INICIAR SESIÓNCuando la tragedia destruye su mundo, Aryanna acepta un trabajo que cambiará su vida para siempre. Después de perder a su padre y hermana en un accidente devastador, Aryanna Salvatierr se ve obligada a firmar un contrato con Silvain Beaumont, un magnate francés tan seductor como peligroso. Lo que comienza como un simple trabajo de empleada doméstica se convierte rápidamente en una trampa de obsesión, manipulación y deseo prohibido. Silvain no busca solo una empleada. Busca posesión absoluta. Y Aryanna, atrapada por sus propias circunstancias desesperadas, descubrirá que el precio de la salvación puede ser su propia libertad. Pero cuando Matías Orozco, el arquitecto contratado para remodelar la mansión, entra en escena, Aryanna encuentra un escape temporal de las garras de Silvain. Un hombre que la ve como persona, no como propiedad. Un hombre que podría ser su salvación... o la chispa que encienda la furia destructiva de un obseso. Entre secretos oscuros, pasiones prohibidas y juegos de poder, Aryanna deberá decidir: ¿luchar por su libertad o rendirse a la oscuridad que la consume? Una novela de romance oscuro, obsesión y redención que te mantendrá sin aliento hasta la última página.
Ver más―Entonces dile a Beaumont que si mañana la puerta está abierta, no es porque lo perdonamos, es porque mi hermana aprendió a salir.Paula no envió esa frase.Emilia se lo prohibió cinco minutos después, roja hasta las orejas, diciendo que una cosa era sentir poesía violenta y otra muy distinta permitir que un francés rico la leyera sin pagar derechos de autor.Céline estuvo de acuerdo.―Esa frase vale mínimo una renta en zona decente.Teresa dijo que ninguna frase de su hija se facturaba a Beaumont, aunque sí podían considerar cobrarle por desgaste emocional del comedor.Aryanna no dijo nada.Se quedó frente a la pared, mirando la regla nueva.Mañana Aryanna puede irse primero.El plumón de Emilia había temblado en la palabra irse. No mucho. Lo suficiente para que Aryanna quisie
―Dile que una respuesta incompleta no abre mi puerta, pero acaba de hacerme querer escuchar la siguiente.Paula no escribió enseguida.Esta vez nadie la apuró.La frase de Aryanna quedó flotando en la sala con una delicadeza peligrosa. No era una invitación. No era perdón. No era regreso. Pero tampoco era silencio. Y en Casa Salvatierra, después de tantas puertas usadas como trampa, una rendija honesta se sentía más escandalosa que un portazo.Emilia tenía la cobija apretada contra el pecho.―Eso suena a acercarse.Aryanna no le quitó la mirada a Paula.―No. Suena a no mentir.―A veces es lo mismo.Céline, sentada con la espalda muy recta y el marco de PROPIA sobre las rodillas, soltó un suspiro breve.―No, pequeña bestia. Mentir mantiene a todo el mundo quieto en una habitación mal ventilada. No ment
―No ―dijo en voz baja―. Esperando sin acercarse, que es muchísimo peor.Emilia bajó dos escalones más.―Esa frase no me gusta.―A mí tampoco.―No, Ary. No me gusta porque suena a que ya no estás hablando de miedo.Aryanna apagó del todo la pantalla del celular. La sala quedó iluminada solo por la lámpara junto a la vitrina. ELIJO tenía una sombra corta, como si la palabra también estuviera cansada de tanto turno nocturno.―Estoy hablando de peligro ―dijo.Emilia llegó al último escalón.―¿De él?Aryanna tardó.―De mí.Emilia no respondió.Tenía el cabello revuelto y una sudadera enorme, pero los ojos despiertos. Ya no parecía la hermana menor haciendo guardia con chancla. Parecía alguien que había aprendido a distinguir una amenaza
―Si alguien quiere que Silvain enfrente quién le enseñó a amar con puertas, tendrá que esperar mi voz, no esconderse detrás de la mía.Paula tomó el celular de Aryanna con guantes.―No lo abras.―No iba a hacerlo.―Lo digo para que conste.Emilia, sentada en el banco del taller con una lija en la mano, levantó la barbilla.―También puede constar que quiero lanzarle esta tablilla a alguien.Lidia ni siquiera la miró.―No desperdicie madera por gente cobarde.Céline estaba de pie junto a su marco torcido, con el rostro pálido y los labios apretados. La frase del mensaje había tocado justo donde dolía: Maëlle, Silvain, Agatha, las puertas como lección podrida. No era una amenaza grande. Era peor. Era una aguja metida debajo de una uña, buscando que Aryanna reaccionara con la mano equivocada.Paula hizo












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