Home / Hombre lobo / LAZO ROTO: La calma de dos Alfas / capítulo 5: Grietas en el hielo

Share

capítulo 5: Grietas en el hielo

last update publish date: 2026-06-27 00:54:43

El instinto es una fuerza antigua y ciega, pero con ella se volvió extrañamente dócil. Verla allí, tan frágil y quebrantada sobre el divan, desató algo primitivo en el pecho de Aiden y Silas. No fue una decisión consciente; fue el rugido unánime de sus alphas, una orden salvaje tallada en su ADN que les exigía ponerse en guardia ante el mundo. Ella era una omega rota, y la sola visión de su vulnerabilidad encendió un fuego feroz: la necesidad absoluta e implacable de protegerla.

​Sin embargo, la furia de sus instintos se transformó en una dolorosa impotencia cuando supieron la verdad. El eco del maltrato, el terror psicológico y las marcas del dolor físico no se borrarían de la noche a la mañana. Requerirían un tiempo que ella apenas parecía tener.

​Ni Aiden ni Silas se habían caracterizado jamás por ser hombres pacientes, amables o cuidadosos. Su mundo se regía por la fuerza, el control y una rudeza natural. No sabían de sutilezas ni de consuelos. Pero frente a ella, todas sus aristas afiladas parecieron suavizarse. Inexplicablemente, con esa pequeña omega, el ser delicados dejó de ser una debilidad y se convirtió en el único lenguaje que querían hablar.

​La tregua silenciosa dentro de la residencia principal no duró mucho; la hostilidad del refugio era un veneno que terminaba por filtrarse bajo cualquier puerta. Los primeros rayos del sol apenas lograban teñir de un rosa pálido las cumbres nevadas cuando el primer choque directo e inevitable tuvo lugar en el patio de armas, rompiendo la frágil burbuja de seguridad que Aiden y Silas habían intentado construir alrededor de la omega.

​Ella había salido de la casa bajo la estricta instrucción de no alejarse de los límites del porche, buscando un poco de aire fresco para mitigar las náuseas que aún la asaltaban. Sin embargo, el destino —o la calculada malicia de los celos— tenía otros planes.

​Elara y Mía se interpusieron en su camino antes de que pudiera dar diez pasos hacia el pozo de agua.

​—Mírenla, ni siquiera puede sostener el cubo sin temblar —soltó Elara, deteniéndose a escasos metros con los brazos cruzados y una postura corporal que irradiaba una dominancia agresiva —El refugio del Norte se construyó con la sangre de guerreros, no con las lágrimas de las parias que son desechadas como basura.

​La protagonista retrocedió instintivamente, con la espalda pegada a la barandilla de madera del porche. El aroma de Elara, cargado de un resentimiento picante, agredió sus sentidos. Su mano derecha subió de inmediato a cubrirse la nuca, un acto reflejo de pura autodefensa.

​—Yo no quiero causar problemas —consiguió articular, con la voz apenas más alta que un susurro —Solo estoy recuperando mis fuerzas para marcharme.

​—¿Marcharte? —Mía intervino, dando un paso al frente con una sonrisa gélida que no llegaba a sus ojos —Oh, no te equivoques, cosita rota. No vas a tener tiempo de recuperarte. Tu sola presencia aquí apesta a debilidad, y el invierno no perdona a los inútiles. Los líderes pueden estar cegados por la novedad de tu miseria, pero el resto del clan sabe perfectamente qué hacer con los estorbos.

​El ambiente se volvió denso, casi irrespirable, hasta que una presencia masiva cortó el aire como un hacha.

​—Suficiente.

​Aiden emergió de la espesura del pasillo exterior, con la mandíbula apretada y los ojos encendidos en un fulgor alfa que hizo que los lobos menores que observaban la escena bajaran la cabeza de inmediato. Su aroma a tierra mojada y pino tras la tormenta se expandió con violencia, aplastando cualquier intento de insubordinación.

​—Elara, Mía. Si vuelvo a verlas cerca de ella, o si escucho un solo murmullo más cuestionando mis órdenes, las consecuencias no serán un simple correctivo —sentenció Aiden, interponiéndose físicamente entre las agresoras y la omega —Aca no hay estatus en este refugio todo depende de su obediencia. No lo olviden.

​Mía mantuvo la mirada un segundo de más antes de agachar la cabeza con una reverencia tensa y falsa; Elara solo gruñó entre dientes antes de darse la vuelta e irse, arrastrando a su séquito con ella. La advertencia estaba dada, pero las miradas de odio que dejaron atrás dejaron claro que la sumisión era solo una fachada. El fuego de la disidencia ya no se apagaría tan fácilmente.

​Mientras tanto, en el despacho de la residencia, Silas observaba un mapa táctico extendido sobre la mesa de madera oscura. La llegada de la omega no solo había traído discordia interna, sino que las patrullas fronterizas del este acababan de reportar movimientos inusuales. Rastros de lobos extranjeros, marcas de garras profundas en los árboles limítrofes.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 25: una sombra en la noche

    La abuela levantó la mirada. Por primera vez, observó directamente a Aiden y Silas. —Eso es precisamente lo que me preocupa. Los dos alfas intercambiaron una mirada. —¿Por qué? —preguntó Aiden. La anciana no respondió de inmediato. —Porque nunca pensé que serían dos. El silencio cayó nuevamente. Maia sintió que su corazón comenzaba a golpear con fuerza. —¿Dos qué? La abuela miró primero a Silas. Después a Aiden. —Guardianes. Una corriente de aire atravesó la habitación. Las velas titilaron. La cicatriz de Maia ardió, esa marca esta siendo expulsada de la nuca de la omega, porque nunca debió de existir. Los dos alfas reaccionaron al mismo tiempo. —Maia. Ella se llevó una mano al cuello. Pero esta vez no sintió dolor. Sintió calor. Y entonces su loba apareció nuevamente. Más fuerte. Más clara. Por primera vez, Maia escuchó su voz como si estuviera a centímetros de ella. —No tengas miedo. Maia cerró los ojos. —¿Qué quieres decirme?

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 24: Dos guardianes

    La voz desapareció. Pero nadie se movió. Durante varios segundos, el silencio fue absoluto. Maia permanecía inmóvil junto a la ventana, con una mano apoyada sobre su cuello y la respiración entrecortada. Silas la observaba sin saber qué decir. Aiden, en cambio, parecía haber olvidado incluso cómo respirar. "La hija perdida ha vuelto." Las palabras seguían resonando en sus cabezas. —¿Quién era? —preguntó Maia finalmente. Su voz apenas fue un susurro. Ninguno respondió. Maia miró primero a Silas y después a Aiden. —¿Quién era esa mujer? ¿También la oyeron? Aiden apretó la mandíbula y asintió. —No lo sabemos. —Mentira. Los dos alfas se quedaron inmóviles. Maia tragó saliva. —Ustedes saben algo. Silas dio un paso hacia ella. —Maia... —No. Ella retrocedió. —No me digas que no sabes nada. Ya estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mí mientras yo soy la última en enterarme. Su voz se quebró. —Primero me dicen que pertenezco a esta manada. Después descubro que mi v

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 23: Lo Que Despierta

    Maia cerró los ojos. Podía sentirla. Pequeña. Débil. Pero presente. No había escuchado su voz desde hacía tanto tiempo que casi había olvidado cómo se sentía tenerla cerca. Y entonces llegó una sensación. Una palabra. No pronunciada. Pero clara. Hogar. Maia abrió los ojos de golpe. —¿Qué pasó? Silas se acercó un poco. —Nada. —Ella... Maia respiró con dificultad. —Creo que acaba de decirme algo. Silas permaneció inmóvil. —¿Qué? Maia lo miró. —Hogar. Silas no respondió. Pero algo en sus ojos cambió. Porque él también había sentido aquella palabra. No como un sonido. Como una certeza. --- El camino de regreso fue diferente. Maia caminaba junto a Silas. No detrás. No varios pasos apartada. A su lado. Y aunque ninguno habló demasiado, el silencio ya no era incómodo. Al llegar al corredor principal, Maia se detuvo. Silas la miró. —¿Qué ocurre? Ella observó la enorme residencia. —Es extraño. —¿Qué? —Hace unos dias

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 22: No siento que quiera escapar

    —Creo que me gusta este lugar —susurró. Silas sonrió. —Entonces es tuyo. Maia lo miró. —¿En serio? —En serio. Ella volvió a mirar las luces reflejadas en los cristales. —Gracias. —No tienes que agradecerme. —Sí tengo. Silas negó. —Maia... Ella giró hacia él. Sus miradas se encontraron. Durante un instante ninguno se movió. La conexión apareció nuevamente. Pero esta vez no fue dolorosa. El cuello de Maia comenzó a calentarse. Silas lo sintió también. Su expresión cambió. No se acercó. No la tocó. Solo permaneció allí. Dándole la oportunidad de decidir. Maia miró sus manos. Después levantó lentamente una de ellas. Y tomó la mano de Silas. Él se quedó completamente quieto. Los dedos de Maia eran pequeños y estaban fríos. Silas cerró suavemente la mano alrededor de la suya. Nada más. Pero para Maia fue suficiente. Su respiración se volvió más lenta. Su loba dejó de agitarse. Y el calor de su cuello se extendió lentamente por su pecho. No había miedo. No

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 21: Un lugar especial

    Maia cerró la puerta de su habitación detrás de ella. Apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar el aire que llevaba varios segundos conteniendo. Su corazón seguía golpeando con fuerza. Demasiado rápido. Llevó ambas manos hasta su rostro. —¿Qué me está pasando...? Algo debtro de ella se movió, sería su loba? imposible. No era la agitación habitual que aparecía cuando sentía miedo. Era diferente. Atenta. Despierta. Como si después de años de permanecer dormida hubiera encontrado finalmente algo que reconocer. Maia cerró los ojos. Y volvió a sentirlo. El calor en su cuello. La presencia de Aiden. La mano de Silas sobre su brazo. Dos aromas. Dos alfas. Y aquella sensación inexplicable de que su cuerpo sabía algo que su mente todavía no podía comprender. Unos golpes suaves en la puerta la hicieron sobresaltarse. —Maia. La voz de Silas. Ella se quedó inmóvil. —¿Sí? —Soy yo. Maia tragó saliva. —¿Qué necesitas? Hubo un pequeño silencio al otro lado. —Nada.

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 21: Un lugar especial

    Maia cerró la puerta de su habitación detrás de ella. Apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar el aire que llevaba varios segundos conteniendo. Su corazón seguía golpeando con fuerza. Demasiado rápido. Llevó ambas manos hasta su rostro. —¿Qué me está pasando...? Algo debtro de ella se movió, sería su loba? imposible. No era la agitación habitual que aparecía cuando sentía miedo. Era diferente. Atenta. Despierta. Como si después de años de permanecer dormida hubiera encontrado finalmente algo que reconocer. Maia cerró los ojos. Y volvió a sentirlo. El calor en su cuello. La presencia de Aiden. La mano de Silas sobre su brazo. Dos aromas. Dos alfas. Y aquella sensación inexplicable de que su cuerpo sabía algo que su mente todavía no podía comprender. Unos golpes suaves en la puerta la hicieron sobresaltarse. —Maia. La voz de Silas. Ella se quedó inmóvil. —¿Sí? —Soy yo. Maia tragó saliva. —¿Qué necesitas? Hubo un pequeño silencio al otro lado. —Nada.

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status