ログイン~VALENTINA~ El timbre sonó poco después del mediodía y Emiliano dejó lo que estaba haciendo frente a su laptop para ir a abrir, mientras yo permanecía sentada en el sofá con una manta sobre las piernas y una expresión de profundo fastidio por seguir teniendo que guardar reposo. Apenas abrió la puerta, escuché la voz de Mina antes incluso de verla entrar. —Muévete, güero, que vas a tirar la olla. —Mexicana, prácticamente llevo cargándola desde que salimos de casa y todavía no la he tirado. —Porque yo te voy diciendo cómo agarrarla. Artem apareció detrás de ella cargando una enorme olla con ambas manos y me miró como si quisiera dejar muy claro que él no tenía ninguna responsabilidad sobre aquella situación. —Hola, Valentina. —Hola, Artem. Mina entró detrás de él con varias bolsas. —¿Cómo está mi nuera querida? —Hola, suegra —la saludé—. Me siento mucho mejor. —Eso dices porque no te has visto la cara de enferma que todavía tienes. —Gracias por el cumplido. —No es un cumpl
~EMILIANO~ —¿De verdad nunca intentaste empezar algo con otra mujer? —indagó Valentina. Negué con un movimiento de mi cabeza. —No. Ninguna me interesó lo suficiente. Valentina levantó un poco la cabeza para mirarme mejor, como si todavía buscara alguna contradicción en mi respuesta. —¿Ni siquiera lo intentaste? —¿Para qué? —repliqué—. Después de lo nuestro no tenía ganas de meterme en otra relación. Además, estaba completamente enfocado en mi carrera. Entrenamientos, viajes, competencias, contratos... prácticamente vivía entre aeropuertos, circuitos y hoteles. Y después apareció todo lo relacionado con los Montalvo y terminé teniendo todavía menos tiempo para pensar en mujeres. Frunció ligeramente el ceño. —Eso es algo que todavía no comprendo. —¿Qué cosa? —Cómo terminaste aceptando convertirte en jefe del Cártel Montalvo si siempre dijiste que no querías tener nada que ver con ese mundo y mucho menos con el apellido Montalvo. Solté aire lentamente. No era una pregunta co
~EMILIANO~Valentina soltó una risa cargada de malicia y se apartó de mí antes de que pudiera interpretar correctamente aquella expresión en su rostro.—Quiero ver la habitación en la que vamos a dormir —manifestó, como si acabara de recordar algo mucho más importante.La vi dar apenas un par de pasos antes de reaccionar. Estiré la mano, la sujeté del brazo con cuidado de no hacerle daño y la hice detenerse.—Ni se te ocurra escapar así.Giró hacia mí con una inocencia tan falsa que casi consiguió irritarme más.—¿Escapar de qué?—Sabes perfectamente de qué.—Emiliano, estoy cansada —respondió con todo el descaro del mundo—. Me duele la herida y necesito reposar. El médico fue bastante claro con eso.Entrecerré los ojos.—Deja de hacerte la tonta y responde.—No me estoy haciendo la tonta. De verdad me siento mal.La conocía demasiado bien.Podía ver la diversión escondida detrás de aquella expresión supuestamente cansada y eso terminó de confirmar que estaba disfrutando cada segundo.
~VALENTINA~ Un rato después la camioneta se detuvo varios minutos después frente a un edificio de condominios moderno y elegante, de esos que gritaban dinero desde la entrada sin necesidad de tener letreros ostentosos. La fachada combinaba cristal oscuro, acero y líneas limpias, y estaba ubicado en una de las zonas más exclusivas de Chicago, rodeado de rascacielos, restaurantes caros y calles donde hasta los automóviles estacionados parecían competir entre sí por demostrar cuál costaba más. Miré hacia arriba. —Vaya. Emiliano apagó el motor. —¿Qué? —Nada. Solo estaba calculando cuántas mujeres caben en un edificio de este tamaño. Giró lentamente la cabeza hacia mí. —¿Vas a seguir con eso? —Probablemente. —Acabas de salir del hospital. —Y los celos no están contraindicados en la receta. Soltó una risa por la nariz y bajó del vehículo antes de rodearlo para abrirme la puerta. Intenté hacerlo por mi cuenta, pero cuando puse un pie en el suelo ya tenía sus manos e
~VALENTINA~ Dos días después, finalmente me dieron el alta, aunque no podía decir que me sintiera completamente bien. El costado todavía me dolía cuando caminaba demasiado rápido, reía o hacía algún movimiento brusco, pero al menos ya no tenía que seguir soportando aquella habitación blanca ni el olor constante a hospital que tanto me desagradaba. Emiliano, por supuesto, parecía convencido de que salir de allí significaba que debía convertirse en mi enfermero personal. —Puedo cargar mi bolso —le advertí cuando me levanté de la cama, lo agarré para colgármelo en el hombro e intentó quitármelo de la mano. —No puedes. Entrecerré los ojos, fastidiada. —Estoy herida, no inválida. —Hace tres días estabas desangrándote en el suelo. —Y ahora estoy caminando —repliqué, avanzando hacia la puerta de la habitación. —Porque los médicos dijeron que puedes caminar, no porque puedas hacer lo que te dé la gana —rebatió, alcanzándome. Le lancé una mirada irritada, pero terminó qui
~VALENTINA~ Emiliano se quedó unos segundos más junto a mi cama después de que acordamos seguir casados, como si todavía necesitara convencerse de que realmente estaba despierta y viva. Luego miró hacia la puerta y soltó un suspiro. —Voy a dejar pasar a tus padres antes de que tu papá decida matarme por tenerlos esperando afuera. Sonreí. —Sería bastante irónico que sobrevivieras a una guerra entre mafias para que papá te mate en un hospital. —Con tu familia ya no descarto nada. Especialmente con tu padre. Él me ha querido matar prácticamente desde que me conoció y todo fue gracias a tu culpa. —¿Mi culpa? —Sí. Tú eras la que me andaba besuqueando todo el tiempo y diciendo que nos íbamos a casar, y tu padre me culpaba. No pude evitar reír ante los recuerdos que llegaron a mi mente. Emiliano se inclinó, me besó la frente otra vez y salió de la habitación. Apenas unos segundos después, la puerta volvió a abrirse. Mamá entró primero y en cuanto me vio despierta, se llev







