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La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS
La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS
Autor: CHIBI WRITES

Otra chica

last update Data de publicação: 2026-10-15 10:14:38

Empuja.

Empuja.

Empuja.

El grito de Bonita rasgó la cámara de parto cuando otra contracción la desgarró por dentro. El sudor empapaba el fino camisón que se le pegaba al cuerpo. Sus dedos se clavaron en los bordes de la cama de madera hasta que las uñas se partieron. El aire olía a sangre, hierbas y miedo.

—Otra vez, Luna. ¡Empuja! —ordenó la partera principal, la voz afilada por la urgencia.

Bonita empujó con todo lo que le quedaba. La visión se le nubló. En algún lugar más allá del dolor oyó el paso inquieto y pesado de botas frente a la puerta. El Alfa Drogo. Esperando. Exigiendo.

El mago de la manada había jurado que este hijo era un varón. La había mirado a los ojos tres lunas atrás y lo había declarado con absoluta certeza. Un hijo. Un heredero. El que llevaría la sangre de los Blackthorn y gobernaría cuando Drogo ya no estuviera.

Bonita había rezado para que fuera verdad. No por ella. Hacía mucho que había dejado de esperar bondad de su compañero. Rezaba por el niño. Por las cuatro niñas pequeñas que ya dormían en el ala de la nursery, las que su padre se negaba a reclamar, a nombrar como debían, a tocar.

Otra ola de agonía la atravesó. Empujó hasta que la garganta se le hizo raw, hasta que las manos de la partera guiaron y tiraron.

Un llanto fino y furioso partió el aire.

Luego, silencio.

La partera levantó al recién nacido resbaladizo y rojo y lo limpió. Su rostro se volvió cuidadosamente inexpresivo.

El pecho de Bonita subía y bajaba con fuerza. —¿Es… es…?

La mujer no le sostuvo la mirada. Solo envolvió al niño en un paño suave y lo colocó con delicadeza contra el pecho de Bonita.

Una niña.

Perfecta. Minúscula. Viva. Otra hija.

La puerta se abrió de un golpe antes de que Bonita pudiera siquiera contar los dedos del bebé.

El Alfa Drogo llenó el umbral, alto y ancho, el cabello oscuro cayéndole sobre ojos fríos. Todavía tenía sangre en los nudillos de la cacería que se había negado a abandonar hasta el último momento. Entró a grandes zancadas, la mirada clavada en la partera.

—¿Y bien? —Su voz era baja, peligrosa.

La partera tragó saliva. —Un niño sano, Alfa.

Los ojos de Drogo bajaron al pequeño bulto contra el pecho de Bonita. Dio un paso más cerca. La habitación contuvo la respiración.

Extendió la mano, apartó el paño y miró.

El silencio se estiró hasta volverse algo cortante.

Entonces se rió. Una sola vez. Corta. Fea.

—La Diosa de la Luna debe odiarme de verdad —dijo, la voz plana—. O simplemente le divierte mi compañera.

Los brazos de Bonita se cerraron con más fuerza alrededor del recién nacido. El llanto suave del bebé se alzó de nuevo, pequeño y confuso.

Drogo miró a su esposa como si fuera algo en lo que se hubiera pisado. —Cinco hijas. Cinco. Y todavía sin heredero. —El labio se le curvó—. Se suponía que esta vez me darías un hijo. El mago lo juró.

La voz de Bonita salió quebrada, apenas un susurro. —Yo… yo hice todo…

—Has fallado. —Se apartó como si la sola vista de ella le diera asco—. Otra vez.

Caminó hasta la puerta, se detuvo y habló sin mirar atrás.

—Límpienla. Luego lleven a la niña a la nursery con las demás. Decidiré qué hacer con todas ustedes más tarde.

La puerta se cerró con tanta fuerza que las paredes temblaron.

Bonita contempló el diminuto rostro pegado a su piel. Las pestañas oscuras del bebé temblaron. Una boca suave y perfecta se abrió en un quejido callado.

Otra niña.

Otra decepción a los ojos del hombre que se suponía debía protegerlas.

Las lágrimas de Bonita cayeron por fin, silenciosas y calientes, posándose en la frente del recién nacido como una bendición que nadie más le daría.

El viento de la noche aullaba entre los árboles del territorio Blackthorn, llevando el olor a pino y a la tormenta que se acercaba.

Dentro de la cámara de parto, Bonita sostuvo a su quinta hija y se preguntó cuánto más esperaba la Diosa de la Luna que soportara.

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    Empuja.Empuja.Empuja.El grito de Bonita rasgó la cámara de parto cuando otra contracción la desgarró por dentro. El sudor empapaba el fino camisón que se le pegaba al cuerpo. Sus dedos se clavaron en los bordes de la cama de madera hasta que las uñas se partieron. El aire olía a sangre, hierbas y miedo.—Otra vez, Luna. ¡Empuja! —ordenó la partera principal, la voz afilada por la urgencia.Bonita empujó con todo lo que le quedaba. La visión se le nubló. En algún lugar más allá del dolor oyó el paso inquieto y pesado de botas frente a la puerta. El Alfa Drogo. Esperando. Exigiendo.El mago de la manada había jurado que este hijo era un varón. La había mirado a los ojos tres lunas atrás y lo había declarado con absoluta certeza. Un hijo. Un heredero. El que llevaría la sangre de los Blackthorn y gobernaría cuando Drogo ya no estuviera.Bonita había rezado para que fuera verdad. No por ella. Hacía mucho que había dejado de esperar bondad de su compañero. Rezaba por el niño. Por las cu

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