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El pequeño Diamantis.

작가: Pandora
last update 게시일: 2026-10-31 23:15:48

CAPÍTULO: UN PEQUEÑO CABALLERO Y UNA PROMESA DE AMOR

La tarde había caído sobre la mansión Ferrer. Los enormes ventanales permitían que los últimos rayos del sol iluminaran los elegantes pasillos, mientras el personal terminaba de preparar la merienda.

Damiano Ferrer se encontraba en su despacho, revisando unos documentos de la compañía, cuando su teléfono vibró.

—¿Qué sucede? —contestó con su habitual tono autoritario.

—Señor, ha llegado una visita para la señorita Emma.

Damiano fr
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  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   El rival del CEO Ferrer.

    El siguiente sábado llegó más rápido de lo que Damiano Ferrer hubiera deseado. A las nueve y media de la mañana, el empresario ya estaba sentado en el despacho de su mansión, con un tablero de ajedrez sobre el escritorio y un libro abierto a un lado. Había pasado parte de la noche repasando algunas estrategias. No iba a admitirlo, pero se había tomado muy en serio aquella partida. —¿Qué haces? —preguntó Valentina al entrar. Damiano levantó la mirada. —Trabajo. Su esposa observó el tablero. —¿Desde cuándo trabajas con piezas de ajedrez? —Estoy preparando una estrategia. —¿Para una negociación? —Algo parecido. Valentina se acercó y miró las piezas. —¿Para ganarle a Sasha? El CEO cerró el libro inmediatamente. —No estoy obligado a perder contra un niño solamente porque sea pequeño. Valentina soltó una carcajada. —¡Damiano, por dios! Es una partida amistosa. —Precisamente. Y pienso ganar amistosamente. Antes de que pudiera añadir algo, escucharon el sonido del timbre.

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Dueño de los sábados.

    Damiano Ferrer había enfrentado negociaciones millonarias, empresarios arrogantes, enemigos que pretendían desafiar su autoridad y situaciones capaces de poner en riesgo su imperio. Sin embargo, ninguna de aquellas experiencias no lo había preparado para Sasha. El pequeño tenía apenas unos años y, de alguna manera, había conseguido establecerse en su mansión como un integrante más de la familia. Lo peor era que Emma estaba encantada. Y Valentina también. Aquella tarde de sábado, después de comer, los dos pequeños se encontraban en el jardín. Emma estaba sentada sobre una manta, dibujando con unos lápices de colores, mientras Sasha leía un libro infantil sobre el cuerpo humano. —¿Qué estás leyendo? —preguntó Emma. —Un libro de medicina para niños. —¿Otra vez medicina? —Sí. Quiero aprender muchas cosas. —¿Para ser doctor? Sasha levantó los ojos. —Tal vez. Aunque todavía no estoy seguro. Emma se inclinó para observar las ilustraciones. —¿Y vas a curarme cuan

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Un horario sagrado.

    La amistad entre Emma Rivas y Sasha había crecido de una manera que nadie en la familia Ferrer habría podido anticipar. Lo que comenzó como una visita ocasional, después de que el pequeño descubriera que Emma debía cuidar su alimentación por la diabetes, se había convertido en una costumbre imposible de romper. Sasha aparecía todos los fines de semana. A veces llegaba el sábado por la mañana. Otras, el viernes por la tarde, acompañado de algún regalo que había elegido personalmente. En ocasiones llevaba libros, juguetes, rompecabezas o pequeñas sorpresas que consideraba apropiadas para su amiga. Y, por supuesto, nunca olvidaba llevar algo que Emma pudiera comer. El personal de la mansión ya lo conocía tan bien que ni siquiera necesitaba anunciarse. —¡Buenos días, señor Sasha! —Buenos días. ¿Emma está despierta? —Está desayunando, pequeño. —Perfecto. Dígale que ya llegué. Y entraba como si aquella también fuera su casa. Aquello, naturalmente, tenía a Damiano Fer

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   El pequeño Diamantis.

    CAPÍTULO: UN PEQUEÑO CABALLERO Y UNA PROMESA DE AMOR La tarde había caído sobre la mansión Ferrer. Los enormes ventanales permitían que los últimos rayos del sol iluminaran los elegantes pasillos, mientras el personal terminaba de preparar la merienda. Damiano Ferrer se encontraba en su despacho, revisando unos documentos de la compañía, cuando su teléfono vibró. —¿Qué sucede? —contestó con su habitual tono autoritario. —Señor, ha llegado una visita para la señorita Emma. Damiano frunció el ceño. —¿Una visita? —Sí, señor. Es el pequeño Sasha Diamantis. Viene acompañado de su padre y trae unos regalos para la niña. El CEO dejó de escribir. ¿Sasha? ¿El hijo de Abelardo Diamantis? Aquel pequeño griego que había conocido a su hija y que, aparentemente, había desarrollado una simpatía bastante particular por ella. —¿Qué clase de regalos? Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. —Un oso de peluche, señor. Y una caja de chocolates en forma de corazón.

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Un pequeño caballero.

    Damiano tomó la caja y leyó cuidadosamente la etiqueta. Abelardo tuvo que contener una sonrisa. El CEO Ferrer parecía estar inspeccionando un cargamento de mercancía sospechosa. —¿Sin azúcar? —preguntó. —Sí, señor. —¿Sabes por qué? Sasha asintió. Y entonces dijo algo que consiguió que los dos adultos presentes guardaran silencio. —Porque Emma tiene diabetes. Damiano lo observó fijamente. El pequeño dejó el oso entre los brazos de su amiga y continuó: —Mi papá me explicó que ella necesita cuidar lo que come y que hay cosas que pueden hacerle daño. Por eso quise buscar algo que pudiera regalarle sin que tuviera problemas. Emma sonrió. —¡Gracias, Sasha! El niño se acomodó la camisa y añadió con una seriedad que no correspondía a su corta edad: —También voy a estudiar mucho sobre la diabetes. Abelardo levantó las cejas. Damiano se quedó inmóvil. —¿Cómo dices? —preguntó el CEO. Sasha levantó la mirada hacia él. —Voy a aprender todo lo que pueda sob

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Un CEO dominante.

    Para Damiano Ferrer, una niña tan pequeña no debería estar dosificando la cantidad de dulces que come. — Hablaremos con el médico y le preguntaremos si puedes comerlos de vez en cuando. Emma acercó el rostro a la cámara. —Papi, ¿puedo comer pastel cuando sea mi cumpleaños? El hombre sintió un nudo en la garganta. —Claro que sí, princesa. Vamos a preparar un pastel delicioso y mamá nos ayudará a que puedas disfrutarlo siguiendo las indicaciones de tus médicos. —¿Aunque tenga que ponerme mis pinchacitos? —Aunque tengas que ponerte tus pinchacitos. —Entonces quiero uno de chocolate. —Tendrás uno de chocolate. Emma sonrió satisfecha. Después observó la pantalla con curiosidad. —¿Estás con tus amigos? Damiano giró ligeramente el teléfono. —Sí, cariño. Mira, aquí está el tío Luciano. Los ojos de la pequeña se iluminaron. —¡TÍO LUCIANO! El CEO Salvatore levantó una mano. —Hola, pequeña. Qué bella estás hoy. — Gracias tío, ¿Dónde está la tía Isabella? —

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