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Un horario sagrado.

مؤلف: Pandora
last update تاريخ النشر: 2026-11-01 21:33:19

La amistad entre Emma Rivas y Sasha había crecido de una manera que nadie en la familia Ferrer habría podido anticipar.

Lo que comenzó como una visita ocasional, después de que el pequeño descubriera que Emma debía cuidar su alimentación por la diabetes, se había convertido en una costumbre imposible de romper.

Sasha aparecía todos los fines de semana.

A veces llegaba el sábado por la mañana. Otras, el viernes por la tarde, acompañado de algún regalo que había elegido personalmente. En
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  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Cuando los Ferrer, necesitan a su familia.

    El pequeño miró a Emma. Su tez estaba palida, sus ojitos azules estaban llorosos. El sabía lo mucho que detestaba las agujas, y ahora ella tenía que soportarlas. —Quiero aprender sobre la diabetes. Cuando su azúcar baja, puede ponerse muy mal. Yo no quiero que vuelva a pasarle. Luciano dejó de sonreír. Se puso serio. Se agachó frente al niño. —Es muy bonito que quieras ayudarla, Sasha. Pero recuerda algo: tú eres su amigo, no su médico. Los adultos y los especialistas deben encargarse de su tratamiento. —Pero puedo aprender a reconocer cuando se siente mal, ¿verdad? —Eso sí. Puedes aprender a avisar rápidamente a sus padres y pedir ayuda. Así podrán atender rápidamente a Emma si se presenta una crisis. Eliester, que había escuchado la conversación, intervino: —Podemos conseguirte libros apropiados para tu edad. También podemos pedirle a un especialista que te explique cómo funciona la diabetes. Sasha asintió con entusiasmo. —¡Sí! Eso me gustaría mucho, además

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Los CEOS llegan al hospital.

    El sábado había dejado de ser un día tranquilo para convertirse en una de las jornadas más angustiantes que había vivido la familia Ferrer. Emma permanecía hospitalizada, bajo observación médica, después de aquella primera crisis de hipoglucemia desde que había sido diagnosticada con diabetes tipo 1. Damiano no se había separado de su hija ni un solo instante. Valentina estaba sentada junto a la cama, acariciando la manita de la pequeña, mientras Donovan y Sasha permanecían en unos sillones cercanos. La niña había conseguido comer un poco y sus niveles de glucosa comenzaban a estabilizarse. Sin embargo, el CEO Ferrer seguía teniendo el rostro endurecido. No había conseguido quitarse de la cabeza la imagen de Emma perdiendo el conocimiento. —Deberías comer algo —le pidió Valentina. —No tengo hambre. —Damiano... —Valentina, nuestra hija se desmayó delante de nosotros. ¿Cómo esperas que tenga hambre? La arquitecta suspiró y le acarició el brazo. —También te nece

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   No permitas que la muerte me lleve.

    Momentos después en el hospital. La pequeña fue trasladada directamente al área de urgencias pediátricas. Los camilleros corrían por los pasillos con la niña en la camilla. Los médicos continuaron monitorizando su glucosa, administraron el tratamiento necesario y comprobaron que no existieran otras complicaciones. Damiano caminaba de un lado a otro del pasillo. Se pasaba las manos por el rostro, los minutos le parecían eternos. Tenía las mangas de su camisa remangadas y el cabello desordenado. Su teléfono no dejaba de sonar, pero no contestaba ninguna llamada. No le importaba la compañía. No le importaban los contratos. No le importaba absolutamente nada que no fuera su hija. Cuando Valentina llegó con Donovan y Sasha, lo encontró sentado frente a la puerta de urgencias, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas. —¿Cómo está? —preguntó la madre inmediatamente. Damiano levantó la cabeza. —El médico está revisándola. La glucosa está res

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Emma sufre una crisis.

    El sábado por la mañana había comenzado como cualquier otro en la mansión Ferrer. El sol iluminaba los enormes ventanales del comedor, mientras los empleados terminaban de preparar el desayuno. Damiano Ferrer estaba sentado a la cabecera de la mesa, revisando unos documentos en su tableta, aunque su atención se encontraba principalmente en la pequeña niña que tenía enfrente. Emma estaba desayunando unas tostadas, acompañadas de fruta y un vaso de leche. A su lado, Donovan conversaba sobre un videojuego, mientras Sasha, que había llegado temprano para pasar el fin de semana con su amiga, le enseñaba un pequeño libro que había llevado. —Cuando terminemos de desayunar, podemos jugar en el jardín —propuso Sasha. —¡Sí! También podemos enseñarle a Donovan el escondite que encontramos ayer. Damiano levantó la mirada. —Primero desayunan. Después pueden hacer lo que quieran. —Papá, ya estoy desayunando —protestó Emma. Valentina soltó una risita mientras le acomodaba un mech

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   El rival del CEO Ferrer.

    El siguiente sábado llegó más rápido de lo que Damiano Ferrer hubiera deseado. A las nueve y media de la mañana, el empresario ya estaba sentado en el despacho de su mansión, con un tablero de ajedrez sobre el escritorio y un libro abierto a un lado. Había pasado parte de la noche repasando algunas estrategias. No iba a admitirlo, pero se había tomado muy en serio aquella partida. —¿Qué haces? —preguntó Valentina al entrar. Damiano levantó la mirada. —Trabajo. Su esposa observó el tablero. —¿Desde cuándo trabajas con piezas de ajedrez? —Estoy preparando una estrategia. —¿Para una negociación? —Algo parecido. Valentina se acercó y miró las piezas. —¿Para ganarle a Sasha? El CEO cerró el libro inmediatamente. —No estoy obligado a perder contra un niño solamente porque sea pequeño. Valentina soltó una carcajada. —¡Damiano, por dios! Es una partida amistosa. —Precisamente. Y pienso ganar amistosamente. Antes de que pudiera añadir algo, escucharon el sonido del timbre.

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Dueño de los sábados.

    Damiano Ferrer había enfrentado negociaciones millonarias, empresarios arrogantes, enemigos que pretendían desafiar su autoridad y situaciones capaces de poner en riesgo su imperio. Sin embargo, ninguna de aquellas experiencias no lo había preparado para Sasha. El pequeño tenía apenas unos años y, de alguna manera, había conseguido establecerse en su mansión como un integrante más de la familia. Lo peor era que Emma estaba encantada. Y Valentina también. Aquella tarde de sábado, después de comer, los dos pequeños se encontraban en el jardín. Emma estaba sentada sobre una manta, dibujando con unos lápices de colores, mientras Sasha leía un libro infantil sobre el cuerpo humano. —¿Qué estás leyendo? —preguntó Emma. —Un libro de medicina para niños. —¿Otra vez medicina? —Sí. Quiero aprender muchas cosas. —¿Para ser doctor? Sasha levantó los ojos. —Tal vez. Aunque todavía no estoy seguro. Emma se inclinó para observar las ilustraciones. —¿Y vas a curarme cuan

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