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Capítulo 4

مؤلف: Tangle H
A la mañana siguiente, Lucas se comunicó conmigo a través del enlace mental.

—Garrett me dijo que anoche te mudaste. Mia solo se quedará una temporada en la residencia principal. No necesitas renunciar como capitana por algo así.

No respondí. Por lo que, unos minutos después, volvió a contactarme.

—A las diez de la mañana. No olvides que tenemos que ir a ver a Rosa. Hace mucho acordamos visitarla juntos después de hacernos cargo de la manada.

Rosa era una especialista sénior en armas de fuego ya retirada de la Alianza. Era quien me había enseñado a forjar armas.

Tres años atrás, mientras cazábamos hombres lobo errantes de las Sombras, le había salvado la vida. Ella me había dicho que no tenía por qué arriesgarme de frente cada vez que hubiera peligro, tras lo cual se había dedicado a enseñarme a fabricar la pistola de balas de plata.

Un disparo, una muerte.

Lucas también quiso aprender, pero su lobo no tenía mi nivel de rastreo sensorial. En cuanto una bala perdía el objetivo fijado, se volvía inútil e incluso podía terminar alcanzando al propio tirador.

—¡Tú limítate a cuidar bien de ese tesoro tuyo llamado Nora! —le había dicho Rosa.

Lucas se había rascado la cabeza en aquel entonces, sonriendo como un muchacho.

A Rosa siempre le había gustado vernos juntos, porque el día que había sufrido envenenamiento por plata, Lucas no había dudado ni un segundo: él mismo había extraído el veneno de mi cuerpo, aun a sabiendas de que podía matarlo.

Y no tuvo miedo.

No respondí al enlace mental de Lucas, pero, aun así, fui a la base de patrulla de Rosa.

Iba a marcharme de Colmillo de Escarcha, por lo que necesitaba despedirme de ella.

A las diez en punto, empujé la puerta. El aire olía a aceite para armas y a virutas de madera.

Rosa ya tenía preparado el té y, junto a él, había una caja estrecha de madera sobre la mesa.

—¿Dónde está Lucas? —preguntó, mirando por sobre mi hombro.

—Seguramente algo lo retrasó.

A las diez y media, la puerta ya se había abierto dos veces, pero en ninguna de las dos ocasiones había sido él.

Al mediodía, Lucas por fin se puso en contacto conmigo a través del enlace mental.

Un trueno estalló al otro lado de la conexión, seguido por el llanto de Mia.

—Nora, ¿estás ahí?

—Estoy aquí —respondí.

—Lo siento. La loba de Mia se asustó con los truenos. Está extremadamente alterada y necesita que la calme. No puedo alejarme de ella. —Su voz sonaba apresurada—. Explícaselo a Rosa por mí. Iré contigo la próxima vez.

—Lucas, no puedo controlarla... —sollozaba Mia, tras él.

—Estoy aquí. No tengas miedo —la tranquilizó, antes de volver su atención nuevamente a mí—. Nora, ahora mismo podría hacerse daño de verdad. Tú siempre has sido la comprensiva. No hagas que tenga que ocuparme de dos personas al mismo tiempo.

—No te molestes —le dije con tranquilidad.

—¿Qué? —preguntó, un tanto desconcertado.

—No habrá una próxima vez.

Dicho aquello, corté el enlace mental.

Rosa no me preguntó qué había pasado, sino que se limitó a empujar la caja de madera hacia mí.

Dentro había un viejo cuchillo de tallar, cuyo mango estaba pulido por tantos años de uso, pero la hoja seguía afilada.

—Lo usaba cuando era joven —dijo—. Pensaba dártelo después de tu boda.

Pasé los dedos por el mango y, de repente, sentí un ardor en la nariz.

—Ahora también es un buen momento —dije, cerrando la caja, mientras mis lágrimas comenzaban a caer sobre la tapa. Tragué saliva y añadí—: Rosa, lo mío con Lucas se terminó.

Ella simplemente sacó un pañuelo de papel y me lo puso en la mano, sin intentar hacerme cambiar de opinión.

Después de salir de la casa de Rosa, fui directamente al aeropuerto.

Tres días atrás, una empresa de seguridad administrada por la Manada de Cresta Norte me había ofrecido un puesto para ayudarlos a desarrollar métodos de detección de las Sombras.

Ya habían preparado alojamiento para mí e incluso una solicitud de traslado de manada. Solo estaban esperando mi respuesta.

En aquel momento, todavía no estaba preparada para marcharme. Sin embargo, ahora no dudé y reservé el vuelo más próximo disponible.

Mientras esperaba en la puerta de embarque, apareció un video en el chat grupal de la Manada Colmillo de Escarcha.

Mia estaba acurrucada bajo una manta en el sofá de la residencia del Alfa. Lucas se encontraba sentado tras ella, secándole el cabello con una secadora.

El texto del video decía:

«Esperando que la tormenta pase pronto.»

Helen fue la primera en darle «me gusta» y dejó un comentario:

«Ver lo bien que Lucas trata a Mia me deja tranquila.»

Garrett respondió justo después:

«¡Con un Alfa y una Luna tan cariñosos, la manada solo puede prosperar!»

Me quedé mirando aquella sala que ya no me pertenecía y, un segundo después, salí del chat grupal y bloqueé tanto a Helen como a Mia.

Tras esto, corté por completo mi enlace mental con Lucas. Con miles de kilómetros entre nosotros, jamás podrían encontrarme.

Al hacer aquello, un dolor agudo me atravesó el pecho. Sin embargo, me tragué el dolor y dejé de responder a su vínculo.

Cuando se oyó por los altavoces el anuncio de embarque, no perdí tiempo y atravesé el control de seguridad con mi maleta.

***

Esa noche, Lucas finalmente dejó a Mia y fue a la oficina de patrulla.

Llevaba una caja de pastelitos de miel de luz lunar, que antes habían sido mis favoritos, y, al abrir la puerta, dijo:

—Nora, deja de estar enojada. Mira lo que te traje...

Pero la oficina estaba vacía. No quedaba ni el más mínimo rastro de mi aroma. Los mapas estándar de patrulla continuaban colgados de las paredes, pero todas mis pertenencias personales y los estuches de mis armas habían desaparecido.

Lo único que quedaba de mí era un documento que descansaba sobre el escritorio.

«Mi renuncia a la unidad de patrulla.»

La cual estaba firmada y sellada.

Lucas se quedó inmóvil en la entrada, por un segundo. La caja de pastelitos se le resbaló de las manos y cayó al suelo, haciendo que la preciada miel de luz lunar comenzara a derramarse lentamente por el parqué
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