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Natalie’s POV En realidad no sabía que él me castigaría en lugar de Damon. Después de todo, somos familia. Mis pensamientos estaban por todas partes mientras subía las escaleras hacia la puerta del estudio. Era el estudio de Lucien, pero ni siquiera su propio padre se atrevía a entrar allí. Si quería castigarme, ¿por qué hacerlo en ese lugar donde nunca dejaba entrar a nadie? Mi corazón latía tan fuerte que casi pensé que el sonido era lo suficientemente alto como para que el mundo exterior lo oyera. Abrí las enormes puertas y revelé una habitación apenas iluminada. Él estaba sentado en su silla al otro extremo de la enorme mesa que nos separaba, sin mirarme en dirección alguna, pero ya sabía que yo había entrado… —Siéntate, toma la venda, úsala para cubrirte los ojos. No debes ver nada, lo sabría si lo intentaras de otra forma. Dejé escapar un suspiro corto de relief antes de mirarlo de nuevo. —¿Debo usar la venda? —pregunté en voz baja—. Puedo cerrar los ojos en su lugar. —¿Te pregunté tu opinión? —respondió con un tono más afilado y frío. —Lo siento —hice una pausa breve, esperando que cambiara de opinión sobre la venda, pero estaba completamente serio. Tragué con dificultad antes de atarme la tela negra sobre los ojos. —Buena chica. Ajusté la seda negra hasta que no quedó nada más que oscuridad. Me senté nerviosa en la silla, preguntándome qué iba a hacer a continuación, pero el silencio absoluto me rodeaba hasta que oí el crujido de su silla cuando se levantó y se acercó caminando hacia mí. Sabía que venía en mi dirección porque seguí el sonido de sus botas. Sentí su aliento cálido rozándome de pronto el hueco de mi cuello antes de hablar, lento y peligrosamente calmado. —¿Nerviosa? La cercanía de su cuerpo cálido me provocó escalofríos que bajaron por mi espalda. Apreté los dedos contra el escritorio con firmeza y finalmente respondí: «No». Él soltó una risa suave, luego apoyó el brazo en la silla donde yo estaba sentada, haciendo que se moviera un poco hacia atrás. —¿Ya estás mintiendo? Escuché un movimiento lento y el sonido del cajón de la mesa abriéndose. Minutos después algo frío rozó lentamente mi cuello; era de cuero. Un látigo. Mi pulso se aceleró al instante. —¿Sabes por qué estás aquí? —Porque voy a ser castigada —respondí lentamente. —Cada vez que des una respuesta incorrecta te azoto… de pie. —Lo siento, no volverá a pasar… —Además, solo hablas cuando te lo piden. Cuando estés aquí, ¿entiendes? —Entiendo. —Bien… ahora… ¿por qué estás aquí? —preguntó otra vez con un tono más afilado y controlado. —Porque rompí tus reglas —estaba segura de haber respondido bien, pero dejé escapar un suspiro agudo cuando el cuero frío me golpeó la piel con fuerza. —Incorrecto —se alejó de mí, trazando el mango del látigo sobre el escritorio—. La razón por la que estás siendo castigada es porque sigues obligándome a protegerte de tu propia estupidez. Pasó los dedos de repente por la venda atada en la parte de atrás de mi cabeza y la apretó más. —Estás lastimando a la gente por mí —murmuró, pero no dio una respuesta verbal a lo que acababa de decir. Luego habló—: No. Sentí que se inclinaba más cerca detrás de mí, lo suficientemente cerca para que su voz me rozara directamente la piel, y dijo: —Lastimo a la gente cuando olvidan qué son y dónde se supone que están frente a ciertas personas. —¿A qué te refieres…? —me golpeó con el látigo otra vez, esta vez más fuerte. —Solo hablas cuando te lo pido. —Pero… —otro golpe más duro que el anterior sobre mi piel, ardía tanto que me giró para que me enfrentara a él mientras la venda seguía bien atada. —Parece que te gusta esto, ¿no? Dije claramente que la desobediencia atrae castigo, y sigues haciéndolo de todos modos. —Lo siento… —otro golpe sobre mi piel. —Ábreme la boca —estaba confundida pensando en qué se refería, luego sentí su dedo en mis labios, lento y deliberado con cada movimiento—. Ábreme… la boca. Abrí la boca un poco, el corazón latiéndome en el pecho, y él metió un dedo. Intenté inclinar la cabeza hacia atrás y él me golpeó con el látigo una vez más. Dejé escapar un gemido suave y débil. —Ten cuidado —murmuró detrás de mí, su voz baja y calmada—. Si vuelves a hacer ruidos así, interpretaré que te estás divirtiendo. Podía oír su respiración, sentir el calor de su cuerpo y oler el leve aroma de su colonia. Sus dedos se deslizaron más profundo en mi boca, rozando lentamente contra mi lengua. Mi respiración se volvió irregular al instante. —Mírate —dijo con burla—. Desobediente un segundo… obediente al siguiente. Intenté apartar la cabeza, pero él me cruzó la piel con el látigo otra vez. Jadeé cuando mi cuerpo se sacudió hacia adelante por el ardor. —Ah… duele. —No te mueves a menos que yo lo permita, Natty —las lágrimas quemaban en las esquinas de mis ojos vendados—. Estás temblando —susurró en mi oído con calma, como si esto fuera una de las cosas que le divertía hacer: torturar a la gente. —Estabas actuando toda valiente y arrogante antes. ¿Dónde se fue toda esa actitud? No pude responder porque sus dedos seguían en mi boca. Soltó una risa suave antes de meterle el segundo dedo. —No —susurré débilmente; él golpeó el látigo una vez más contra mi muslo como una advertencia silenciosa. —Ábreme —hice lo que me pidió a regañadientes—. Ahí —murmuró con aprobación—. Mucho mejor… labios tan bonitos y aun así solo sirven para discutir conmigo. Me sacudí hacia atrás cuando sus dedos presionaron más profundo; este castigo se estaba volviendo cada vez más personal. Intenté apartar la cara otra vez, pero antes de que pudiera moverme más, el látigo se le escapó de las manos y cayó al suelo cuando su otra mano me sujetó la cintura. Intenté alejarme, pero él gimió contra el hueco de mi cuello. —No… Su agarre en mi cintura se apretó aún más al sentirme temblar. Aumentó el ritmo en mi boca y eso hizo que mis rodillas se debilitaran. Cada respiración sonaba temblorosa. Todo pequeño sonido que hacía parecía animarlo más. —Buena chica —murmuró. Dejó escapar un suspiro bajo y tembloroso antes de mover la mano de mi cintura a mi garganta, no para ahogarme, solo para descansar ahí con firmeza suficiente para recordarme lo fácilmente que podía dominarme si quisiera. —Te gusta ser difícil… disfrutas ver hasta dónde puedes empujarme antes de que me rompa, ¿verdad? —No… Sus dedos empujaron más profundo en mi boca, cortando mis palabras. —¿Ahora también mientes? Deberías estar agradecida… La mayoría de la gente no sobrevive decepcionando y desobedeciendo a mí. Sacó lentamente los dedos de mi boca. Tragué con fuerza, intentando controlar mi respiración, pero su mano permaneció firme en mi cintura, manteniéndome pegada a él como si no estuviera listo para soltarme aún. Luego habló finalmente: —Has aprendido la lección. No era una pregunta, así que me quedé en silencio. Su mano se apartó lentamente de mi cuello mientras oía que recogía el látigo del suelo antes de alejarse completamente de mí. —Quítate la venda. Con manos temblorosas hice lo que me indicó. Cuando mi visión por fin se ajustó, él ya estaba sentado en su silla mirándome con una mirada fría. Me miró durante un largo rato antes de hablar. —Puedes irte… tu castigo ha terminado —hizo una pausa calmada antes de añadir—: No me hagas arrepentirme de haberlo detenido.Punto de vista de Natalie¿Quién se cree que es para mandarme? Puse la caja a un lado y me quedé ahí un rato… entonces oí un fuerte golpe en mi puerta que me sacó del trance.—Natalie, ¿ya estás vestida? —preguntó con tono enfadado.—No, y no voy a ninguna fiesta contigo —grité lo suficientemente alto para que me oyera.Pude oír sus pasos alejándose unos minutos después, por fin aliviada. Pero mi tranquilidad se cortó cuando la puerta voló abierta. Estaba segura de que la había cerrado con llave desde dentro… ¿cómo demonios entró?—No acepto un no por respuesta, Natalie, así que te sugiero que dejes de probar mi paciencia y vístete para la gala. Es una gala con máscaras, ahí conoceré a algunos colegas de trabajo.—¿Y eso es problema mío? —espeté.Me incorporé en la cama mirándolo con furia. No me respondió, solo caminó hacia mí, sacó el tacón del zapato de la caja y se arrodilló frente a mí. Cuando se lo deslizó en el pie, su toque fue frío pero gentil.Cualquier cosa que estaba hacie
Punto de vista de NatalieNunca pensé que este día llegaría jamás. Un día en el que Lucien estaba tan cerca de mí y incluso en la misma cama que yo. La doncella dejó después de entregar el mensaje y solté un suspiro de relief mientras asomaba por debajo de mi edredón…—¡Lárgate de una puta vez, Lucien! ¿Qué coño estabas pensando? —Él salió lentamente de las sábanas y me miró fijamente antes de hablar—. Si querías que me fuera, solo habrías tenido que decírmelo, pero en vez de eso aquí estás, acomodando la idea de que yo esté bajo tus sábanas.Lo miré con furia y respondí:—No me importa ninguna idea de mierda que tengas en la cabeza, pero mejor empiezas a marcharte antes de que grite.Él se quedó sentado mirándome. Yo solo rogué que no hubiera oído que lo llamaba cinco minutos antes; eso inflaría su ego estúpido.—¿Gritar? Pero pensé que había oído lo contrario hace unos minutos —dijo, levantando una ceja—. Mierda. Lo había oído. Solo actuaría como si no hubiera escuchado nada, buena
Punto de vista de NatalieNo había forma de esquivar ni esconderme porque él ya estaba lo suficientemente cerca. Podía oír mi respiración volverse pesada, mi corazón martilleando en el pecho mientras permanecía inmóvil, pensando en qué excusa decirle.—Natalie, ¿por qué estás revolviendo mis cosas?—Perdón, no vi nada, saldré ahora mismo —grité al final antes de salir corriendo de la habitación.—¿Por qué entraste ahí, Natty? —preguntó mirándome con furia—. No sabía qué responder; estaba atrapada y no creía que creyera nada de lo que le dijera.—Se me cayó el pendiente y rodó hasta ahí, fui a recogerlo —rogué a los dioses que estuvieran escuchando que me creyera. Me miró durante un largo momento antes de responder.—Está bien.Gracias a Dios no sospechó nada. Caminó lentamente detrás de mí, luego cerró la puerta de la habitación oculta con suavidad.—Tu habitación ha sido limpiada. Llamaré a alguien más tarde para arreglar la ventana. Puedes volver a tu habitación.—¿Estás seguro de q
****Natalie’s POV—¿Mamá? —corrí hacia la puerta justo cuando la vi pasar. Seguía soñando con ella, el mismo sueño que nunca lograba superar del todo. Probablemente una pesadilla, pero todavía no había visto sangre.Abrí la puerta para comprobar que mamá estuviera bien; estaba justo delante, a mi alcance. Extendí la mano hacia adelante solo para ser arrastrada de vuelta a mi habitación. Entonces escuché disparos múltiples.Desperté con un golpe violento. Mi corazón aún latía desbocado mientras abría los ojos, ligeramente aliviada de que todo hubiera sido un sueño. Llevaba soñando eso desde que mamá murió. Esperaba que se fuera, pero las pesadillas se habían quedado pegadas, siempre me arrastraban de vuelta y los disparos retumbaban afuera de la casa.Tomé el teléfono para ver si había llamadas y miré la hora. Eran las 4 a.m. y nadie había llamado. Me levanté de la cama, bajé a la cocina por un vaso de agua. La mansión entera seguía a media luz, apenas podía ver nada. Devolví el vaso
****Natalie’s POVEsto se sentía más que solo un castigo regular. Lo miré fijamente, sin poder creerlo. La oscuridad proyectaba su enorme sombra sobre mí…—¿No vas a irte o…?—Vete, creep —todavía temblaba, pero tenía que recomponerme. No pensé que él tomaría el castigo en serio cuando se trataba de un miembro de la familia, pero era igual de implacable con todos, familia o no… Caminé lentamente hacia la puerta.Casi salí, pero él estaba tan cerca de la puerta que era imposible abrirla sin chocar con él.—Perdón —murmuré cuando estuve lo suficientemente cerca para que me oyera. Él se apartó lentamente para que pudiera pasar, pero seguía con esa mirada fría e inhumana que me preocupaba. Sabía que más días como ese vendrían con él en mi vida.—No te metas de nuevo en mis malos lados, o será peor —no respondí, luego me agarró por la cintura y su agarre se apretó con cada segundo que pasaba—. ¿Entiendes, Natty?Dejó escapar un gruñido bajo y me sujetó la cintura con más fuerza. Al fin re
****Natalie’s POVEn realidad no sabía que él me castigaría en lugar de Damon. Después de todo, somos familia. Mis pensamientos estaban por todas partes mientras subía las escaleras hacia la puerta del estudio. Era el estudio de Lucien, pero ni siquiera su propio padre se atrevía a entrar allí.Si quería castigarme, ¿por qué hacerlo en ese lugar donde nunca dejaba entrar a nadie? Mi corazón latía tan fuerte que casi pensé que el sonido era lo suficientemente alto como para que el mundo exterior lo oyera.Abrí las enormes puertas y revelé una habitación apenas iluminada. Él estaba sentado en su silla al otro extremo de la enorme mesa que nos separaba, sin mirarme en dirección alguna, pero ya sabía que yo había entrado…—Siéntate, toma la venda, úsala para cubrirte los ojos. No debes ver nada, lo sabría si lo intentaras de otra forma.Dejé escapar un suspiro corto de relief antes de mirarlo de nuevo.—¿Debo usar la venda? —pregunté en voz baja—. Puedo cerrar los ojos en su lugar.—¿Te







