LOGIN~MINA~ La casa seguía ahí. No sabía qué esperaba encontrar cuando doblé la esquina y la vi frente a mí, quizá algo más pequeño, más deteriorado, menos parecido al lugar que conservaba en mis recuerdos. Pero no. Seguía teniendo la misma forma, las mismas ventanas y el mismo pequeño espacio al frente donde mi hermano y yo habíamos jugado tantas veces cuando éramos niños. Me quedé detenida al otro lado de la calle, mirándola durante un largo rato, sintiendo cómo algo se me apretaba dentro del pecho. Allí había sido feliz de verdad. Antes de Ezequiel. Antes de los hombres armados, las amenazas, los gritos, la sangre y todo lo demás. Allí había tenido una familia, una madre que me regañaba cuando dejaba las cosas tiradas, un padre que llegaba cansado pero siempre encontraba fuerzas para sentarse a cenar con nosotros y un hermano que me fastidiaba hasta hacerme rabiar solo porque podía. Ezequiel había destruido todo aquello. Tragué saliva y aparté la vista de la casa. No quería quedar
~EZEQUIEL~—Dile a Salgado que si vuelve a quedarse corto con una entrega, la próxima vez no voy a cobrarle con dinero.El hombre frente a mi escritorio asintió sin hacer preguntas. Mejor así. Últimamente tenía menos paciencia de la habitual para explicar órdenes que cualquier pendejo con dos dedos de frente debía entender a la primera.Revisé las cifras del cargamento que había llegado la noche anterior, marqué con el dedo una cantidad que no cuadraba y empujé la carpeta hacia él.—Y averigua dónde chingados se perdieron esos doscientos mil. No me vengas mañana con que nadie sabe nada.—Sí, patrón.Lo despedí con un movimiento de la mano y esperé hasta que cerrara la puerta antes de recostarme en la silla. Los negocios seguían funcionando, la gente seguía obedeciendo y mi territorio continuaba siendo mío, pero había una sola cosa que desde hacía demasiado tiempo se negaba a volver a su lugar: Herminia Salazar.La muy cabrona se me había escapado.Cada vez que la cicatriz de mi gargan
~MINA~ —¿Una jaula? —repitió Maksim. Asentí. La incredulidad en su rostro no me sorprendió. Alessia también me observaba con los ojos un poco más abiertos, aunque en ella no distinguía rechazo, sino curiosidad. Artem, en cambio, permaneció tranquilo a mi lado.Él ya sabía exactamente lo que quería hacer y por qué; habíamos hablado de ello antes de sentarnos con Maksim y Alessia, así que no necesitaba ninguna explicación. —Sí —respondí—. Una jaula. Maksim apoyó la espalda contra el sillón y cruzó los brazos. —Explícate. Tomé aire lentamente. Decirlo en voz alta no me provocaba miedo ni vergüenza. Al contrario. Había pensado demasiado en aquello desde que se me ocurrió y cada vez me parecía más justo.Ojo por ojo y diente por diente. —Cada vez que Ezequiel se enfadaba conmigo o quería castigarme por algo, me encerraba en una jaula como si yo fuera un animal. A veces eran horas. Otras veces podía dejarme ahí por días. Dependía de lo que hubiera hecho según él, de su humor o simpl
~MINA~ —Valdés dijo que, si Artem no cumple pronto, va a contarle a Ezequiel quién estuvo detrás de Ramiro y de Chuy. También le dirá dónde puede encontrar a esa persona. Maksim dejó de moverse y la expresión de su rostro cambió de inmediato. Hasta ese momento había permanecido recostado en uno de los sillones, escuchando mientras Artem resumía lo ocurrido, pero aquello bastó para que se incorporara y apoyara los antebrazos sobre las piernas. Alessia, sentada a su lado, también se puso seria y dirigió la mirada hacia Artem. —Ese hijo de puta está empezando a pasarse de listo —dijo Maksim. —Sí —respondió Artem—. Pero también está cansado de esperar. Yo estaba sentada junto a él y sentía su brazo rozando el mío. Habíamos decidido reunirnos con Maksim y Alessia porque, después de la amenaza de Valdés, ya no tenía sentido alguno seguir aplazando lo que sabíamos que tarde o temprano tendríamos que hacer. Artem y yo habíamos hablado antes de venir y estábamos de acuerdo, pero aquello
~ARTEM~Solté el aire por la nariz y apreté el teléfono contra la oreja, conteniendo la irritación que sentí subirme por la garganta y las ganas de mandarlo a la mierda.Valdés ya me estaba jodiendo la paciencia.—Ya te dije que voy a cumplir.Su respuesta llegó cargada de fastidio.—Eso me dices todos los putos días, ruso de mierda. Cada día te llamo para exigirte que cumplas tu parte y cada día me prometes que lo harás, pero sigo sin ver resultados. Ya pasaron semanas desde que hicimos nuestro trato y de que cumplí la mía, y estoy harto de estar esperando que cumplas la tuya.Miré hacia Mina. Seguía cerca de mí, aunque ya no hablaba. Había notado el cambio en mi expresión y ahora me observaba con atención, mientras detrás de ella continuaban el ruido de las herramientas y las voces de los hombres trabajando. Emiliano seguía sentado a su mesa, completamente ajeno a todo, concentrado en su dinosaurio verde.—No necesito que me llames cada maldito día para recordármelo —mascullé.—Ento
Otros cuantos días después... ~ARTEM~ Cuando llegué al local, el ruido de las herramientas se escuchaba desde afuera. Había hombres trabajando en varias partes del lugar, materiales apilados cerca de una pared y una parte de la cocina ya comenzaba a tomar la forma que Mina había imaginado desde aquella primera noche en que le entregué la llave. Lo primero que vi fue a ella. Estaba de pie junto al supervisor de la obra, señalando algo hacia el fondo mientras hablaba en inglés. No era perfecto. Todavía hacía pequeñas pausas, buscaba alguna palabra y de vez en cuando corregía una frase sobre la marcha, pero ya podía mantener una conversación sin depender del traductor del teléfono ni de que alguien estuviera a su lado repitiendo todo por ella. —The counter... I want it a little more... —frunció el ceño, buscando la palabra—. Wide. More wide. El supervisor sonrió. —Wider. —Yes. Wider. So we have more space here. Me quedé unos segundos observándola antes de seguir avanzando. No n







