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CAPÍTULO 10 – ENEMIGOS CERCANOS

last update Fecha de publicación: 2026-09-24 14:24:16

POV de Lucien**

Cerré la puerta rápidamente antes de que se dieran cuenta de que estaba allí. Camille se acercó tanto que pude percibir su perfume desde una distancia segura, mientras intentaba con todas mis fuerzas mantener la respiración tranquila para que no supiera que estaba escondido.

Estaba a punto de golpear, pero se detuvo… recorrió el área como si estuviera buscando su posesión más preciada antes de retroceder.

«Debe haber sido alguna rata» siseó antes de girarse para enfrentar a mi padre.

«Lucien todavía no ha llegado», dijo mi padre caminando hacia Camille.

«Oh, pensé que así sería. Tal vez esté por ahí, algún lugar, atado a una correa por una chica».

—¿Quién? —preguntó papá lentamente, confundido.

—Nadie, quién sabe dónde podría estar. Me rechazó —hizo una pausa antes de volver a mirar mi puerta—. Así que estoy suponiendo que hay alguien más por ahí, mejor que yo.

¿Quién se creía que era ella para entrar así y dar su opinión sobre con quién elijo estar? murmuré por lo bajo, con el ceño fruncido.

—Sabes que tú fuiste la que yo elegí, ¿verdad?

—Sí, papá.

La audacia de incluso llamarlo «papá» me hizo querer arrancarle el cabello. ¿Qué tan delirante puedes ser, Camille?

—Pero lo más importante era que le gustaba, y no le gustó… pero sé que algún día le gustará, ¿verdad, papá?

—Sí, mi querida. Me aseguraré de que así sea.

La vi caminar de vuelta al centro de la sala de estar, seguida de mi padre, y luego levanté la vista hacia la habitación de Natalie con una mirada aterradora antes de tomar el cigarrillo de mi padre y dar una pequeña calada antes de volver a dejarlo en el platillo.

—Me iré ahora.

—Está bien, querida.

Padre la acompañó hasta la puerta y, cuando se fue, cerró tras ella.

Suspiré de relief sabiendo que se había ido, pero ¿qué carajos tenía con esa mirada hacia la habitación de Natalie? Empecé a pasear por mi habitación, de la cama a la ventana y de vuelta, mi mente dando vueltas, intentando entender lo que había pasado en los últimos días. Ya tenía a alguien investigando, pero no había sacado nada nuevo.

Volví a abrir mi laptop para revisar a Natalie y ya no estaba en su habitación. Salí corriendo de mi cuarto para comprobar que no estuviera allí.

Al abrir la puerta de golpe, papá se quedó sorprendido y el color desapareció de su rostro tan rápido…

—Oh, Lucien, ¿ya llegaste? —preguntó sorprendido mientras me miraba como si yo tuviera una de sus posesiones más preciosas.

—Sí, llegué hace una hora.

—Está bien, qué bueno oír eso. ¿Qué estabas…

—¿Necesitas algo, padre?

—No, es nada.

—Está bien —exclamé antes de subir las escaleras corriendo hacia la habitación de Natalie. Empujé la puerta con fuerza y grité su nombre varias veces, pero no obtuve respuesta. Revisé por todas partes, menos el baño. No era la mejor idea, pero tenía que confirmar que no estaba allí. Luego abrí las cortinas de golpe. La bañera estaba llena de agua y llena de vapor. Me acerqué y allí estaba ella, yaciendo debajo del agua tibia.

Estaba inconsciente, sin ropa, había vuelto a desmayarse. Creo que fue por los eventos de hoy.

Me alivió tanto que nada le había pasado realmente. La envolví en una toalla y la puse en su cama. Por suerte, seguía respirando lentamente, así que supongo que no estuvo mucho tiempo dentro de la bañera.

Ella se despertó tosiendo mucho y le serví un poco de agua en un vaso, entregándoselo.

—¿Qué estás haciendo aquí? —logró decir con dificultad.

—Pasaste desmayada mientras te bañabas. Te salvé por tercera vez.

—¿Y por qué suenas tan egoísta con eso?

—¿Estás intentando decir que tengo ego?

—Estoy bastante segura de que la palabra era bastante autodescriptiva.

—Quédate fuera del peligro para que no tenga que salvarte cada maldita vez.

Me miró con furia antes de bajar la vista hacia sí misma. Luego volvió a mirarme una vez más con los ojos muy abiertos.

—Oh no, ¿no te atreverías…?

—¿Debería haberte dejado ahí ahogarte?

—Dadas las circunstancias, esa podría haber sido la mejor opción. No somos parientes de sangre, así que es inapropiado que me veas así.

—¿Es eso lo que crees? Lo más importante es que no te ahogaste, lo mejor que puedes hacer es dar las gracias.

—¿No tienes una novia?

—No necesito una. No confío en las mujeres.

—Vaya. Eso es nuevo. Al igual que yo no confío en ti, un hombre… ¿y si decidiste aprovecharme en mi momento más débil?

—¿Crees que lo haría? Mira, Natalie, hay una diferencia entre yo y esos tipos de m****a con los que sales… —hice una pausa, observando cómo el agua goteaba desde su cabello mojado a sus hombros y sus muslos mojados. La toalla apenas era larga suficiente para cubrirla toda. Mis ojos se encontraron con los suyos mientras tragaba saliva antes de continuar—: Ellos esconden sus intenciones antes de aprovecharte en tu momento más débil… en cambio… yo prefiero que estés consciente de lo que quiero hacer contigo, ya sea bueno… malo… o travieso.

—Orgullo… rasgo nacional de cada hijo de puta nacido.

—¿Qué me llamaste?

—No estaba particularmente preocupada de a quién me refería.

—Entonces, ¿quién es el hijo de puta?

—Nadie, solo una expresión. —Sonrió burlonamente antes de deslizarse de la cama y abrir un armario para sacar un vestido—. ¡Fuera! Quiero cambiarme.

—Para que este estúpido juego de hermano y hermana funcione, tienes que sentirte cómoda a mi alrededor.

—¿Cómoda? ¿A tu alrededor? Esa no es una palabra que deberías estar usando porque no veo eso pasando pronto y eso no incluye que me cambie delante de ti, ¿verdad? Ahora… ¡lárgate antes de que grite!

—Dado que te gusta tanto la palabra gritar, ¿debería darte una razón para hacerlo?

—Ja, muy gracioso. ¡Sal!

—Está bien, me voy, pero no vuelvas a desmayarte, esta vez no podré salvarte a tiempo.

**POV de Natalie**

Lo vi salir de la habitación con una sonrisa en la cara antes de cerrar la puerta. Finalmente sola, me vestí y salí al exterior a dar un paseo. Llevaba los auriculares con el volumen al máximo para bloquear el ruido de afuera, y entonces vi a un gato lindo en el camino. Estaba perdido y no tenía etiqueta, así que lo recogí y lo acuné en mi chaqueta, llevándolo de vuelta a casa.

Llevé al gato callejero a mi habitación y llené la bañera con agua tibia para bañar al gato. Después del baño de burbujas, lo puse en mi cama admirando sus patitas, y miré alrededor de mi habitación buscando algo en qué envolverlo. Revisé el armario, buscando ropa vieja, quizás algo que ya no necesitara. También miré debajo de la cama; tampoco había ropa vieja, pero había algo… algo extrañamente familiar debajo de la cama. Lo recogí. El relicario de mi madre.

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