LOGIN
El calor de Maracay se sentía en la piel, pero para ser época navideña, la calle estaba bastante llevadera. Había gente por todos lados buscando ropa y regalos, pero he visto días muchísimo peores en el centro. Iba caminando pegada a mi hermana Michel, mirando las vitrinas de las tiendas de zapatos mientras la conversación fluía entre nosotras y Carolina, su amiga y mánager, quien se había ofrecido a llevarnos en su carro para hacer las compras de los estrenos.
Ese día no tenía ganas de esconderme ni de llamar la atención de más. Salí con un enterizo que me marcaba bien la figura -después de todo, para algo me había operado los senos y las nalgas- y me sentía bastante segura. Sabía que la gente nos iba a mirar, pero asumí que no se nos acercarían tanto. Al fin y al cabo, aunque ya no podía pasar desapercibida por completo, todavía me estaba acostumbrando a esto de que supieran quién era. Tengo 18 años y la gente en la calle ya me identifica como "La Doble V", mi nombre artístico. Mi historia en la música no empezó con un gran contrato ni con una estrategia planeada. Todo comenzó a los 15 años, metida en el estudio de El Negro, un productor que conozco desde hace tiempo. Yo no iba a grabar; solo iba a mirar, a aprender y a alimentar ese sueño que tenía por dentro. Hasta que a los 17 años, escuchando un tema al que le faltaba un verso, me atreví a escribirlo. A El Negro le gustó tanto que llamó de vuelta al chamo de la canción. Cuando él me escuchó, propuso que entráramos juntos. Ese fue mi primer featuring. Después vinieron dos colaboraciones más, entre ellas un remix con varios artistas de la escena urbana. No me consideraba una artista consagrada todavía, ni siquiera me había lanzado oficialmente, pero la tercera canción se había vuelto un fenómeno. En T****k estaba pegadísima, el audio corría por todos lados y en Venezuela -e incluso en varios países de Latinoamérica- la gente no paraba de escucharla. Ya sumaba 500 mil seguidores en I*******m, aunque todavía ni video oficial teníamos. Mi estilo era un trap con todo un poco: callejero, pero con ese toque urbano y sensual que me caracterizaba. -¡Doble V! -escuché que gritó una chama desde la entrada de una tienda. Michel me meció el brazo con una sonrisa. La chama se acercó con pena, pidiéndonos una foto a las dos. Nos tomamos la foto, la saludamos con cariño y seguimos caminando. Alrededor, los murmullos no tardaron en aparecer. Sentía las miradas clavadas en la espalda, los comentarios en voz baja de la gente reconociéndome, pero traté de actuar con naturalidad. Por dentro, mi realidad era muy distinta a la imagen de trapera segura y sensual que proyectaba en redes. La gente me veía operada, cantando trap y seguro se imaginaban mil cosas de mi vida amorosa, pero la verdad es que sigo siendo virgen. Tuve un solo novio con el que nunca llegué a tener relaciones porque no me sentía lista. Y menos mal, porque la historia terminó fatal: un día llegué a su casa y lo encontré con otra tipa que jamás en mi vida había visto. Soy súper impulsiva cuando me mecen el avispero, así que lo cacheteé, lo empujé y le dejé claro que se había acabado. Me buscó, me pidió perdón mil veces, pero lo bloqueé de todos lados, me mudé y más nunca supe de él. Ahora, tanto Michel como yo estamos solteras. Salimos de la tienda con las bolsas de zapatos en la mano y caminamos de regreso al carro de Carolina. Michel, de 20 años, es creadora de contenido y empresaria; ella ya tiene su equipo armado, incluyendo a Carolina y a nuestro chófer, Neyder. Yo apenas estoy empezando a armar el mío: tengo a El Negro en la producción y a Franklin, mi fotógrafo personal, que trabaja exclusivamente conmigo. Al pensar en el equipo, me vino a la mente Neyder. Él tiene 27 años y lleva apenas dos meses trabajando con nosotras manejando la camioneta Chevrolet. Ese día lo tenía libre, por eso fuimos con Carolina. La verdad es que casi no le hablo. Hay una tensión rara entre los dos; siento algo por dentro cuando lo veo, me gusta, pero me hago la loca y prefiero mantener la distancia porque me he dado cuenta de que él me mira mucho. Se nota que también le llamo la atención, aunque cuando me habla lo hace con un respeto impecable. Se comunica mucho más con Michel que conmigo, y yo prefiero que siga siendo así... por ahora. Carolina abrió el seguro del carro y metimos las bolsas en el maletero. El aire acondicionado del carro fue un alivio inmediato contra el calor de Maracay. Mientras nos acomodábamos para regresar a casa, me quedé mirando por la ventana pensativa. Vivimos en un conjunto de apartamentos bastante particular: en un departamento vivimos Michel y yo; y en el de al lado, en el mismo piso, vive mi mamá con mi hermana menor, Aranza, de 15 años. La relación con mi mamá no es la más cercana. Aunque hablo con ella normal y sé que me apoya en la música, hay comportamientos y cosas de su actitud con las que simplemente no conecto, así que mantengo mi espacio. De mi papá no sabemos casi nada; se cortó por completo. -Bueno, chicas, misión cumplida con los estrenos -dijo Carolina encendiendo el motor y metiendo el arranque.Llegué al lugar a las 11:30 p.m. Las luces del estudio estaban tenues, el ambiente olía a humo de porro y los beats callejeros retumbaban en las cornetas. Entré sin tocar. Con paso firme y el taconazo marcando territorio, solté un seco:—Buenas noches.Todos los presentes se giraron al instante. Se hizo un silencio sepulcral en la sala; las miradas de los hombres se clavaron en mí, atónitas. Nadie dijo una palabra. Neyder se quedó completamente congelado. Sosteniendo un porro en la mano, intentó disimular la impresión y le habló al productor fingiendo indiferencia:—Ponla a ver cómo suena...Los chamos en el estudio se miraron entre sí, entendiendo la escena de inmediato. Uno de ellos rompió el silencio:—Brothers... vamos a salir un momento.Se retiraron todos, dejándonos completamente solos. Neyder caminó hacia la computadora, dándome la espalda sin mirarme.—¿Qué carajos haces aquí? —preguntó.—Estoy donde me da mi hijueputa gana —respondí con firmeza, manteniéndome erguida antes
En la noche me tocó a mí devolverle el gesto. Le entregué mis regalos: un reloj exclusivo, una colección de gorras que le encantaban y una pulsera de plata labrada con una imagen en alto relieve de mis ojos. Por la parte trasera de la pulsera le mandé a grabar una frase que definía lo nuestro: «My Demon». Pasamos una noche increíble juntos, como siempre.El 21 de febrero la historia dio un giro gigante. Neyder lanzó su tema «Matón», un trap de calle bien pesado que se volvió una locura internacional en cuestión de días. El impacto fue tan masivo que para marzo ya estaba grabando el remix oficial nada menos que con Luar y Jon Z, dos referentes gigantes de Puerto Rico. Me sentía absurdamente orgullosa de él.Aunque a Neyder le llovía hate en redes de gente diciendo que se estaba «colgando de mi fama», en la industria la cosa cambió: profesionalmente se agrandó el respeto hacia él, pero en la intimidad conmigo siguió siendo el mismo hombre de siempre.El 15 de marzo estábamos instalados
A las 10:30 p.m. salimos hacia el conjunto residencial, llegando cerca de las 11:00 p.m. En el departamento de mi mamá se quedaron Aranza, mi tía Alejandra, Noemí y mi abuela. También se quedaron Mateo y Mía, porque mi mamá quería ver películas con los niños y consentirlos con un postre que tenía reservado en la nevera.Mientras tanto, en el departamento de Michel y mío organizamos una pequeña reunión para tomar unos tragos y conversar. Subimos Michel, Andrés, Franklin, Neyder y yo. Al principio la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo: yo me mantenía seria y distante, pero Neyder no dejaba de buscarme con la mirada cada vez que tenía la oportunidad...Me fui a la cocina a servirme un cóctel. Me apoyé sobre el mesón con un pitillo en la boca, inclinándome un poco hacia adelante. En eso, sentí a Neyder caminando a mis espaldas a propósito. Pasó pegadísimo a mí, rozándome el cuerpo al andar. No conforme con eso, dio la vuelta para regresar a la sala y volvió a rozarme, haci
Llegó el martes. En la mañana, Michel y Neyder hicieron una jornada caritativa entregando desayunos a gente en situación de calle. En la tarde nos tocaba a nosotros regalar juguetes a los niños en la plaza, y Neyder también iría a colaborar.A las 3:00 p.m., Franklin nos pasó buscando en su moto a Noemí y a mí para ir un rato a su casa. Mientras jugaba con la hijita de Franklin —una niña hermosa de dos años—, él intentó sacarme el tema de Neyder.—Por favor, Franklin, no entremos en ese tema. Gracias —le dije cortante.Salí al balcón a tomar aire. Mientras algunas personas del sector me pedíanfotos desde abajo, miré hacia la acera de enfrente y vi a Mateo jugando con sus amigos. Neyder no estaba allí; andaba descansando en la otra casa preparándose para la entrega de juguetes. Mateo levantó la cabeza, me descubrió en el balcón, me saludó con la mano y me regaló una sonrisa hermosa.—¡Te ves rara con esos lentes! —me gritó risueño, haciendo referencia a los lentes gruesos que llevaba p
Nos fuimos a la cena de Nochevieja en la casa de los suegros de Michel.Al llegar, nos encontramos a todos sentados en la mesa rectangular grande.El único puesto libre para mí estaba justo al frente de él. Me senté callada y seria, clavanándole miradas fijas para intimidarlo mientras él se hacía el desentendido.A eso de las 3:00 a.m., arrastré una silla y me le senté al lado.-¿Qué? -me soltó de una, seco.-¿Qué de qué? -le respondí.-¿Michel no te dijo que te mantuvieras alejada de mí? Siéntate para otro lado, por favor.-¡Me siento donde me dé la gana! -le respondí desafiante.Neyder se levantó de la silla con fastidio y se fue a sentar lejos. En ese instante, Michel me picó el ojo y me dijo en voz alta: "Victoria, acompáñame a comprar hielo".Le pidió las llaves de la camioneta a Neyder. Él solo preguntó a qué hora volvíamos porque ya se iba a ir, a lo que Michel le respondió cortante. Nos montamos en el carro pero no fuimos por ningún hielo: nos escapamos directo a mi departamento
A las 8:00 p.m. Neyder me despertó llenándome la espalda y las caderas de besos. Al abrir los ojos noté que mi equipo no estaba en la habitación. Él me explicó que habían bajado y que seguro tardaban en subir, pero no esperó ni un segundo: empezó a besarme la parte baja por encima del short.Eché la cabeza hacia atrás por la excitación mientras intentaba quitarle la mano del muslo.—Espérate, que pueden venir... —le dije entre dientes, tratando de frenarlo.Él no me hizo caso y siguió. Justo cuando estaba a punto de quitarme el short, se escucharon varias voces en el pasillo. Nos quedamos paralizados del susto. Me separé de golpe y me senté en la cama intentando disimular, pero al final solo eran otras personas pasando por afuera.Neyder me jaló del brazo con intención de seguir.—Ven acá... —me susurró.—¡Noooo! —le respondí muerta de la risa.—Acho, ea la madre... Aunque sea dame un beso —protestó él, soltando un suspiro de resignación.Me acerqué a dárselo, pero intentó morderme el







