INICIAR SESIÓNAl llegar al aeropuerto, esperaron la hora de su salida en la sala de espera.Damien revisaba su teléfono de vez en cuando, mientras Sexiola permanecía sentada a su lado, cómoda y tranquila.—Espera aquí. Voy un momento al baño —se despidió Damien.Sexiola asintió. —Está bien.Cuando Damien se fue, Sexiola tomó su teléfono y empezó a leer algunos mensajes. No llevaba mucho tiempo haciéndolo cuando una voz pronunció su nombre.—¡Sexiola!Volteó. —¿Vivian?La hermosa modelo sonrió mientras se acercaba. Lucía tan elegante como siempre.—Vaya, ¿estás con tu esposo? —Vivian echó un vistazo alrededor, buscando a Damien.Sexiola asintió. —Sí. Fue al baño. —Sonrió con dulzura y añadió, a propósito—: Nos vamos de luna de miel.Vivian arqueó una ceja y soltó una risita. —¿De luna de miel? Qué romántico.Sexiola solo sonrió. En realidad, había querido anunciarlo a propósito para que Vivian dejara de intentar acercarse a su esposo. Aunque ahora confiaba en Damien, tampoco quería que otra mujer in
Sexiola le sostuvo la mano a Damien durante todo el camino de regreso. Sus dedos permanecían entrelazados con fuerza, como si ninguno de los dos quisiera volver a separarse. El malentendido que había enfriado su relación por fin se había resuelto. Ahora Sexiola podía volver a disfrutar de la calidez de su esposo, sin que la sombra de la duda la persiguiera.De vez en cuando, Damien miraba de reojo a la mujer a su lado. Una leve sonrisa se dibujaba en su rostro al ver que Sexiola no le soltaba la mano.—¿Qué te parece si nos vamos de vacaciones? —preguntó de pronto.Sexiola giró la cabeza. —¿De vacaciones?—Sí. ¿Una luna de miel? —Damien levantó la mano de su esposa y le besó el dorso con ternura.Los ojos de Sexiola se iluminaron de inmediato. —¡Quiero!Damien rio al notar su entusiasmo. —Perfecto. Pero esta vez no se vale decir que quieres separarte cuando termine nuestra luna de miel.—Damie... —El rostro de Sexiola se encendió. Bajó la mirada y jugueteó con los dedos de su esposo,
Lo primero que sintió Sexiola al abrir los ojos fue un dolor de cabeza descomunal.—Ay...Hizo una mueca y se llevó la mano a la sien para masajearla. La cabeza le pesaba, como si alguien le golpeara una y otra vez por dentro del cráneo.Con esfuerzo, cambió de posición. Al volver el rostro hacia la ventana, la luz del sol que se colaba por la rendija de las cortinas la obligó a entrecerrar los ojos.—Ya es de día, por lo visto —murmuró con la voz ronca.Soltó un largo suspiro y volvió a cerrar los ojos. Su mano pasó a frotarse el puente de la nariz, con la esperanza de que el mareo cediera pronto.—Buenos días.Sexiola abrió los ojos de golpe. Reconoció aquella voz. Una voz grave y profunda que había extrañado muchísimo.Después de todo lo ocurrido la noche anterior, no quería apresurarse a creer lo que oía.«¿Acabo de escuchar su voz?»Sus ojos buscaron el origen del sonido. Y en cuanto vio al hombre que estaba sentado con aire relajado en el sofá, a poca distancia de la cama, los a
—No es un sueño, cariño. —Damien le acarició la espalda.—¿No es un sueño? —Sexiola le pellizcó la mejilla a Damien.—No es un sueño. Así que no pienses en nada ahora. Necesitas descansar.Cuando Damien hizo ademán de levantarla en brazos, Sexiola se aferró de pronto con más fuerza a su camisa. —No te vayas.—No me voy a ir.—¿Lo prometes?—Lo prometo.Sexiola lo miró con ojos adormilados. —Entonces quédate conmigo hasta que me duerma.Damien asintió. Cerró la puerta con una mano y ayudó a Sexiola a volver a la sala. Al ver la botella de alcohol y el vaso sobre la mesa, se le tensó la mandíbula.Se contuvo para no regañarla. —¿Por qué bebiste tanto?Sexiola giró la vista hacia la mesa y arrugó la nariz. —Quería dormir.—No necesitas hacer esto para poder dormir.—No podía dormir de tanto pensar en ti.Damien guardó silencio. Con su ayuda, Sexiola se sentó en el sofá. Luego tiró de la mano de Damien para que se sentara a su lado.—Pensé que si me emborrachaba, dejaría de extrañarte.Da
El teléfono vibró. Sexiola giró la cabeza. —Oh, ¿por qué se prendió mi teléfono? —No se había dado cuenta de que lo había encendido otra vez.El nombre de Damien apareció en la pantalla. El corazón pareció detenérsele por un instante.Se apresuró a tomar el teléfono, pero antes de que pudiera contestar, la llamada se cortó.Sexiola miró la pantalla con los ojos humedecidos. —¿Por qué sigues llamándome? —murmuró—. Haces que cada vez me sea más difícil olvidarte.Dejó el teléfono sobre su regazo. La cabeza empezaba a pesarle, y recostó el cuerpo contra el sofá.—Solo quiero dormir —susurró.Cerró los ojos.No supo cuánto tiempo estuvo dormida, pero unos golpes en la puerta la despertaron.Parpadeó varias veces. Sentía la cabeza mareada y el cuerpo todavía pesado por el alcohol que había bebido.Los golpes se repitieron. Sexiola levantó la cabeza con esfuerzo.—¿Bastian? —llamó en voz baja.No hubo respuesta. Intentó ponerse de pie. En cuanto sus pies tocaron el suelo, el cuerpo se le ta
En otro lugar, Bastian seguía sentado dentro de su auto después de terminar la llamada.Miró la pantalla de su teléfono durante unos instantes y luego soltó un largo suspiro.—De verdad no sé qué hacer —murmuró.Sabía que Sexiola probablemente se decepcionaría al enterarse de que le había dado a Damien la dirección de la villa. Pero tampoco había podido ignorar la súplica de aquel hombre.Al final volvió a tomar el teléfono y abrió la conversación con Sexiola.Sus dedos escribieron algunas frases, pero enseguida se detuvieron.¿Debía avisarle ahora?Si le enviaba un mensaje, Sexiola quizá entraría en pánico y se sentiría traicionada. Si no le decía nada, Damien podría aparecer de repente frente a ella.Bastian se frotó la nuca. —Perdóname, Sexiola.Por fin dejó el teléfono a un lado y volvió a poner el auto en marcha.Mientras tanto, Damien avanzaba por la carretera, rasgando la noche. De vez en cuando miraba el reloj, calculando el tiempo que faltaba para llegar al lugar donde estaba







