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Capítulo 2

مؤلف: Jazmín
Tras firmar los papeles del divorcio, saqué fuerzas para reincorporarme al equipo de investigación médica.

Yasmine siempre había sido muy buena para ganarse a la gente; incluso a mis padres. Sí, yo también era su hija, pero era evidente que ella era la favorita. Incluso cuando iba a visitarlos en vacaciones, sus rostros se tensaban al verme; no parecían precisamente felices. Con el tiempo, me resigné y dejé de sentir afecto por esa familia.

Algo parecido ocurrió cuando conocí a Arnold; había renunciado a mi carrera y a mis estudios por él. Pero ahora, era momento de volver a empezar.

Daba la casualidad de que mi mentor estaba preparando un proyecto clasificado en Alpene. Me postulé y fui aceptada en el equipo de inmediato. En tres días, partiría hacia una base secreta para un trabajo de investigación a puerta cerrada; con ello, dejaría atrás a Arnold para rehacer mi vida.

Es una lástima que dos días antes de mi partida, Arnold regresara a casa inesperadamente. Miró mis maletas hechas con evidente confusión.

—Juniper, ¿a dónde vas? —preguntó con un rastro de pánico en la voz.

Bajé la cabeza para evitar su mirada.

—Yo... me iré de viaje con unas amigas —mentí—. No será por mucho tiempo.

—¡No! —me interrumpió con brusquedad, interponiéndose en mi camino—. Es demasiado peligroso allá afuera. Quédate aquí. Así puedo protegerte.

Fruncí el ceño. Estaba por darle una explicación cuando me tomó de la mano y tiró de mí hacia la puerta.

—Olvida eso de irte lejos, Juniper. Solo quédate a mi lado. Ven conmigo, tengo una sorpresa para ti —me dijo.

Antes de que pudiera decir una sola palabra, ya me había metido en el auto. Me sostuvo la mano con fuerza durante todo el trayecto, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento.

Media hora después, el auto se detuvo frente a un hermoso jardín. Lo reconocí de inmediato: habíamos venido antes, cuando aún era solo un terreno descuidado, pero Arnold lo había transformado en un espectacular mar de rosas.

—Sé que amas las rosas —comenzó él con una mirada llena de afecto—; por eso, planté todas estas para ti.

En ese momento, una figura familiar se hizo presente. Yasmine caminaba hacia nosotros; vestía un delicado vestido blanco mientras sostenía un ramo de flores frescas con una expresión de calidez.

—Junie, Arnold —nos saludó.

Me di cuenta de inmediato del tono empalagoso que ella siempre usaba al llamarlo por su nombre. La expresión de Arnold se tornó sombría por un segundo, pero pronto recuperó la compostura.

—Yasmine solo vino para ayudarnos con unas fotos —explicó él—. Acaba de ganar un concurso de fotografía. Sé que no te cae bien, pero se va a ir en cuanto acabe.

A pesar de sus intentos de justificarse, ya había captado la mirada de suficiencia de mi hermana.

No pasó mucho tiempo hasta que ella buscó una excusa para que nos quedáramos solas en el jardín.

—Arnold, ¿podrías traernos un poco de agua? —pidió.

En cuanto él se alejó, su máscara de inocencia se desplomó para dar paso a su sarcasmo habitual.

—Oh, Junie, tu cobardía es admirable; fuiste a la boda, pero ni siquiera te atreviste a dar la cara —se burló—. ¿Acaso temes que él me prefiera a mí? Al final, eso mismo fue lo que pasó con mamá y papá, ¿no? ¿Qué tal si apostamos?

—Ay, por favor —fruncí el ceño—. No estoy de humor para tus jueguitos. Mucho menos para competir por afecto.

Me di la vuelta para irme, pero Yasmine me siguió con descaro de regreso a la casa.

—Junie, ¿crees que, si las dos estuviéramos en peligro al mismo tiempo, Arnold te salvaría a ti o a mí? —me lanzó una sonrisa maliciosa mientras sacaba un control remoto de su bolsillo.

No tuve tiempo de reaccionar; una fuerte sacudida, seguida de un destello cegador, hizo que todo se derrumbara a mi alrededor. ¡Yasmine había plantado explosivos en la casa y los había hecho detonar!

Pesados escombros aplastaron mis piernas y una varilla de acero me atravesó el hombro. El dolor era tan intenso que sentí que estaba a punto de perder el conocimiento. Sin embargo, incluso en ese estado, apreté los dientes y grité con todas mis fuerzas:

—¡Arnold! ¡Ayúdame!
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  • Juró amarme y yo pedí el divorcio   Capítulo 8

    Los meses de tormento me dejaron casi entumecida. Entre el daño que Arnold se infligía a diario y el llanto constante de Yasmine, me sentía atrapada en una pesadilla de la que no podía despertar. Su demencia desencadenó gradualmente en el vacío, y empezó a cuestionarse si aquella tortura tenía ya algún sentido.Un día, no pudo más y se quebró. Se desplomó de rodillas ante mí, me sujetó los hombros con fuerza y con voz ronca exigió: —Juniper, ¿qué debo hacer para que me perdones? ¿Quieres que muera frente a ti?Le dediqué una mirada hostil y hablé con lentitud: —Juguemos a la ruleta rusa, Arnold. Tomaremos turnos para apretar el gatillo. Si sobrevivimos, quizá signifique que los cielos nos han perdonado.Se le heló la sangre y un destello de miedo cruzó sus ojos. Sin embargo, se recompuso rápido y negó con la cabeza. —No. No dejaré que corras ese riesgo.—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? —Alcé la vista con indiferencia—. ¿O es que eres demasiado cobarde para enfrentar tus pecados?Apretó la

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    —¡Te juro que puedo explicarlo! —la voz de Arnold denotaba una angustia evidente—. Todo fue un malentendido. ¡La confundí contigo porque estaba borracho!Solté una carcajada sin gracia, lanzándole una mirada cargada de desprecio.—¿Un malentendido? Arnold, ¿crees que soy tonta? Me engañaste con ella durante cinco años. Tenías tiempo de sobra para terminar con eso, pero ¿qué hiciste? Ah, sí, no solo no te detuviste, ¡sino que incluso te casaste con ella!Mi voz tembló y las lágrimas amenazaron con caer; no obstante, no me permití esa debilidad. El rostro de Arnold decayó aún más. Soltó mi muñeca y dejó caer sus manos sin fuerza a los costados.—Sé que me equivoqué, Juniper. De verdad lo sé. Pero lo de Yasmine y yo terminó hace mucho tiempo. Eres la única en mi corazón. Por favor, tienes que creerme.Lo miré con desdén, me giré bruscamente y escupí: —¿Qué es lo que no entiendes? ¡No volveré a creerte jamás!Apenas di un paso cuando volvió a sujetarme del brazo. —No te vayas, Juniper. Dam

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    La varilla de hierro silbó en el aire e impactó con fuerza en el brazo de Yasmine. Ella soltó un grito de dolor desgarrador. Su brazo se fracturó al instante y quedó colgando inerte a su costado.A pesar de eso, Arnold no tenía intenciones de detenerse. Con los ojos inyectados en rabia y locura, la golpeó sin parar.—¡Desgraciada! ¡Te haré pagar cada gramo de dolor que le causaste a Juniper!No solo destrozó sus manos; ni siquiera sus pies se salvaron. Ella se acurrucó en el suelo mientras sus gritos se volvían cada vez más débiles. Arnold, insatisfecho, le pisó las piernas con saña. Se escucharon dos crujidos secos cuando los huesos cedieron bajo su peso.—Enciérrenla en el calabozo. ¡Que nadie la vea sin mi permiso! —ordenó jadeante a un soldado de las fuerzas especiales.El soldado asintió impasible, llevándose a rastras a Yasmine, quien yacía inconsciente. Arnold se desplomó en el suelo con una mezcla de arrepentimiento y furia. Sacó su teléfono y marcó aquel número familiar una v

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    Las manos de Arnold temblaban ligeramente. El acuerdo de divorcio a su lado se sentía como un cuchillo desgarrándole el corazón.—¿Por qué lo firmó? —rugió, fulminando a Jeremy con una mirada que prometía aniquilarlo—. ¡¿Por qué?!El mayordomo no se atrevió a levantar la vista, mucho menos a responder. Arnold, incapaz de contener su rabia, analizó el collar de rubí que tenía en la mano. Recordó de inmediato la microcámara que le había instalado; aquella que solía grabarlo todo.Se apresuró a buscar el proyector y lanzó las imágenes sobre la pared. Al principio apenas se distinguía nada, hasta que, poco a poco, la cámara enfocó y Yasmine y yo aparecimos en escena. El rostro de mi hermana era una mueca de pura malicia mientras escupía palabras cargadas de desprecio:—¿Es que no lo entiendes, Juniper? ¡No eres más que una buena para nada que nunca le importó a nadie!En el video yo me veía tranquila, a pesar de que en mis ojos se reflejaba una profunda tristeza.—No discutiré contigo por

  • Juró amarme y yo pedí el divorcio   Capítulo 4

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  • Juró amarme y yo pedí el divorcio   Capítulo 3

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