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Capitulo 6

Autor: Wan Marte
last update Data de publicação: 2026-10-06 03:24:31

Javier sonrió mirando hacia un lado, pensando que tal vez Liz no era diferente de las demás mujeres y que simplemente estaba haciéndose la difícil.

—Déjame adivinar: ¿una propuesta de matrimonio porque no haces sexo por aventura?

—¡Sí y sí también! No me he levantado de la cama hoy para venir aquí a perder el tiempo. Si estás aquí solo buscando una compañera sexual, te puedes levantar de mi mesa.

Liz cruzó los brazos y señaló hacia el pasillo, animando a Javier a marcharse. Él esperaba que ella insistiera, que dijera que no era una mujer tan exigente, pero Liz prácticamente lo estaba echando de la mesa.

—Bueno, me quedo. Pero antes de escuchar tu propuesta debo dejar algunas cosas claras: ya tengo 50 años.

—¡De acuerdo! —dijo Liz, garabateando en un papel, lo que hizo que Javier arqueara las cejas, curioso por lo que estaba haciendo.

—Y solo soy un profesor.

—¿Profesor? Bien.

—No tengo casa propia y vivo de alquiler.

—Bien, está bien. Eso no será un impedimento.

Javier se sintió aún más confundido, pues había pensado que ella desistiría al instante al saber que él, a sus 50 años, no tenía casa propia y trabajaba como profesor. Por su parte, Liz miró sus notas y pensó que el hecho de que no tuviera casa propia sería excelente, ya que probablemente aceptaría su propuesta con mayor facilidad. Sin embargo, se preguntó si no sería un profesor universitario, lo cual cambiaría las cosas, pues los profesores universitarios pueden ganar un salario suficiente para pagar un alquiler y vivir bien.

—Creo que con estas características puedo hacerte la propuesta —Liz tomó una carpeta de documentos y la empujó en dirección a Javier.

—¿Espera? ¿Aún quieres casarte con un fracasado de 50 años?

—No digas que eres un fracasado; tienes al menos una formación universitaria, algo que muchos no consiguen. Como profesor universitario, muchas personas te respetan y debes de poder llevar una vida digna con tu salario.

—Pero es que no soy profesor universitario… en realidad… en realidad, soy profesor de jardín de infantes —Javier empezó a inventar más excusas, dado que no había previsto que no fuera a ser rechazado.

—¿Un hombre que sabe tratar con niños? Excelente, ahora pienso que eres aún más adecuado.

—¿Qué? No, no debes de hablar en serio —Liz empujó aún más la carpeta hacia él, demostrándole que sí hablaba en serio y que quería proponerle matrimonio—. Trato con niños, pero… soy alcohólico, adicto a los juegos de azar, estoy lleno de deudas…

—Está bien, al menos no fumas.

—¡Fumo! ¡Fumo mucho! Muchísimos cigarrillos, mis pulmones ya se caen a pedazos.

Liz miró hacia un lado, pensativa, y después dijo:

—De acuerdo, podemos lidiar con eso.

—¡Ay, Dios mío del cielo! ¿Quién te envió a mí? —Javier cayó en la desesperanza ante la determinación de Liz, preguntándose si no sería alguien enviada por su madre—. Está bien, ¡vamos! Dime qué es lo que quieres de verdad, porque es imposible que una mujer como tú aún quiera casarse con un fracasado como yo.

—De acuerdo… en realidad, estás equivocado sobre mis intenciones. Quiero casarme contigo, pero no quiero un matrimonio de verdad: quiero un matrimonio de mentira. Dentro de esta carpeta hay un contrato. Nuestro matrimonio tendrá una duración de un año y después nos divorciaremos y seguiremos nuestros caminos. En este contrato renuncio al derecho de recibir parte de tus bienes; en cambio, como contrapartida…

—¡Dame eso! —Javier tomó la carpeta y comenzó a leer. De repente, se mostró muy interesado en aquel contrato—. Aquí dice que tras el divorcio recibiré cinco millones de dólares y…

Javier estaba impresionado: ella quería pagarle por casarse con ella. Simplemente, esa mujer pretendía darle unos míseros cinco millones a uno de los hombres más ricos del mundo. Pero lo que más lo impresionaba era que le estaba ofreciendo, además de los cinco millones, el 25% de las acciones de Martínez S.A., la empresa que él mismo había comprado pero de la cual no había podido adquirir la totalidad de las acciones, ya que el 25% estaba en manos de un inversor desconocido. Y ahora descubría que ese inversor secreto estaba allí enfrente, proponiéndole matrimonio.

—Dijiste que estabas endeudado, ¿no? —dijo Liz, rompiendo el silencio—. Si te casas conmigo podrás pagar tus deudas e incluso convertirte en accionista de una empresa rentable. Tras divorciarnos, si eres inteligente y no te lo gastas todo en juegos de azar, podrás convertirte en un hombre rico.

Javier cerró la carpeta de documentos y miró fijamente a aquella misteriosa mujer que tenía enfrente. No la conocía; nunca había visto a nadie parecido a ella en las fiestas de la alta sociedad. ¿Quién era ella?

—Tu propuesta es muy buena, pero… ¿no crees que me estás ofreciendo demasiado? ¿No piensas que te puedes arrepentir?

—Me he arrepentido de pocas cosas que he hecho en la vida, pero darte esas acciones y ese dinero es algo de lo que estoy segura de que no me arrepentiré. Y bien, ¿creas que aceptas o no? Si no aceptas, se lo ofreceré al siguiente.

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