LOGIN"El escondite equivocado" El CEO Salvatore Dijo a su amigo. — Tú lo que tienes que hacer es mantener la calma, pensar con la cabeza fría como lo haces todo el tiempo. Necesitamos al mejor estratega en situaciones de riesgo. Eliester respiró profundamente, le era difícil, por supuesto que sí, mantenerse calmado, pero lo haría para que la búsqueda de su hijo resultara exitosa y poder abrazarlo de nuevo. — Lo haré, estudiemos de nuevo las pistas. (...) La primera pista los condujo hasta un taller abandonado. El automóvil de Irina estaba estacionado detrás de una construcción de ladrillo, con las puertas cerradas y las luces apagadas. Dos hombres de seguridad rodearon el vehículo mientras Luciano se acercaba con cautela. Rodrigo abrió la puerta del conductor. Estaba vacío. En el asiento trasero había una manta infantil, un biberón y un pequeño gorro. El patriarca Ivanov sintió que el estómago se le encogía. —¡Maldita sea! Luciano examinó el interior sin toca
Luciano Salvatore no estaba dispuesto a que su amigo perdiera a su bebé. Se había mantenido un poco al márgen, después de todo los abuelos del niño eran hombres muy poderosos, al igual que su padre y su tío Ivanko. La villa de Sara Ivanov se había convertido en un escenario de tensión insoportable. Rodrigo Ivanov permanecía en medio del salón principal, con la mandíbula tan apretada que los músculos de su rostro se marcaban bajo la piel. A su lado, su yerno Ivanko caminaba de un extremo a otro, incapaz de aceptar que, después de haber llegado hasta allí, su sobrino siguiera desaparecido. Yuri, por su parte, observaba a Irina con una mezcla de rabia y decepción. La mujer que alguna vez había formado parte de su vida había cruzado una línea que ni siquiera él, conociendo su carácter, habría imaginado. Sara Ivanov estaba frente a ellos, fingiendo una tranquilidad que comenzaba a resquebrajarse. —Ya han registrado toda mi propiedad —declaró con irritación— No hay ningún niñ
Yuri avanzó lentamente con toda su imponencia en su traje oscuro. Irina lo reconoció de inmediato y su expresión cambió. —Tú también has venido. —Por supuesto. —Pensé que, después de todo lo que ocurrió entre nosotros, al menos tendrías la decencia de mantenerte al margen. Yuri la miró con una mezcla de decepción y desprecio. —¿Decencia? ¿Quieres tú, hablarme de decencia? Acabas de secuestrar a un recién nacido, nada menos que a mí nieto y de Angelic. Ella alzó el mentón. —Fuiste mi amante. Me conoces mejor que todos ellos. Lo que hago tiene un motivo, le entrego al niño a su bisabuela, de paso tú y los Ivanov, sufren un poco. Piénsalo, no es nada en comparación de lo que tú y Rodrigo me hicieron sufrir a mi. —Precisamente por eso estoy aquí. Irina parpadeó. —¿Qué significa eso? —Significa que conozco tu capacidad para manipular a los demás. Sé cómo utilizas los sentimientos de las personas para conseguir lo que quieres. Sé cómo conviertes tus frustraciones e
. Yuri observó con seriedad a su hijo. Entonces dijo algo. —Quiero que entiendas algo. No voy a defenderla por lo que fuimos alguna vez. Tampoco voy a justificarla porque conozca sus debilidades. Si ha secuestrado a mi nieto, deberá responder por ello. El ex Pakhan dejó escapar el aire antes de decirle a su hijo. —No te estoy pidiendo que la odies. Ella es tu madre, a final de cuentas. —No necesito odiarla para detenerla. Ivanko miró hacia la carretera. —Y si cree que todavía tiene algún poder sobre mí solamente porque es mi madre, hoy descubrirá lo equivocada que está. (...) LA CASA DONDE SE ESCONDÍA LA TRAICIÓN La propiedad de Sara Ivanov se encontraba apartada de las principales carreteras, rodeada por altos árboles y protegida por un muro de piedra. Era una residencia elegante, construida décadas atrás, con enormes ventanales y un jardín que habría resultado hermoso en cualquier otra circunstancia. Aquella msdeugada sin embargo, parecía una fortaleza enem
El silencio dentro de los coches de operaciones de los Ivanov era tan tenso que nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra. Sobre la pantalla que permanecía a un lado del volante se encontraba congelada la última imagen captada por una de las cámaras de seguridad de la ciudad. En ella aparecía Irina, con el rostro parcialmente cubierto por una bufanda oscura, subiendo a un vehículo negro con el pequeño heredero Ivanov entre sus brazos. Un segundo después, la puerta del automóvil se cerraba. Y el coche desaparecía de la grabación. Rodrigo Ivanov permanecía con la mirada fija frente a la pantalla, con las manos apoyadas sobre sus piernas y la mandíbula tan apretada que parecía a punto de romperse los dientes. Su nieto había sido arrancado de los brazos de sus padres. Su familia estaba en peligro. Y alguien de su propia sangre había facilitado aquella atrocidad. —Quiero saber quién conducía ese vehículo —ordenó con una voz helada— Revisen cada cámara, cada carret
La voz del jefe de seguridad llegó desde el pasillo. Eliester se separó de Amelia, le besó la frente y salió de la habitación. —Habla. El hombre le mostró una tableta con varias imágenes. —El automóvil aparece en una cámara de tráfico situada a unos kilómetros del hospital. La matrícula coincide parcialmente con la de un vehículo registrado a nombre de una empresa privada. —¿Qué empresa? —Estamos verificándolo. Sin embargo, tenemos una segunda grabación. El vehículo tomó una desviación hacia una carretera secundaria. Eliester examinó las imágenes. El automóvil negro aparecía en una intersección. La cámara había captado parte de la matrícula y un pequeño distintivo en la parte trasera. —Amplía esa zona. El guardia obedeció. —Ese distintivo… —murmuró Eliester. Le resultaba familiar. No podía identificarlo con certeza, pero recordaba haber visto un símbolo parecido en uno de los vehículos utilizados por personas relacionadas con las propiedades de su familia.







