LOGINCapítulo 2
Punto de vista de Lila
—Ay, Dios mío, ¿qué carajos está pasando en este momento? Ni siquiera puedo pensar con claridad.
Mis dedos golpearon el botón de finalizar llamada con tanta fuerza que la laptop se deslizó por la cama y casi se cae del borde, cortando la transmisión antes de que Logan pudiera reaccionar o decir una sola palabra.
Mi corazón golpeaba dentro de mi pecho como si quisiera romperme las costillas, y mi piel desnuda se sentía pegajosa de sudor aunque la habitación no estaba tan cálida.
Seguía desnuda de la cintura para abajo, con la camiseta de tirantes arremangada por encima de mis pesadas tetas, los pezones duros y adoloridos por todos los pellizcos que me había dado mientras cabalgaba ese juguete y gemía para él.
Entre mis piernas mi vagina no dejaba de palpitar, todavía resbaladiza y vacía ahora que el grueso vibrador se había salido, dejando un rastro húmedo por la parte interna de mis muslos hasta las sábanas.
Podía oler mi propio aroma en el aire, ese olor espeso y almizclado de excitación que llenaba la habitación, y eso me retorcía el estómago con una vergüenza fresca porque sabía exactamente quién acababa de verlo todo.
Logan.
El mejor amigo de mi papá desde antes de que yo pudiera recordar.
El hombre al que había llamado Papi toda mi vida porque siempre estaba ahí, tratándome como si fuera su propia hija, arreglando cosas en la casa y apareciendo en cada cumpleaños.
Y él era Tiger. Lo había sido durante cinco meses seguidos.
Me quedé sentada en el borde de la cama tratando de recuperar el aliento, con las manos temblando tanto que apenas podía agarrar nada.
Mi mente no dejaba de repasar todas esas llamadas privadas, la forma en que abría las piernas bien abiertas para la cámara y me metía ese juguete de 23 centímetros bien profundo en el coño mientras sus mensajes me decían que fuera más duro, que lo llamara Papi y le dijera lo puta sucia que era.
El domingo pasado, después de que él se fue de nuestra casa, lleno con la comida de mamá y riéndose con papá de historias viejas, contesté su llamada todavía con la misma ropa de la cena y me follé hasta empapar el colchón, suplicándole que me dejara correrme mientras mis grandes tetas rebotaban frente a la cámara.
Él había visto cada detalle, pagó sus cinco mil dólares y luego apareció en nuestra puerta dos días después como si nada hubiera pasado, revolviéndome el cabello y preguntándome cómo iba la universidad con esa voz inocente.
Ahora sabía que había estado acariciando esa verga gruesa que acababa de ver en pantalla, con las venas marcadas, el precum brillando en la punta, mientras yo me creaba toda sobre el vibrador y gritaba su título secreto.
La vergüenza ardía tan fuerte en mi estómago que pensé que podría enfermarme de verdad, pero debajo de eso mi vagina dio otro lento apretón, todavía mojada y sensible, como si mi cuerpo no hubiera recibido el mensaje de que todo estaba arruinado.
Me obligué a levantarme sobre piernas inestables y me subí los shorts rápidamente, la tela pegándose a mis muslos húmedos de una forma incómoda que no dejaba de recordarme lo que había estado haciendo.
Me bajé la camiseta de tirantes sobre las tetas e intenté arreglarme el cabello en el espejo, pero mi cara se veía sonrojada y mis ojos estaban muy abiertos por el pánico.
El vibrador todavía zumbaba débilmente en el suelo, así que lo agarré, limpié la humedad resbaladiza con una camiseta sucia de la pila de ropa y lo enterré bien hondo en el cajón de abajo junto con el lubricante y los otros juguetes que él me había dicho que comprara durante los meses.
Agarré el ambientador y lo rocié abundantemente por toda la habitación hasta que el olor a sexo quedó casi cubierto por lavanda artificial, tosiendo un poco por el aroma fuerte mientras mi mente no dejaba de correr.
¿Cómo no reconocí nada antes? Su horario coincidía perfectamente con las llamadas, martes y domingos por la noche después de que se iba de aquí.
Probablemente llegaba a su casa y escribía esos comandos mientras su mano todavía estaba caliente de haberle dado la mano a papá.
Me vio meterme un dedo en el culo frente a la cámara una vez porque él me lo ordenó, y al día siguiente se sentó en nuestra cocina tomando café como un tipo normal.
Mi respiración seguía demasiado rápida cuando de repente llegó un golpe fuerte a la puerta de mi habitación, tres golpes secos que me hicieron saltar tan rápido que casi tiro la lámpara.
—Espera, ya voy —grité, con la voz quebrándose en la mitad porque no sonaba nada como yo misma.
Revisé la habitación una vez más, con el corazón latiendo fuerte, y luego abrí la puerta.
Mi mamá estaba ahí parada con su uniforme azul de hospital, el cabello recogido bien apretado, con cara de cansada pero decidida.
No entró, solo se quedó en el pasillo con los brazos cruzados.
—Lila, empaca tus cosas ahora mismo. Ropa suficiente para al menos un par de días, tal vez más.
La miré fijamente, con la boca seca, todavía sintiendo la humedad residual entre las piernas y el calor en la cara.
—¿Empacar mis cosas? Mamá, casi es medianoche. ¿Qué pasa? ¿Pasó algo?
Se frotó la sien y soltó un largo suspiro.
—Tu padre y yo recibimos una llamada de emergencia del hospital. Hubo un choque múltiple grave en la carretera, varios vehículos, traumas serios llegando. Necesitan a todos los médicos que puedan conseguir y va a ser largo, probablemente toda la noche y bien entrado mañana. No podemos dejarte sola en la casa sin nadie alrededor.
—Pero es tarde —dije, apoyando el hombro contra el marco de la puerta porque las piernas seguían sintiéndose débiles e inestables.
Crucé los brazos sobre el pecho, muy consciente de lo sensibles que todavía estaban mis pezones contra la tela.
—Tengo veinte años. Me he quedado sola muchas veces antes. Voy a cerrar todo, activar la alarma y estaré bien. No tienen que preocuparse por mí.
Mi padre apareció entonces detrás de ella, ya vestido con su bata blanca, el maletín médico colgado del hombro y las llaves del carro en la mano.
Su rostro tenía esa expresión seria que ponía cuando estaba en modo doctor y no tenía ganas de discutir nada. Me miró directamente.
—No puedes quedarte sola en esta casa esta noche. Los dos vamos a estar ocupados en el hospital por días y no me gusta la idea de que estés aquí sola. Logan ya dijo que no es problema cuando le escribí antes. Tiene suficiente espacio y puedes quedarte en su cuarto de invitados hasta que regresemos. Es la mejor solución.
El nombre me golpeó como agua fría en la cara. La casa de Logan.
Me congelé ahí mismo en la puerta, mirando a mi padre mientras el suelo parecía moverse bajo mis pies y las luces del pasillo de repente se sentían demasiado brillantes.
Abrí la boca pero las palabras no salieron de inmediato.
Todo lo que podía imaginar era el rostro de Logan en la pantalla, su cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados de placer mientras su mano grande acariciaba esa verga gruesa y pesada, y luego el horror en sus ojos cuando se dio cuenta de que era yo del otro lado.
El hombre que me había visto abrir mi vagina bien abierta y follarme como una idiota durante meses, que había leído cada palabra sucia que yo le escribía y me había ordenado ir más profundo, gemir más fuerte, decirle que era su putita sucia.
Ahora querían que empacara una maleta e ir a dormir bajo su techo, desayunar frente a él, actuar como si no acabara de verlo masturbándose con mis grandes tetas y mi coño chorreante mientras yo lo llamaba Papi.
Mi estómago se apretó con fuerza y una nueva ola de vergüenza me recorrió tan fuerte que se me erizó toda la piel.
Pero también había un calor confuso en la parte baja de mi vientre, mi cuerpo todavía cargado de la llamada, mi vagina dando un lento palpitar al recordar esa verga incluso mientras el pánico me hacía dar vueltas la cabeza.
Apreté el marco de la puerta con más fuerza, con los nudillos blancos, porque la habitación empezó a inclinarse lentamente a mi alrededor.
Todo se sentía lejano y demasiado cerca al mismo tiempo, mi respiración más corta, la visión nublándose un poco en los bordes por lo fuerte que latía mi corazón.
No puedo ir ahí.
No puedo sentarme en su casa después de que me haya visto así.
La vergüenza se mezclaba con algo más que no quería nombrar, algo que hacía que apretara más los muslos.
Casi pierdo el equilibrio.
Me congelé, mirando a su padre como si hubiera visto un fantasma.
La habitación dio vueltas. Casi pierdo el equilibrio.
—Estoy jodida.
POV de Julia—Fred, yo espero aquí fuera, al aire fresco, mientras subes a por el monedero.No quiero molestar ni nada —dije, bajando del coche al camino de entrada. Las piernas me temblaban un poco por el trayecto y por toda aquella tensión que todavía zumbaba entre los muslos.El sol pegaba fuerte en la piel, haciendo que la camiseta de tirantes se me pegara aún más a las tetas. Sentía el sudor resbalando por la espalda, mezclados con la humedad que se había acumulado en los shorts por la mano de él en mi pierna durante todo el camino.El coño me dolía ahora de verdad, latía con cada paso mientras levantaba la vista hacia la mansión enorme, preguntándome qué clase de hombre tenía un sitio así y por qué demonios se empeñaba tanto en meterme dentro.Cerró la puerta del conductor con un golpe seco y rodeó el coche hasta mi lado, imponiéndose sobre mí con aquella sonrisa segura que siempre me revolvía el estómago.—Vamos, Julia, no seas tonta. Hace demasiado ca
POV de Julia—Fred, ¿puedes dejarme en el centro comercial rápido? Necesito recoger ese paquete y volver a casa antes de que mamá empiece a bombardearme el teléfono otra vez —dije, moviéndome en el asiento del copiloto de su coche de lujo. Los muslos desnudos se me pegaban al cuerpo caliente mientras las calles de la mañana bullían de gente que se apresuraba al trabajo.La camiseta de tirantes me quedaba demasiado apretada sobre las tetas y no paraba de tironear del dobladillo, intentando ignorar cómo los pezones seguían duros por el aire frío que salía de las rejillas… o tal vez por la forma en que Fred no dejaba de echar vistazos a mis piernas cada pocos segundos.Dios, el coño ya se me estaba poniendo resbaladizo solo de estar tan cerca de él. El ronroneo del motor vibraba a través del asiento y hacía que el clítoris me latiera un poco con cada bache de la carretera.Aferraba el volante con una mano grande; la otra descansaba cerca de la palanca de cambios, lo bas
POV de Julia—Mamá, ¿qué demonios está pasando tan temprano? Apenas había logrado dormir —murmuré, frotándome los ojos mientras tropezaba fuera de mi diminuto dormitorio hacia la sala de estar estrecha, donde la luz de la mañana apenas se colaba a través de las cortinas diseñadas.Mi camiseta de tirantes se pegaba a la piel por el calor y los shorts se me subían por los muslos, mostrando más de lo que quería que nadie viera, pero ¿a quién le importaba? Era mi casa.Mamá estaba ahí, con las manos en las caderas, con cara de urgencia y estrés, como si el alquiler se hubiera vencido ayer… que probablemente así era.—Julia, date prisa y vístete decentemente. Necesitamos que corras al centro comercial ahora mismo y recojas ese paquete. Es importante para la familia. Ya sabes cómo van estas cosas, no discutas, solo muévete.Me quedé congelada a mitad de un bostezo porque ahí estaba él, sentado en nuestro viejo sofá como si fuera el dueño del maldito lugar. Fred. Cuaren
POV de KylieNos quedamos un rato más sentados bajo la luz tenue de la oficina, con la pantalla del ordenador brillando entre nosotros, hasta que el último archivo quedó guardado y el zumbido de las máquinas se hizo más fuerte en el silencio total.El coño me dolía todavía, rico y hondo, de la polla de Caleb, y cada movimiento en la silla hacía que su semen se deslizara dentro de las bragas empapadas.El calor pegajoso no dejaba de recordarme lo fuerte que me había follado antes y hacía que el clítoris me latiera despacio y constante, como si quisiera más incluso ahora.—Todo parece correcto —dijo Caleb, cerrando el programa y echándose hacia atrás en la silla.La mano volvió a posarse en mi muslo bajo el escritorio, apretando con firmeza y mandando calor directo al centro.—Deberíamos irnos antes de que la seguridad empiece a preguntarse por qué siguen las luces encendidas.—Sí, vamos —respondí, levantándome y alisando la falda sobre el culo.Sentía
POV de KylieEstábamos cerca en la despensa mientras el sol bajaba fuera de las ventanas, proyectando sombras largas sobre las encimeras.Me moví de peso y sentí otro hilo lento del semen de Caleb escaparse del coño hacia las bragas ya empapadas, haciendo que la tela se pegara a los pliegues hinchados.El clítoris me latía constante y cálido del polvo anterior y cada pequeño movimiento enviaba chispas frescas por la columna.Cogí otra galleta con queso intentando actuar con normalidad mientras los pezones seguían tiesos contra la blusa.—Estos snacks vienen de puta madre después de todo —dije, dando un sorbo al café que nos había servido a los dos.La voz me salió más suave de lo habitual, todavía ronca de todos los gemidos que había soltado sobre aquel escritorio.Caleb se apoyó en la encimera a mi lado; el brazo me rozaba mientras bebía.Los ojos verdes se le veían cansados, pero más cálidos ahora.—Ni de coña. El proyecto me está echando demasiadas noches últimamente. La dirección
POV de KylieEl pecho me subía y bajaba con fuerza mientras seguía tendida sobre el escritorio con Caleb todavía enterrado hondo dentro de mí; su polla se contrajo con los últimos pulsos de semen.El calor espeso se me escapaba alrededor del tronco y resbalaba por la hendidura del culo hasta los papeles esparcidos, dejando un lío pegajoso entre los muslos.Joder, se había sentido tan crudo y tan bueno que el coño seguía apretándolo como si no quisiera soltarlo nunca.Las piernas seguían enrolladas con fuerza alrededor de su cintura, los talones clavados en su espalda, mientras el sudor se enfriaba en la piel y las tetas me subían y bajaban pesadas y expuestas por la blusa abierta.—Hostia, qué intenso —respiré, con la voz ronca, mientras la realidad empezaba a colarse.Las manos se me deslizaron por su pecho, sintiendo el músculo duro bajo la camisa, y apreté el coño a su alrededor una vez más sólo para oírlo gemir.Caleb se retiró despacio; los ojos verdes se le abrieron como si no p







