LOGINRosalie apenas durmió esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba a Evan de pie en su oficina, mirándola como si fuera una extraña. Era difícil conciliar al hombre frío que había ordenado a seguridad que la sacara con el esposo que solía prepararle el desayuno y soportar con paciencia sus quejas.
Pero Evan no era la única persona en su mente. La grabación de Vivienne había planteado preguntas que ya no podía ignorar.
Al principio, había creído que era una prueba de que Evan intentaba apoderarse de la casa de moda Laurent. Ahora se preguntaba si Vivienne sabía más de lo que admitía. ¿La había animado deliberadamente a desconfiar de su esposo? ¿Había conocido la identidad de él antes de que Rosalie la descubriera?
Necesitaba respuestas, pero no iba a acusar a Vivienne sin pruebas. Se reuniría con ella, le haría las preguntas adecuadas y prestaría atención a sus reacciones.
Antes de prepararse para el día, Rosalie tomó su teléfono y llamó a Linda para hablar de la situación de su casa de moda.
Se llevó el teléfono al oído y la llamada se conectó al primer timbre.
—Buenos días, señora —respondió su asistente.
—¿Alguna novedad sobre el comprador y nuestro proveedor?
—El comprador ha pospuesto el pedido. No lo ha cancelado, pero está revisando sus planes de compra y no nos ha dado una nueva fecha.
Rosalie frunció el ceño.
—¿Explicó por qué?
—La verdad es que no. He intentado comunicarme con su gerente de compras, pero no ha proporcionado más información.
—¿Y el proveedor?
—Exigen el pago antes de liberar el siguiente lote de materiales. Ya no están dispuestos a ampliarnos el crédito.
Rosalie se sentó al borde de la cama. La empresa no podía permitirse otro revés. Tenían pedidos que cumplir, empleados a quienes pagar y clientes que esperaban sus productos.
—Averigua de inmediato cuánto necesitan. Diles que podemos hacer un pago parcial y saldar el resto dentro del plazo acordado. Recuérdales que hemos mantenido una buena relación comercial durante años.
—Los contactaré de nuevo.
—Por favor. Necesitamos esos materiales, Linda.
Terminó la llamada después de darle a Linda algunas instrucciones, y luego se levantó y se vistió.
Cuando terminó, tomó su bolso y bajó las escaleras.
Al llegar, se encontró con Bryan en la sala, desplazándose por su teléfono. Cuando oyó el sonido de los tacones de ella, levantó la vista.
—Buenos días, Rosie —dijo con encanto.
Rosalie asintió levemente.
—Buenos días —dijo sin detenerse siquiera ni dedicarle una mirada para reconocer el saludo; simplemente se dirigió hacia el comedor.
—Rosalie, tenemos que hablar de ayer —dijo él, siguiéndola.
—Ahora no, Bryan —agitó la mano con desdén—. Tengo mucho de qué ocuparme.
Él frunció el ceño.
—Casi no me has hablado desde que salimos del Imperio Blackthorne. No entiendo qué está pasando.
Ella se volvió hacia él y le dirigió una mirada inexpresiva.
—Escucha, estoy tratando de ordenar mi vida y mi empresa. No tengo energía para otra discusión.
—No intento discutir —dijo él—. Estoy preocupado por ti.
—Lo sé —negó con la cabeza, tomó un sándwich que Bryan supuestamente había preparado porque Evan ya no estaba allí para hacerlo y lo metió en su bolso—. Necesito espacio.
Bryan parecía insatisfecho, pero Rosalie cerró la cremallera de su bolso y se dirigió a la puerta.
—¿A dónde vas?
—No es asunto tuyo.
Él quedó desconcertado por un momento y luego frunció el ceño.
—¡Solo hice una pregunta!
—Entonces aprende a meterte en tus asuntos —dijo ella, y salió por las puertas dobles, cerrándolas tras de sí con un fuerte golpe.
Bryan se sobresaltó ante el ruido y luego se quedó mirando las puertas por las que ella acababa de salir, apretando los dientes con tanta fuerza que el músculo de su mandíbula se crispó. Después de lo que había pasado con Evan el día anterior, había esperado que ella estuviera alterada y que luego terminara acudiendo a él llorando. Nunca esperó que lo excluyera por completo.
Rosalie llegó a la cafetería Coffees and Drips, la misma a la que le había escrito a Vivienne para que se reunieran de camino hacia allí.
Bajó del coche y entró en la cafetería, y Vivienne ya estaba sentada al fondo del local.
Cuando Rosalie se acercó, Vivienne la saludó con calidez y la invitó a sentarse.
—Entonces, ¿cómo te fue ayer en la reunión? —preguntó Vivienne, con una sonrisa falsa pegada en el rostro—. ¿Por fin conociste al presidente del Imperio Blackthorne?
Rosalie asintió.
—Mmm, sí.
—¿Y? —Vivienne ladeó la cabeza, con la voz cargada de chisme—. ¿Qué pasó?
Rosalie la miró, intentando calmar la rabia que se había asentado detrás de su pecho.
—El presidente era Evan.
Vivienne la miró con los ojos muy abiertos.
—¿Qué?
—Evan Thorne. Mi exesposo es el presidente del Imperio Blackthorne.
—Espera, Rosie… ¿hablas en serio? —preguntó Vivienne, visiblemente sorprendida—. ¿El mismo Evan con el que estabas casada?
—Sí —respondió Rosalie con voz plana.
Vivienne se recostó, esforzándose por ocultar su asombro.
—Sinceramente, no sé qué decir. Nunca imaginé que fuera TAN rico.
Rosalie entrecerró los ojos, estudiando a Vivienne.
—¿No lo sabías?
—¡Claro que no! —Vivienne se encogió de hombros—. ¡Demonios, si lo hubiera sabido, no te habría ocultado algo así! ¡Es un pez gordo! —exclamó de nuevo, aún intentando asimilar lo que Rosalie acababa de decir.
Rosalie bajó brevemente la mirada.
—Lo sé.
Vivienne le tomó la mano.
—Rosalie, entiendo que estés en shock, pero no deberías desquitar tu frustración conmigo.
—No lo hago —Rosalie negó con la cabeza—. Solo quiero entender algo.
—Adelante.
—Esa grabación que me mostraste. Dijiste que Evan podría estar intentando apoderarse de mi empresa. Pero ¿lo oíste realmente decir que iba a apoderarse de la casa de moda Laurent?
La expresión de Vivienne se tensó.
—Tú misma escuchaste lo que dijo. Estaba hablando de tu empresa.
—Hablar de la empresa y tratar de apoderarse de ella son dos cosas distintas, Vivienne.
—Solo estaba preocupada por lo que él pudiera estar haciendo en tu contra —se defendió Vivienne—. No era una prueba definitiva, solo quería que supieras lo que descubrí.
—Te estás contradiciendo… —Rosalie alzó una ceja, dirigiéndole una mirada a Vivienne—. ¿Por qué estabas tan segura de que yo necesitaba dejarlo?
Vivienne suspiró.
—Porque eras infeliz, Rosalie. Me dijiste repetidamente que tu matrimonio no funcionaba. Te quejabas de la falta de ambición de él y de lo poco que aportaba a tu vida. Intentaba ayudarte a ver que merecías algo mejor.
—Yo tomé mi propia decisión de firmar esos papeles. Lo sé. Pero tú seguías empujándome a desconfiar de él, incluso cuando yo no estaba segura de qué creer.
—¡Porque pensaba que él te estaba haciendo daño! ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Verte permanecer en un matrimonio que te hacía miserable?
Rosalie le sostuvo la mirada.
—¿Sabías quién era él cuando me mostraste la grabación?
Los ojos de Vivienne se abrieron de par en par.
—No. Te lo juro que no. Si hubiera sabido que era el presidente del Imperio Blackthorne, te lo habría dicho.
—¿Por qué?
—Porque eres mi amiga, Rosalie. No te ocultaría deliberadamente algo tan importante.
Rosalie apartó la mirada. La sorpresa de Vivienne había parecido genuina, y sus explicaciones eran razonables. Aun así, Rosalie no podía olvidar con qué frecuencia la había animado a ponerse en contra de Evan ni con qué rapidez había apoyado el regreso de Bryan a su vida.
—¿Estás diciendo que solo querías protegerme? —preguntó Rosalie.
—Sí. Pensaba que estabas cometiendo un error al quedarte con él. No sabía que él te ocultaba toda una identidad.
Rosalie guardó silencio. No estaba lista para aceptar del todo la explicación de Vivienne, pero tampoco tenía pruebas para demostrar lo contrario.
—Necesito tiempo para pensar —dijo, tomando su bolso.
Vivienne parecía decepcionada.
—Por favor, no dejes que lo que pasó con Evan te haga dudar de todos los que te rodean.
—No estoy haciendo eso. Simplemente intento entender lo que pasó —salió a grandes zancadas de la cafetería sin mirar atrás ni una sola vez.
Cuando se fue, Vivienne se recostó en su silla y dio un sorbo a su café, con una sonrisa triunfante y satisfecha jugando en sus labios.
—Ahora veremos quién se queda con el hombre.
Rosalie apenas durmió esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba a Evan de pie en su oficina, mirándola como si fuera una extraña. Era difícil conciliar al hombre frío que había ordenado a seguridad que la sacara con el esposo que solía prepararle el desayuno y soportar con paciencia sus quejas.Pero Evan no era la única persona en su mente. La grabación de Vivienne había planteado preguntas que ya no podía ignorar.Al principio, había creído que era una prueba de que Evan intentaba apoderarse de la casa de moda Laurent. Ahora se preguntaba si Vivienne sabía más de lo que admitía. ¿La había animado deliberadamente a desconfiar de su esposo? ¿Había conocido la identidad de él antes de que Rosalie la descubrie
Bryan se quedó paralizado, con la boca ligeramente abierta, mirando a Evander Blackthorne junto a la ventana. La arrogancia que había llevado a la oficina había desaparecido. Sus ojos fueron de Evander al logotipo del Imperio Blackthorne grabado en relieve en la pared y regresaron al hombre del que tanto se había burlado. Se esforzó por darle sentido a lo que veía.—Evander —logró decir por fin Bryan, con la voz quebrándosele—. ¿Qué… qué es esto? ¿Qué haces aquí?Evander no lo miró ni reconoció siquiera la presencia de Rosalie. Simplemente se ajustó los puños de la camisa, manteniendo la mirada en el horizonte de la ciudad al otro lado del cristal.—No recuerdo
Rosalie miró fijamente a Evander, con los ojos muy abiertos y el nombre muriéndosele en los labios.—Evander…—Es evidente que usted no ha venido por negocios —la interrumpió él antes de que pudiera decir otra palabra. Su voz estaba despojada de toda calidez, una hoja de puro hielo—. Y no aprecio el comportamiento poco profesional en mi oficina. Tengo trabajo que hacer, y no voy a pasar el resto de la mañana discutiendo un matrimonio que ya terminó.Rosalie se quedó inmóvil, con la respiración entrecortada. Había esperado ira. Había esperado gritos, quizás incluso acusaciones. Nunca había imaginado que él la miraría como si fuera una visitante indeseada que dejaba huellas de lodo sobre sus impecables suelos.Dio un paso vacilante y tembloroso hacia el escritorio de él.—Por favor, solo mírame.Él no se movió. Su mirada permaneció fija en los documentos que tenía delante.—Evander, sé que estás herido. Sé que tienes todas las razones para estar enojado conmigo, pero por favor no me exc
—Señorita Laurent, el presidente está listo para recibirla.Rosalie respiró hondo en silencio y se arregló la chaqueta antes de ponerse de pie. Había pasado los últimos minutos esperando en el salón de recepción, tratando de calmar la inquietud que se le había instalado en el estómago desde que llegó al Imperio Blackthorne. La condición inusual de esta reunión todavía la perturbaba, pero la casa de moda Laurent se estaba quedando sin opciones, y no podía permitir que su incomodidad personal se interpusiera en una posible oportunidad de negocio.—Hemos llegado, señorita Laurent.La mujer se detuvo frente a unas imponentes puertas dobles y abrió una de ellas.Rosalie asintió en señal de agradecimiento antes de entrar.Lo primero que notó fue la vista impresionante más allá de los ventanales que iban del suelo al techo. La ciudad se extendía bajo la oficina, con sus edificios pareciendo casi insignificantes desde semejante altura. La sala era espaciosa y estaba amueblada con buen gusto,
Durante las últimas tres horas, Rosalie no había podido concentrarse en nada que no fuera la reunión. La casa de moda Laurent se estaba quedando sin opciones, y el Imperio Blackthorne seguía siendo su mejor oportunidad de conseguir el apoyo que necesitaba desesperadamente. Había esperado que la reunión fuera difícil, pero estaba preparada para enfrentar cualquier pregunta que el presidente pudiera hacer sobre su empresa.Lo que no había esperado era la expresión de Linda cuando cruzó la puerta.—¿Pasa algo? —preguntó Rosalie, levantando la vista de los documentos esparcidos sobre su escritorio.Linda dudó antes de acercarse.—He recibido una respuesta de la oficina del presidente del Imperio Blackthorne.Rosalie se enderezó de inmediato.—¿Y?—Están dispuestos a seguir adelante con la reunión, pero hay una condición.La expresión esperanzada de Rosalie se desvaneció ligeramente.—¿Qué condición?Linda miró el mensaje en su tableta antes de responder.—El presidente quiere saber si ust
Por un momento, Rosalie no dijo nada.La grabación la había inquietado desde que Vivienne se la mostró. Recordaba las palabras, la manera en que Vivienne las había explicado y la conclusión a la que había llegado a partir de lo que vio. En ese momento, todo había parecido encajar, sobre todo con el comportamiento cada vez más distante de Evan.Pero ahora, al intentar conciliar esas acusaciones con el hombre con el que había vivido durante tres años, empezaron a surgirle dudas.Evan había estado ahí cuando el negocio de ella atravesaba dificultades. La había apoyado en los días difíciles, se había quedado a su lado cuando estaba agotada y la había animado cuando pensaba que ya no podía seguir.—¿Y si malinterpretaste lo que viste? —preguntó Rosalie en voz baja.—¿Qué acabas de decir?—No estoy diciendo que mientas. Estoy diciendo que quizás malinterpretaste la grabación. No conozco el contexto completo de lo que Evan estaba hablando, y no creo que deba suponer lo peor sin saberlo todo.







