ログインPor un momento, Rosalie no dijo nada.
La grabación la había inquietado desde que Vivienne se la mostró. Recordaba las palabras, la manera en que Vivienne las había explicado y la conclusión a la que había llegado a partir de lo que vio. En ese momento, todo había parecido encajar, sobre todo con el comportamiento cada vez más distante de Evan.
Pero ahora, al intentar conciliar esas acusaciones con el hombre con el que había vivido durante tres años, empezaron a surgirle dudas.
Evan había estado ahí cuando el negocio de ella atravesaba dificultades. La había apoyado en los días difíciles, se había quedado a su lado cuando estaba agotada y la había animado cuando pensaba que ya no podía seguir.
—¿Y si malinterpretaste lo que viste? —preguntó Rosalie en voz baja.
—¿Qué acabas de decir?
—No estoy diciendo que mientas. Estoy diciendo que quizás malinterpretaste la grabación. No conozco el contexto completo de lo que Evan estaba hablando, y no creo que deba suponer lo peor sin saberlo todo.
Vivienne resopló.
—Solo intento protegerte, Rosalie. Tienes que concentrarte en tu futuro, no en defender a un hombre que nunca estuvo a tu nivel de todos modos. Piénsalo. Tengo que irme.
Y con eso, la línea se cortó. Rosalie apartó el teléfono de su oído, mirando la pantalla. La semilla de la duda seguía ahí, pero había sido diluida por un instinto protector repentino que no esperaba sentir.
Bryan se aclaró la garganta.
—¿Qué quería Vivienne?
Rosalie pasó junto a él, dirigiéndose hacia el dormitorio principal para vestirse.
—Nada importante. Tengo que ir al trabajo.
Bryan la estudió por un momento, percibiendo que estaba inquieta, pero no insistió.
—¿Has desayunado? —preguntó en cambio.
Rosalie se detuvo. La cocina seguía vacía. No había desayuno. La ausencia del cuidado silencioso de Evander la golpeó de nuevo, como un dolor sordo en el centro del pecho.
—No tengo tiempo —dijo secamente—. Tengo que irme.
—Iré contigo —ofreció Bryan con suavidad—. No deberías enfrentar todo este estrés sola. Déjame estar a tu lado.
Rosalie dudó y luego asintió.
—Está bien. Vamos.
Mientras Bryan se daba la vuelta para vestirse, una pequeña sonrisa burlona y satisfecha cruzó su rostro. Había estado esperando esto. Quería ver por sí mismo la magnitud de la casa de moda Laurent. Necesitaba saber cuánta riqueza e influencia estaba heredando al recuperar a Rosalie. Mantenía sus verdaderas intenciones ocultas tras una máscara de apoyo encantador.
La sede de la casa de moda Laurent era un edificio elegante y moderno de cristal. Mientras atravesaban el vestíbulo principal, la mirada de Bryan recorrió a los empleados atareados, las costosas obras de arte y los suelos de mármol con el logotipo de la marca.
—Es increíble lo que has construido, Rosalie —dijo Bryan, con la voz cargada de una admiración ensayada—. Estoy muy orgulloso de ti.
Pero por dentro, su mente calculaba: «Vale millones. Quizás más». Planeaba asegurar su lugar en la vida de ella y, por extensión, en su imperio.
Rosalie, sin embargo, estaba demasiado distraída para notar la codicia en los ojos de él. Entró en su oficina y dejó el bolso sobre el escritorio. Linda, su asistente, ya estaba allí, sosteniendo una tableta, con expresión tensa.
—Linda, dime que tienes buenas noticias —dijo Rosalie, quitándose el abrigo.
—Lo he intentado, señora —dijo Linda, con la voz forzada—. Pero es increíblemente difícil contactar al Imperio Blackthorne. Hemos enviado la solicitud, pero la oficina del presidente no nos da una fecha confirmada. Solo dicen que se pondrán en contacto con nosotros.
—¿Que se pondrán en contacto con nosotros? —La voz de Rosalie se elevó con frustración—. ¡Te dije que ofrecieras las condiciones que fueran necesarias! ¡Se nos acaba el tiempo, Linda!
—Lo sé, señora. He presionado todo lo que he podido. Pero el presidente… su oficina es una fortaleza. No funcionan con plazos normales.
Rosalie se pasó una mano por el cabello, con la ansiedad disparándose. La empresa estaba perdiendo dinero. Si no lograba conseguir esta reunión, si no lograba obtener el capital y los canales globales que poseía el Imperio Blackthorne, estaría acabada.
—Sigue intentándolo —ordenó, con la voz cortante—. No dejes de contactarlos. Necesito esa reunión.
Linda asintió rápidamente y salió apresurada de la oficina.
Una vez que la puerta se cerró, Rosalie se quedó a solas con sus pensamientos. E inevitablemente, su mente volvió a Evander.
No había podido comprobar si él seguía en su habitación porque Bryan y Vivienne la habían distraído. Ahora que estaba sola, tenía la oportunidad de averiguarlo.
Sacó su teléfono, con el corazón martilleando un ritmo extraño e irregular. Se dijo que solo llamaba para saber dónde estaba él. Se siguió convenciendo de que no estaba preocupada ni asustada.
Entonces marcó su número.
La línea hizo clic, pero en lugar de sonar, habló una voz mecánica y automatizada:
—El número al que intenta llamar no está disponible en este momento. Inténtelo de nuevo más tarde.
Rosalie frunció el ceño, apartando el teléfono de su oído. Comprobó la señal. Todas las barras llenas, y volvió a intentarlo.
—El número al que intenta llamar no está disponible en este momento.
Lo intentó una tercera vez, con la respiración cada vez más superficial. El mismo mensaje.
Su inquietud se transformó en un miedo genuino y punzante. ¿Por qué no entraba la llamada a su teléfono?
Sus pensamientos comenzaron a espiralarse, rápidos e incontrolables. ¿De verdad se había ido? ¿Había sido ese un adiós de verdad?
Por primera vez, Rosalie consideró la aterradora posibilidad de que Evander hubiera dicho en serio cada palabra. No estaba haciendo un berrinche. No había salido a despejar la cabeza. Había salido de la vida de ella.
Trató de encontrar una explicación razonable. Su teléfono podía estar sin batería. Podía estar en algún lugar con mala cobertura. Pero las explicaciones parecían endebles. En el fondo, una parte de ella sabía que el hombre que había pasado tres años intentando construir una vida con ella por fin había llegado a su límite.
Estaba atrapada entre el miedo de que él realmente se hubiera ido y la creencia obstinada de que no podía abandonar un matrimonio que tanto se había esforzado por preservar. Se aferró al borde del escritorio, con los nudillos poniéndosele blancos.
Antes de que pudiera ahogarse en el pánico, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Linda volvió a entrar corriendo, con el rostro enrojecido y los ojos brillantes de emoción.
—¡Señora!
Rosalie levantó la vista, con el corazón dándole un vuelco en el pecho.
—¿Qué? ¿Qué pasa?
—El Imperio Blackthorne —dijo Linda, con la voz entrecortada—. Respondieron. La oficina del presidente ha aceptado programar una reunión.
Rosalie parpadeó, momentáneamente atónita.
—¿Qué? ¿Estás segura?
—Sí, señora. Acaban de llamar. Enviarán los detalles oficiales de la reunión en breve. Se reunirá con el presidente.
La ola de alivio que se estrelló sobre Rosalie fue casi vertiginosa. Por un momento, su ansiedad por Evander quedó relegada al fondo de su mente. Por fin. Por fin tenía una oportunidad de salvar su empresa.
Respiró hondo, y la confianza volvió a ella de golpe. Podía arreglar esto. Todavía podía ganar.
—Gracias, Linda —dijo, con la voz recuperando firmeza—. Prepara los archivos. Tenemos que estar listos.
Linda asintió y salió apresurada. Rosalie se sentó en su silla, con la mente ya acelerada por estrategias y propuestas.
No tenía ni idea de que la reunión que tanto se había esforzado por conseguir la pondría cara a cara con el hombre que temía haber perdido.
Rosalie miró fijamente a Evander, con los ojos muy abiertos y el nombre muriéndosele en los labios.—Evander…—Es evidente que usted no ha venido por negocios —la interrumpió él antes de que pudiera decir otra palabra. Su voz estaba despojada de toda calidez, una hoja de puro hielo—. Y no aprecio el comportamiento poco profesional en mi oficina. Tengo trabajo que hacer, y no voy a pasar el resto de la mañana discutiendo un matrimonio que ya terminó.Rosalie se quedó inmóvil, con la respiración entrecortada. Había esperado ira. Había esperado gritos, quizás incluso acusaciones. Nunca había imaginado que él la miraría como si fuera una visitante indeseada que dejaba huellas de lodo sobre sus impecables suelos.Dio un paso vacilante y tembloroso hacia el escritorio de él.—Por favor, solo mírame.Él no se movió. Su mirada permaneció fija en los documentos que tenía delante.—Evander, sé que estás herido. Sé que tienes todas las razones para estar enojado conmigo, pero por favor no me exc
—Señorita Laurent, el presidente está listo para recibirla.Rosalie respiró hondo en silencio y se arregló la chaqueta antes de ponerse de pie. Había pasado los últimos minutos esperando en el salón de recepción, tratando de calmar la inquietud que se le había instalado en el estómago desde que llegó al Imperio Blackthorne. La condición inusual de esta reunión todavía la perturbaba, pero la casa de moda Laurent se estaba quedando sin opciones, y no podía permitir que su incomodidad personal se interpusiera en una posible oportunidad de negocio.—Hemos llegado, señorita Laurent.La mujer se detuvo frente a unas imponentes puertas dobles y abrió una de ellas.Rosalie asintió en señal de agradecimiento antes de entrar.Lo primero que notó fue la vista impresionante más allá de los ventanales que iban del suelo al techo. La ciudad se extendía bajo la oficina, con sus edificios pareciendo casi insignificantes desde semejante altura. La sala era espaciosa y estaba amueblada con buen gusto,
Durante las últimas tres horas, Rosalie no había podido concentrarse en nada que no fuera la reunión. La casa de moda Laurent se estaba quedando sin opciones, y el Imperio Blackthorne seguía siendo su mejor oportunidad de conseguir el apoyo que necesitaba desesperadamente. Había esperado que la reunión fuera difícil, pero estaba preparada para enfrentar cualquier pregunta que el presidente pudiera hacer sobre su empresa.Lo que no había esperado era la expresión de Linda cuando cruzó la puerta.—¿Pasa algo? —preguntó Rosalie, levantando la vista de los documentos esparcidos sobre su escritorio.Linda dudó antes de acercarse.—He recibido una respuesta de la oficina del presidente del Imperio Blackthorne.Rosalie se enderezó de inmediato.—¿Y?—Están dispuestos a seguir adelante con la reunión, pero hay una condición.La expresión esperanzada de Rosalie se desvaneció ligeramente.—¿Qué condición?Linda miró el mensaje en su tableta antes de responder.—El presidente quiere saber si ust
Por un momento, Rosalie no dijo nada.La grabación la había inquietado desde que Vivienne se la mostró. Recordaba las palabras, la manera en que Vivienne las había explicado y la conclusión a la que había llegado a partir de lo que vio. En ese momento, todo había parecido encajar, sobre todo con el comportamiento cada vez más distante de Evan.Pero ahora, al intentar conciliar esas acusaciones con el hombre con el que había vivido durante tres años, empezaron a surgirle dudas.Evan había estado ahí cuando el negocio de ella atravesaba dificultades. La había apoyado en los días difíciles, se había quedado a su lado cuando estaba agotada y la había animado cuando pensaba que ya no podía seguir.—¿Y si malinterpretaste lo que viste? —preguntó Rosalie en voz baja.—¿Qué acabas de decir?—No estoy diciendo que mientas. Estoy diciendo que quizás malinterpretaste la grabación. No conozco el contexto completo de lo que Evan estaba hablando, y no creo que deba suponer lo peor sin saberlo todo.
A la mañana siguiente, Rosalie despertó con un dolor de cabeza punzante, y la luz del sol que se derramaba por las ventanas no le hacía ningún bien.Se incorporó, frotándose las sienes, y las últimas palabras de Evan resonaron en su cabeza.«Adiós, Rosalie».Su corazón dio un pequeño vuelco al recordar la manera tranquila en que él lo había dicho, sin ira ni un intento desesperado de hacerla cambiar de opinión.Apartó las sábanas y balanceó las piernas fuera de la cama. Seguramente Evan todavía estaba molesto por el regreso de Bryan. Siempre había sido un poco sensible en lo que se refería a Bryan, y quizás la discusión de ayer por fin lo había llevado demasiado lejos. Se calmaría con el tiempo; siempre lo hacía.Siguió tranquilizándose en silencio mientras se levantaba de la cama, se aseaba y se dirigía a la sala.Normalmente, a esa hora Evan ya andaría moviéndose por la casa, poniendo la mesa del desayuno o avisándole en voz alta que se le hacía tarde. Otros días lo encontraba en la
El olor estéril a antiséptico se aferraba a la ropa de Evander cuando entró al penthouse. El sol ya se había puesto, y la brisa fresca de la tarde barrió su cuerpo exhausto, refrescándolo durante el breve instante que duró. Su mente ya estaba vaciada por las horas que había pasado sentado junto a la cama de hospital de Eleanor Laurent. Los médicos ya la habían estabilizado, pero verla en ese estado, tan pálida, conectada a máquinas, había movido algo enorme dentro de él. Ella era la única persona que lo había tratado bien, como una verdadera madre desde que se casó con Rosalie.Empujó las puertas de cristal y entró en la sala. Necesitaba decírselo a Rosalie: a pesar de que los papeles del divorcio ya estaban firmados y de la frialdad con la que ella lo trataba desde que llegó Bryan, tenía derecho a saber que su madre estaba en coma.Caminó unos pasos por la sala antes de encontrarla yendo de un lado a otro, con el teléfono apenas presionado contra la oreja y una expresión preocupada.







