos, Alexander la esperaba. Había dejado a un lado el saco de vestir y traía los primeros botones de la camisa desabrochados.Al escuchar la puerta, se giró despacio. Sus ojos oscuros, cargados de una mezcla de cansancio, culpa y zozobra, se clavaron en ella.

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 256

    Encuentros inoportunos y confesionesLa penumbra de la noche comenzaba a posarse sobre los ventanales de la clínica privada. En el silencio de su consultorio, Julieta permanecía sentada tras su escritorio de madera clara, iluminada únicamente por la luz tibia de su lámpara de mesa. Con una pluma en la mano, revisaba minuciosamente los expedientes médicos de sus últimos pacientes de la jornada, aunque su mente se distrayera a ratos volviendo hacia los tumultuosos acontecimientos en la mansión Blackwood.Alzar la vista y fijarse en el reloj de pared —cuyas agujas marcaban casi las siete de la noche— le hizo soltar una leve mueca de preocupación.«No he llamado a Alexander en todo el día para saber cómo salió el operativo en el centro comercial», pensó para sí misma.Dejó la pluma a un lado, tomó su teléfono móvil de la mesa y marcó el número de su primo. El tono de llamada sonó apenas una vez; al segundo repique, la voz grave de Alexander resonó a través del altavoz.—¿Aló?—Hola, primo

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 255

    Lazos de sangre y heridas del almaEl rugido del motor de la camioneta rompió la calma que reinaba en la entrada principal de la mansión Blackwood. Alexander, que se encontraba en la explanada del jardín supervisando a sus dos pequeños hijos, Max y Emiliano, mientras corrían tras una pelota sobre el césped recién cortado, detuvo sus pasos de inmediato. Al ver detenerse el auto y notar que solo descendía su madre, un fruncimiento severo se marcó en su frente.Acomodó el cuello de su saco y caminó con paso firme hacia el pórtico de la residencia.Victoria bajó del vehículo ajustándose el abrigo. Al alzar la vista y encontrarse con la figura rígida de su hijo, contuvo un suspiro de resignación y avanzó a su encuentro.—Hola, hijo —saludó Victoria con tono neutro.—Mamá... ¿Y Elena? —preguntó Alexander de inmediato, mirando hacia el interior del automóvil con evidente impaciencia—. ¿Dónde está?Victoria lo contempló durante un breve instante, evaluando la tensión que emanaba de la postura

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 254

    Sombras en el centro comercialEl sol matutino apenas filtraba sus primeros rayos a través de los amplios ventanales de la mansión cuando Elena abrió los ojos. Extendió la mano por inercia hacia el lado izquierdo de la cama, buscando el calor de su esposo, pero solo encontró las sábanas frías y desiertas. El hueco en la almohada confirmaba que Alexander llevaba horas fuera del dormitorio.Elena se incorporó despacio, sintiendo aún el peso de la humillación de la noche anterior oprimirle el pecho. Se envolvió en su bata de seda esmeralda y abandonó la habitación a pasos silenciosos. Al descender por la gran escalinata de mármol, las voces infantiles y el murmullo suave de los cubiertos la guiaron hacia el comedor principal.Al cruzar el umbral, encontró la mesa servida. Arturo y Victoria acompañaban a los niños, quienes desayunaban entre pequeñas risas.—¡Buenos días, mami! —exclamaron las pequeñas voces al unísono al verla entrar.—Buenos días, mis amores —respondió Elena con una sonr

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status