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Author: Sassenach W
last update publish date: 2026-10-27 12:35:44

Ella extendió la mano y tocó con la palma el bao del cristal frío de la ventana, dejando las huellas de sus dedos en la humedad. —Suena tonto, pero sentí que había encontrado mi hogar.

—Es un buen lugar —dijo él, sin hacer comentarios sobre su pequeña confesión. Pero sabía a qué se refería. Como si supiera que los pensamientos de él se habían vuelto hacia el pasado de nuevo, ella volvió a hablar.

—¿Qué pasó? Quiero decir...

—Sé a qué te refieres. —Él dio otro sorbo a la sangre caliente, saborea
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  • LA SALVACIÓN DE LOS CONDENADOS   10

    Ella extendió la mano y tocó con la palma el bao del cristal frío de la ventana, dejando las huellas de sus dedos en la humedad. —Suena tonto, pero sentí que había encontrado mi hogar.—Es un buen lugar —dijo él, sin hacer comentarios sobre su pequeña confesión. Pero sabía a qué se refería. Como si supiera que los pensamientos de él se habían vuelto hacia el pasado de nuevo, ella volvió a hablar.—¿Qué pasó? Quiero decir...—Sé a qué te refieres. —Él dio otro sorbo a la sangre caliente, saboreando el sabor denso y rico mientras se deslizaba por su garganta. «Apropiado», pensó, «que tenga sangre en la boca para contar esta historia».—Fue una noche muy fría. —Su voz era distante, desapegada, como si estuviera hablando de algo que le había sucedido a un extraño. Y, después de todo, eso era más cierto que falso. Había pasado tanto tiempo que el hombre que había sido no tenía nada que ver con la persona en la que se había convertido—. Un hombre llegó a la puerta. Congelándose. Hambriento.

  • LA SALVACIÓN DE LOS CONDENADOS   9

    —Estás intentando asustarme a propósito —señaló ella—. Y no es que esté funcionando, pero ¿por qué?—Porque deberías estarlo. —Él rodeó la mesa, le puso ambas manos sobre los hombros y la acercó hacia él—. Otros de mi especie saben que vengo aquí cuando estoy en el pueblo. Algunos podrían venir a buscarme. Eso significa que no estás a salvo.—¿Más vampiros? ¿Aquí? —Mirándolo a sus profundos ojos negros, ella se estremeció—. ¿Por qué te están buscando?Él la soltó y sacudió la cabeza. —Hay una guerra fraguándose en el mundo de los vampiros. Se espera que tomemos partido.—¿Una guerra de vampiros? —La voz de Seraphine sonó tensa incluso para ella misma, como si hubiera tenido que exprimir esas palabras a través de una garganta demasiado estrecha—. ¿Y viene hacia aquí?—Tal vez. —Él se pasó una mano por la mandíbula—. No sé quién viene... diablos, ni siquiera si viene alguien. No puedo estar seguro.—Y si vienen, ¿entonces qué? —El pequeño hilo de miedo que había sentido antes se convirt

  • LA SALVACIÓN DE LOS CONDENADOS   8

    Cuando colgaron, Aleron arrojó el teléfono sobre la vieja mesa. Diablos, tal vez Tristan tenía razón. ¿Qué sentido tenía volver aquí? Quizá su administrador de negocios había hecho lo correcto al vender la casa. Tal vez era hora de aceptar quién y qué era.Echó una mirada a la parte trasera de la librería como si pudiera ver más allá de esa puerta, hacia el interior de la casa donde estaba Seraphine. Ella lo había sorprendido. Lo había intrigado. Y la deseaba. Deseaba el sabor de ella en su boca y la sensación de su cuerpo dentro del de ella. Todo en su interior le pedía a gritos ir a buscarla, arrojarla sobre esa maldita camilla y tenerla... Morderla. Los instintos con los que había estado en guerra desde su transformación salieron a la superficie y lo sacudieron hasta la médula.Seraphine Clarke lo había descolocado. Y mucho.Entonces recordó lo que Tristan le había dicho. Sus enemigos no solo lo habían estado buscando. Lo habían encontrado. Si ya lo estaban esperando cuando llegó a

  • LA SALVACIÓN DE LOS CONDENADOS   7

    La mirada de Aleron se estrechó cuando ella aún no se marchaba, sino que se quedó con la boca casi abierta y más preguntas escritas en todo el rostro.—Deberías largarte de aquí ahora mismo —le dijo.—Sí, eso ya lo dijiste.Él siseó y, más rápido de lo que ella pudo ver, salió disparado de la habitación oculta solo para agarrarla y tirar de ella hacia el interior con él. Ignorando la quemadura del sol en su costado, la sujetó del brazo y clavó los dedos en su piel. Los movimientos fueron tan repentinos que ella se sobresaltó a pesar de sus mejores intenciones. Él lo vio y la soltó.—Tienes miedo. Puedo olerlo en ti. —Una comisura de su boca se elevó y cayó en un abrir y cerrar de ojos—. Para un vampiro, ese aroma es irresistible.Su brazo hormigueaba en el lugar donde la había tomado. Sus ojos la atraparon y la retuvieron, y mientras ella observaba, la negrura de sus pupilas se desvaneció hacia el blanco hasta que lo único que pudo ver fue su propio reflejo brillando desde las profund

  • LA SALVACIÓN DE LOS CONDENADOS   6

    —Eso es imposible.Seraphine luchó contra el pánico desbordante que le atenazaba el corazón, apretándole la garganta hasta sentir que no volvería a tomar aire jamás. Pero incluso intentando negarlo, sabía que era verdad. Le había visto los... colmillos. Aquello no había sido una alucinación. Estaba segura.Dios. Sentía que la cabeza le iba a estallar. No podía creer que esto estuviera pasando. Tenía que haber alguna otra explicación. Un truco de la luz. Sus ojos le habían jugado una mala pasada, eso era todo. Había visto algo que no estaba allí.Los vampiros solo existían en los programas de televisión. Vampiros realmente atractivos, con alma, que no mordían a la gente o que al menos intentaban no hacerlo. Bueno, se dijo dedicándole otra mirada de conmoción. La parte de ser atractivo la tenía perfectamente cubierta. Quién sabía lo de morder.Oh, Dios. Un vampiro. Esto definitivamente no estaba pasando. Estaba claro que los años huyendo la habían llevado al límite. Su cerebro finalment

  • LA SALVACIÓN DE LOS CONDENADOS   5

    —Vamos —dijo Seraphine, abriendo la puerta—. Entra y siéntate cerca del fuego.Su invitación fue suficiente para permitirle cruzar el umbral y, con la ayuda de ella, avanzó dando tumbos por la cocina hasta llegar a la espaciosa sala de estar, donde un fuego ardía y chisporroteaba en el hogar. Ella lo acomodó con cuidado en un sofá mullido repleto de cojines de colores, y Aleron apoyó la cabeza en el respaldo. La fatiga, que se filtraba en cada centímetro de su cuerpo, lo arrastraba hacia abajo.Luchó contra la inconsciencia, mientras sus pensamientos se volvían confusos y su respiración se ralentizaba. El aroma a canela flotaba en el aire y se mezclaba con la guirnalda de pino colgada a lo largo de la repisa de la chimenea. Estar en esta casa de nuevo le trajo recuerdos tan vívidos, tan vivos, que la habitación vacía parecía palpitar con ellos.—¿Tienes hambre?Él giró la cabeza para mirarla. Su mirada se clavó en la graciosa columna de su cuello y habría jurado que realmente podía ve

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