LOGINNadie durmió esa noche.La lluvia siguió golpeando el techo hasta las cinco de la mañana. No era ruido de fondo, era un tambor encima de la cabeza. En la casa grande, cada puerta que se cerraba sonaba el doble. Cada paso en el pasillo se escuchaba como si fuera a entrar alguien que no debía.A la mañana siguiente, Dorian reunió a los mismos seis ancianos del consejo, más Bram, más Ivara, en la misma sala donde habían decidido que Toren saldría al amanecer con Bram.La sala olía todavía a humo de la noche anterior. Las tazas seguían sobre la mesa, con el té frío y una capa blanca arriba.—Alguien de los que estamos acá adentro —dijo Dorian, parado en el mismo lugar que la noche anterior, con las manos apoyadas en el respaldo de una silla— le avisó al Colmillo Negro que Toren y Bram salían juntos hoy, a las seis, por la ruta norte. Quiero saber quién fue.Feric, el más viejo, se cruzó de brazos. Tenía la barba mojada todavía.—¿Nos estás acusando? ¿A nosotros?—Estoy acusando a uno —dij
La lluvia ya caía fuerte cuando llegaron al límite norte.No era llovizna. Era de esa que te pega en la cara y no te deja abrir los ojos. El barro se pegaba a las botas y las antorchas se apagaban cada tres pasos.Dos guardias sostenían antorchas junto a un cuerpo tirado boca abajo, entre las piedras blancas que marcaban la frontera del territorio libre. No se movía. Desde lejos parecía una bolsa tirada.Dorian se acercó primero. No esperó a nadie. Se agachó y lo dio vuelta con cuidado, agarrándolo del hombro.Ivara se llevó la mano al pecho. Se le cortó el aire un segundo.No era Kael.Era Toren. El guardia que Ossian había asignado para acompañar a Bram al amanecer. El que esa misma tarde, en la mesa del consejo, había levantado la mano y había dicho "yo voy con él".—Todavía está tibio —dijo Dorian, con la voz baja, con los dedos todavía en el cuello de Toren—. Esto pasó hace menos de una hora. Quizás menos de media.Uno de los guardias que sostenía la antorcha tragó saliva. Estaba
Eran las diez de la noche.Los seis estaban ahí, en semicírculo, con cara de que los acababan de sacar de la cama. Nadie contento.Ossian habló primero.—Alfa. Son las diez. Más te vale que sea grave.—Lo es. —Dorian se quedó parado, no se sentó—. Hace una hora una mujer me paró en el bosque. Dice que protegió a la madre de Ivara. Dice que el Colmillo Negro la quiere para un ritual. En la luna llena. Seis días.Feric resopló.—¿Y le creíste? ¿A una que aparece de la nada?—No dije que le creí. Dije que no podemos hacernos los boludos.Ivara dio un paso al frente. Sacó el colgante.—Mi madre me dio esto.Lo tiró sobre la mesa del centro. La cadena rota brilló con la luz de las velas.Ossian se inclinó. Lo miró de cerca. Se quedó quieto.—Este diseño... —Se paró despacio, le temblaban las manos—. Lo vi una vez. Hace treinta años. Una mujer pasó una noche acá, de paso. Se fue antes de que saliera el sol. Lo tenía puesto.El aire en la sala cambió.—¿La conociste? —dijo Ivara.—La vi. Nad
Dorian no bajo la guardia. Puso el cuerpo entre Ivara y la mujer, firme, como una pared.Quien sos.Yenna. La mujer levanto las manos, despacio. Sirvo a la linea real desde antes de que nacieras, Alfa. Conoci a la madre de esta chica.A Ivara se le corto el aire.Conociste a mi madre.La escondi. Anos. Hasta que ya no pude mas.Tenes diez segundos para convencerme de que no sos una amenaza.No tengo diez segundos. Tengo menos. Yenna dio un paso. Las manos seguian arriba. El Colmillo Negro no quiere solo agarrarla. Quiere su sangre para un ritual. Luna llena. Con eso van a poder controlar a cualquier loba de cualquier manada. A todas. Para siempre.Eso no existe.No existia cuando se creia que su sangre estaba extinta. Ya no.Ivara salio de atras de Dorian. Le temblaban las piernas, pero camino igual.Cuanto tiempo tenemos.Seis dias.Dorian giro la cabeza. La mandibula apretada.No se van a acercar ni un metro.No van a tener que acercarse. Yenna bajo la voz. Van a mandar a alguien de
Dorian salió corriendo del establo sin decir nada más.—¡Dorian! —Ivara fue detrás, esquivando el heno tirado—. ¿A dónde vas?—A buscarlo.—¡Espera, no sabemos si se lo llevaron a la fuerza o si se fue con ella por su cuenta!—No me importa cuál de las dos. Lo voy a encontrar.Bram lo agarró del brazo antes de que llegara a la puerta.—Si te vas solo, caés en la misma trampa de anoche. Nos separan, nos cazan de a uno.Dorian se lo sacó de encima de un tirón.—No me vas a decir cómo manejar esto.—Te lo estoy diciendo igual.Se quedaron los dos parados, tensos, hasta que Ivara se metió entre ellos.—Basta. Si nos peleamos entre nosotros les hacemos el trabajo más fácil.Dorian respiró fuerte por la nariz. Bram bajó los hombros, no del todo convencido.—Bram tiene razón —dijo Ivara—. Nadie sale solo.—Entonces vamos los tres.—No —dijo Bram—. Alguien se queda cuidando la casa. Ya perdimos a Kaela dos veces por confiarnos.Ivara agarró un cuchillo de la pared del establo, uno de los que
Golpearon la puerta antes de que amaneciera. Ivara ya estaba despierta. Sentada en el piso, con la espalda contra la cama y el cuaderno de Kaela metido bajo el colchón todavía.—Es el sanador —dijo Bram del otro lado—. Trae lo de Fenn.Salió descalza. Sin botas, con el vestido arrugado de la noche anterior.En la sala ya estaban todos. Dorian con la misma ropa, con una cara de no haber dormido nada. El viejo del consejo y un tipo de manos manchadas de negro que ni quería saber qué era.—Hablá —le dijo Dorian al sanador. Sin hola, sin nada.El sanador dejó un frasco en la mesa. Adentro había algo negro, espeso, que se movía lento.—Fenn no murió por garras —dijo—. Lo envenenaron. Esto estaba en su sangre.—¿Veneno? —el viejo frunció la cara.—Uno que acá no se hace. Lo vi una sola vez, hace años, en un cuerpo que trajeron del norte. —Miró a Ivara de reojo—. Ninguna loba de acá usa esto. Es cosa del Colmillo Negro.El viejo se quedó mirando el frasco como si le diera asco.—Entonces lo







