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¿PERROS O LOBOS PARTE DOS?

last update publish date: 2026-09-18 12:16:41

Zulema se quedó petrificada del susto, tapándose la boca con las manos para no gritar. Y por si fuera poco, de la oscuridad emergió otro bulto imponente: un lobo de color gris plateado y gran tamaño. Era Dante, el lobo de Mateo.

«¡Tómala, infeliz! ¡Eso te pasa por tocar lo que es de la realeza!» —bramaba Vorak en la mente de Kael mientras le dejaba tres marcas profundas en la espalda a Lucas con las garras, disfrutando cada segundo—. «¡Mira nomás cómo chilla! Le faltó glamour a su grito, jefe.
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  • LA GITANA DEL ALFA   HERMANDAD Y VENGANZA

    El interior de la carpa de Mariela olía a hierbas frescas, romero y manzanilla. Las lámparas de aceite proyectaban sombras titilantes sobre las paredes de lona mientras el calor de una pequeña estufa ahogaba el frío de la noche.Melina y Zulema estaban sentadas en una banca de madera, abrazadas a sí mismas, todavía con las ropas rasgadas, la tierra en la piel y el rostro pálido por la impresión. La jefa de las gitanas se acercó con paso firme, trayendo dos tazas de barro humeantes que desprendían un aroma relajante. Se las entregó con una mezcla de firmeza y compasión.—Tomen, bébanlo todo. Les ayudará a calmar el pulso —les ordenó Mariela en voz baja, sentándose frente a ellas con los brazos cruzados y una mirada escrutadora pero protectora—. Ahora díganme la verdad, sin rodeos: ese maldito de Lucas... ¿las tocó? ¿Llegó a hacerles daño antes de que apareciera el puma?Melina dio un sorbo al té amargo, sintiendo cómo el calor le bajaba por la garganta antes de responder con voz firme:

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    Zulema se quedó petrificada del susto, tapándose la boca con las manos para no gritar. Y por si fuera poco, de la oscuridad emergió otro bulto imponente: un lobo de color gris plateado y gran tamaño. Era Dante, el lobo de Mateo.«¡Tómala, infeliz! ¡Eso te pasa por tocar lo que es de la realeza!» —bramaba Vorak en la mente de Kael mientras le dejaba tres marcas profundas en la espalda a Lucas con las garras, disfrutando cada segundo—. «¡Mira nomás cómo chilla! Le faltó glamour a su grito, jefe. ¡Un cero de calificación en drama!»«Cállate y no lo mates todavía, Vorak» —le regañó la voz mental de Kael, acercándose a trote rápido junto con Dante.Lucas, tirado en el suelo, soltó un grito de terror puro mientras Vorak se cernía sobre él, rechinando los dientes y dándole un par de zarpazos certeros que le desgarraron la ropa y le dejaron la cara sangrando.Zulema, al ver a esas dos bestias colosales, corrió despavorida hacia donde estaba Melina, quien yacía en el suelo temblando de horror

  • LA GITANA DEL ALFA   ¿PERROS O LOBOS PARTE UNO?

    El patio de la hacienda había quedado prácticamente vacío, envuelto en el silencio de la noche y bañado por la luz fría de la luna llena. Cerca de los arcos de piedra, la distancia entre Kael y Melina se sentía cargada de una electricidad invisible, tan densa que el aire crujía.Melina cruzó los brazos sobre su pecho, intentando recuperar el control de su respiración, y lo miró con los ojos oscuros repletos de una mezcla de desafío y desconcierto.—¿Por qué volviste? —le soltó de golpe, con un temblor furioso en la voz—. No podemos estar juntos, estás completamente loco si crees que me dejaré tratar como una ficha más o que permitiré que me hagas lo que quieras..Kael no retrocedió ni un centímetro. Al contrario, acortó el espacio entre ambos con pasos lentos y seguros, con esa imponente presencia de Alfa que parecía absorber toda la luz del entorno.—Tú me salvaste meses atrás —le respondió Kael con voz ronca y profunda, clavando sus ardientes ojos ámbar en los de ella—, y ahora yo t

  • LA GITANA DEL ALFA   DESTINO Y RECHAZO

    El tacto de Lucas sobre su muñeca quemaba como hierro candente. El anillo de compromiso brillaba entre los dedos del gitano, esperando deslizar en su dedo una cadena que Melina sabía que jamás podría romper.Su estómago se contrajo. La sangre le golpeó los oídos y durante un instante el mundo entero se redujo a esa mano sudada sobre su piel, al peso de todas las miradas clavadas en ella, y a una sola idea latiéndole en la cabeza como un tambor de guerra:no, no, no, no.Sacudió el brazo con una violencia salvaje, zafándose del agarre de un solo tirón. El anillo cayó al suelo de tierra apisonada y rodó hasta los pies de un anciano. Nadie se movió a recogerlo. Su respiración era agitada, el pecho le subía y bajaba bajo el vestido carmesí, y sus ojos oscuros chispeaban con una mezcla de rabia y pánico que ya no podía contener.—¡No! —estalló su voz cortando el aire nocturno como el filo de una daga, ante la atónita mirada de todos los invitados—. ¡No me voy a casar con él! ¡No amo a Luca

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    El motor de la camioneta negra se apagó con suavidad frente a los portones de hierro forjado de la antigua hacienda. Kael descendió del vehículo con la elegancia magnética y fría de un hombre intocable. Llevaba un traje de sastre italiano impecable, la corbata oscura perfectamente ajustada y el paso firme, mientras su mano derecha y asistente personal, Mateo, lo seguía de cerca portando un maletín ejecutivo.A pocos metros de la entrada, don Mateo Valdés —el intermediario de la asociación— los esperaba con una sonrisa respetuosa para conducirlos hacia el patio principal donde los líderes gitanos recibían a los invitados de honor.—Señor Kael, bienvenido. Permítame presentarle al patriarca y cabeza de esta comunidad —indicó Valdés con un gesto amable, acercándolos hacia un hombre de presencia imponente, mirada fiera y barbas entrecanas.—Don Tobías, él es el empresario del norte de quien tanto le hable: el señor Kael —presentó Valdés con formalidad.Tobías extendió la mano con una mezc

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    Kael abrió la puerta con cautela antes de retirarse un paso hacia atrás.—Señor Kael, disculpe la molestia —anunció el asistente en voz baja—. Tiene una visita. Es un caballero que insiste en hablar con usted de manera urgente.Del otro lado del umbral no estaba Ruth ni ningún enviado de los Pinos Negros, sino un hombre de mediana edad, vestido con un traje formal pero de cortes algo tradicionales, con el cabello canoso y una expresión de respetuosa urgencia. Era don Mateo Valdés, representante de la Asociación de Inversores del Sur.—¿Señor Kael? Disculpe la intromisión sin cita previa en su hotel —se apresuró a decir el hombre, ajustándose el maletín bajo el brazo con una ligera reverencia de respeto—. Sé que su estancia aquí es estrictamente privada y por motivos de negocios inmobiliarios, pero mi nombre es Mateo Valdés, representante de la Asociación de Inversores del Sur.Kael lo evaluó con una mirada fría, analítica, cruzándose de brazos con la absoluta tranquilidad de un CEO in

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