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CAPÍTULO 89 - SU DESEO MÁS PELIGROSO. PARTE 4

Author: ELSA RIVERS
last update publish date: 2026-10-26 00:49:07

TREINTA DÍAS EN EL INFIERNO 2

«Es precioso, pero espero que nadie espere que pague por las flores si se marchitan; nunca he logrado mantener una planta con vida más de tres semanas y odiaría empezar nuestro compromiso haciéndome responsable económicamente de una tragedia floral».

La señora Collins se rió.

«Las flores se cambian dos veces por semana, señorita Bennett, y no se le cobrará nada por los servicios incluidos en su alojamiento».

Entré en la habitación, dejé el bolso sobre la cama y
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    TREINTA DÍAS EN EL INFIERNO 2«Es precioso, pero espero que nadie espere que pague por las flores si se marchitan; nunca he logrado mantener una planta con vida más de tres semanas y odiaría empezar nuestro compromiso haciéndome responsable económicamente de una tragedia floral». La señora Collins se rió. «Las flores se cambian dos veces por semana, señorita Bennett, y no se le cobrará nada por los servicios incluidos en su alojamiento». Entré en la habitación, dejé el bolso sobre la cama y abrí el armario. Dentro había varios vestidos, un par de tacones elegantes y una selección de accesorios que, claramente, no provenían de mi equipaje. Me volví hacia la señora Collins. «¿Ha elegido Alexander esta ropa personalmente, o ha contratado a alguien cuya profesión consiste exclusivamente en vestir a mujeres según lo que los hombres ricos consideran atractivo?». «El señor Blackwood pidió a su estilista que preparara varias opciones para esta noche, pero le indicó que eligiera prendas

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    TREINTA DÍAS EN EL INFIERNO—Antes de que digas nada sobre mi padre, Alexander, quiero que entiendas que llevo quince años viviendo con preguntas sin respuesta. Si pretendes venderme otra mentira corporativa cuidadosamente empaquetada, te sugiero que nos ahorres a ambos el mal trago y me lo digas ahora mismo.Alexander levantó la vista de su escritorio cuando entré en su despacho por segunda vez aquella tarde. Su expresión no revelaba absolutamente nada, aunque la fotografía que descansaba junto a su mano derecha me indicó que esperaba mi regreso.—Has estado en mi despacho dos veces hoy, Amara, y en ambas ocasiones has llegado decidida a amenazarme, a insultar mi inteligencia o a acusarme de algo que aún no has demostrado. Así que, antes de continuar, ¿podrías explicarme por qué firmaste un contrato conmigo si crees que soy el responsable de la desaparición de tu padre?Cerré la puerta tras de mí y caminé hacia su escritorio, negándome a dejar que el entorno lujoso me distrajera de l

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