Share

Tres días

Author: CHIBI WRITES
last update publish date: 2026-10-15 10:19:56

La tarde siguiente un sirviente vino a buscar a Bonita mientras ella seguía en la cama. Su cuerpo no se había recuperado. Cada paso le enviaba un dolor agudo por el bajo vientre y entre las piernas. Se movía despacio, una mano apoyada en la pared para mantener el equilibrio. El sirviente no ofreció ayuda. Solo esperó junto a la puerta y dijo:

—El Alfa Drogo la quiere en su estudio ahora.

Bonita se puso un vestido sencillo. Le quedaba holgado. Había perdido peso durante el embarazo y el parto le había quitado aún más. Se recogió el cabello con dedos temblorosos y siguió al sirviente por los largos pasillos de la casa de la manada. Los miembros de la manada se apartaban al verla. Algunos desviaban la mirada. Otros la observaban con abierta curiosidad. Nadie habló.

La puerta del estudio ya estaba abierta. Drogo estaba de pie detrás de su escritorio, de espaldas a ella, mirando por la ventana. No se giró cuando ella entró. El sirviente se retiró y cerró la puerta.

—Acércate —dijo.

Bonita avanzó hasta quedar a unos pasos del escritorio. Las piernas le temblaban. Quería sentarse, pero no había silla ofrecida y sabía mejor que pedirla.

Drogo se volvió. Sus ojos la recorrieron una sola vez, desde el rostro pálido hasta la forma cuidadosa en que se mantenía en pie, y luego subieron de nuevo. No había ninguna preocupación en su expresión.

—Te ves peor que ayer —dijo—. Eso no importa.

Rodeó el escritorio y se detuvo frente a ella. Era mucho más alto. Tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos.

—He tomado mi decisión —dijo—. Ya no serás la Luna de esta manada.

Las manos de Bonita se cerraron a los costados. Permaneció en silencio.

—En tres días celebraremos la ceremonia de luna llena —continuó Drogo—. Esa noche presentaré a mi nueva compañera ante la manada. Ya está elegida. Después de que sea aceptada, anunciaré qué se hará contigo y con las cinco niñas.

Las palabras cayeron sobre ella como agua fría. Sintió el pulso en la garganta.

—Te lo digo ahora para que no te sorprendas —dijo—. No quiero escenas delante de la manada.

Bonita obligó a su voz a mantenerse firme. —¿Qué les pasará a las niñas?

La boca de Drogo se tensó. —Eso ya no es asunto tuyo. Son de mi sangre quiera o no. Yo decidiré su lugar. Tú aceptarás lo que anuncie.

Lo miró y no vio nada del hombre que una vez la había reclamado como su compañera. Solo había cálculo frío.

—Yo las llevé —dijo en voz baja—. Yo las di a luz. Son mis hijas.

—Y son la razón por la que esta manada no tiene heredero —respondió—. Cinco veces fallaste. El mago me dijo que la última era un niño. Aun así produjiste una niña. La Diosa de la Luna o se está burlando de mí o ha decidido que no eres digna de darme un hijo. En cualquier caso, ya terminé de esperar.

Volvió al escritorio y tomó un papel. Lo sostuvo para que ella pudiera ver la escritura, aunque desde donde estaba no podía leer el contenido completo.

—Esta es el rechazo formal —dijo—. Lo firmaré en la ceremonia. Después de eso no tendrás ninguna posición aquí. Ningún título. Ninguna protección de mi parte.

El estómago de Bonita se retorció. El dolor del parto se mezcló con el nuevo miedo hasta que se sintió mareada. Bloqueó las rodillas para no tambalearse.

—Drogo —dijo, usando su nombre por primera vez en meses—. Son niños. Mira solo tiene ocho años. El bebé tiene dos días. Sea lo que sea que sientas hacia mí, ellas no han hecho nada.

Dejó caer el papel de nuevo sobre el escritorio. —No uses sus edades en mi contra. Te he dado años. Te he dado oportunidades. En cada embarazo esperé. Cada vez que salías de esa habitación con otra niña me decía a mí mismo que la siguiente sería distinta. Nunca lo fue. Tú eres el factor común en cada fracaso.

Se acercó de nuevo. Su voz se mantuvo baja, pero la ira debajo era clara.

—No conservaré a una Luna que no pueda darme un heredero. No conservaré hijas que le recuerden a la manada cada día que su Alfa no tiene hijo. La nueva mujer que he elegido es joven y fuerte. El sanador ya ha confirmado que es fértil. Ella me dará lo que tú no pudiste.

Bonita sintió que las lágrimas subían y las obligó a retroceder. No lloraría delante de él otra vez. Lo había hecho demasiadas veces después de partos anteriores y nunca había cambiado nada.

—¿Cuándo puedo ver a las niñas? —preguntó.

—Puedes verlas hasta la ceremonia —dijo—. Después dependerá de lo que decida. No intentes ponerlas en mi contra. No les llenes la cabeza de historias. Ellas aceptarán el lugar que yo les dé.

Se apartó como si la conversación hubiera terminado. Bonita permaneció de pie. Las piernas le temblaban. El sangrado había vuelto a empezar con la caminata y el estrés. Lo sintió y no dijo nada.

—Puedes irte —dijo Drogo sin mirarla—. Descansa mientras puedas. Espero que aparezcas en la cena de mañana. La manada debe ver que entiendes tu posición. Ponte algo limpio. No te veas como una víctima. No permitiré que la manada sienta lástima por ti.

Bonita se giró y caminó hacia la puerta. Cada paso dolía. La abrió ella misma y salió al pasillo. El sirviente que la había traído ya no estaba. Se movió despacio de regreso hacia el ala lejana, una mano contra la pared cuando el dolor se volvía demasiado agudo.

Cuando llegó al ala de la nursery, la puerta de la habitación de los niños estaba entreabierta. Mira estaba sentada en el suelo con las gemelas, ayudándolas con un rompecabezas sencillo. Lila estaba cerca, sosteniendo con cuidado al recién nacido contra su pecho pequeño. El bebé estaba despierto, con los ojos oscuros abiertos.

Mira levantó la vista primero. Se puso de pie con rapidez y se acercó a la puerta.

—Mamá —dijo. Su voz era baja—. ¿Estás bien?

Bonita forzó un leve asentimiento. Entró y cerró la puerta. La habitación olía a leche y a tela limpia. Se sentó con cuidado en el borde de la cama. Lila le trajo al bebé y se lo colocó en los brazos. El peso era familiar y pesado al mismo tiempo.

Mira observó su rostro. A los ocho años ya sabía leer las señales. —Te llamó —dijo. No era una pregunta.

Bonita miró a su hija mayor y sintió el familiar dolor de saber cuánto comprendía ya esta niña.

—Sí —respondió—. Me llamó.

No les contó el resto. Todavía no. Sostuvo al bebé y dejó que las otras se acercaran. Rosa se apoyó contra su pierna. Elena se subió a la cama a su lado. Lila se quedó cerca, callada y atenta.

Bonita permaneció con ellas hasta que el bebé volvió a dormirse y las menores se inquietaron. Ayudó a Mira a acostarlas para la noche. Cuando la habitación quedó en silencio, se sentó sola un rato con el recién nacido aún en los brazos, mirando la pequeña marca de creciente en el hombro del bebé.

Tres días.

En tres días él se pondría frente a toda la manada y decidiría sus vidas.

Apretó los labios contra la frente del bebé y se quedó así hasta que la espalda le dolió demasiado para mantener la posición. Luego colocó a la niña en la pequeña cuna y se tendió en la cama estrecha del rincón de la habitación. El sueño no llegó. Seguía oyendo su voz enumerando sus fracasos y anunciando la fecha de la ceremonia como si ya fuera un asunto terminado.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS   La ceremonia de la luna llena

    Dos días después la ceremonia de luna llena comenzó al anochecer. La manada se reunió en el gran claro detrás de la casa principal. Antorchas rodeaban los bordes y proyectaban una luz desigual sobre los rostros de la gente que se mantenía en filas. Bonita estaba de pie al frente con sus cinco hijas, exactamente donde Drogo había ordenado que estuvieran.Mira sostenía al bebé contra su pecho. Lila se mantenía a la derecha de Bonita, con los dedos enganchados en la tela del vestido de su madre. Las gemelas se apretaban cerca al otro lado. Ninguna de las niñas hablaba. Bonita mantenía una mano en el hombro de Mira y la otra apoyada con suavidad sobre la cabeza de Elena. El cuerpo aún le dolía, pero se obligó a permanecer erguida.Drogo estaba de pie sobre la plataforma de piedra elevada con la joven a su lado. Ella llevaba un vestido formal oscuro y mantenía la mirada al frente. El Beta y los ancianos de la manada se mantenían cerca. El resto de la manada llenaba el claro en silencio. Na

  • La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS   La comida de la tarde

    Al día siguiente Drogo envió recado de que Bonita debía presentarse en la cena de la noche. Debía sentarse en el salón principal con el resto de la manada. Sin excusas.Pasó la tarde en la habitación de los niños, moviéndose solo cuando era necesario. El sangrado había disminuido, pero el dolor seguía constante. Mira la ayudó a ponerse un vestido limpio y le arregló el cabello sin que se lo pidieran. La niña no hizo preguntas. Simplemente trabajó en silencio, con las manos pequeñas y cuidadosas.Cuando llegó el momento, Bonita dejó el ala lejana y caminó por el largo pasillo hacia el salón principal. Cada paso tiraba de su cuerpo. Mantuvo la espalda recta porque sabía que Drogo lo notaría si no lo hacía.El salón ya estaba lleno. Los miembros de la manada se sentaban en las largas mesas. La conversación bajó cuando ella entró. Drogo ocupaba la cabecera. A su lado había una mujer a la que Bonita solo había visto unas pocas veces antes: joven, de piel clara, con el cabello oscuro recogi

  • La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS   Tres días

    La tarde siguiente un sirviente vino a buscar a Bonita mientras ella seguía en la cama. Su cuerpo no se había recuperado. Cada paso le enviaba un dolor agudo por el bajo vientre y entre las piernas. Se movía despacio, una mano apoyada en la pared para mantener el equilibrio. El sirviente no ofreció ayuda. Solo esperó junto a la puerta y dijo:—El Alfa Drogo la quiere en su estudio ahora.Bonita se puso un vestido sencillo. Le quedaba holgado. Había perdido peso durante el embarazo y el parto le había quitado aún más. Se recogió el cabello con dedos temblorosos y siguió al sirviente por los largos pasillos de la casa de la manada. Los miembros de la manada se apartaban al verla. Algunos desviaban la mirada. Otros la observaban con abierta curiosidad. Nadie habló.La puerta del estudio ya estaba abierta. Drogo estaba de pie detrás de su escritorio, de espaldas a ella, mirando por la ventana. No se giró cuando ella entró. El sirviente se retiró y cerró la puerta.—Acércate —dijo.Bonita

  • La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS   El peso de cinco

    La puerta se cerró tras Drogo y la habitación permaneció en silencio durante un largo rato. Solo los pequeños sonidos húmedos del bebé llenaban el espacio. Bonita la sostenía contra su pecho, sintiendo cómo el cuerpecito temblaba con cada llanto. Su propio cuerpo aún temblaba. Cada parte de ella dolía. La partera se acercó y extendió los brazos hacia la niña.—Luna, necesito limpiarla y revisarla bien.Bonita no la soltó al principio. Los brazos se le sentían trabados. La mujer esperó, paciente pero firme, hasta que por fin aflojó el agarre. En el instante en que el peso cálido la abandonó, el vacío la golpeó con fuerza. Observó cómo la partera llevaba al bebé hasta la mesa lateral, la limpiaba con cuidado y la envolvía en un paño limpio. La niña tenía el cabello oscuro, ya espeso, y una pequeña marca roja en el hombro izquierdo que parecía un creciente. Bonita la miró fijamente hasta que los ojos le ardiaron.—Está sana —dijo la partera sin levantar la vista—. Pulmones fuertes. Buen

  • La ALPHA’S Rechazada LUNA Y SUS CINCO HIJAS   Otra chica

    Empuja.Empuja.Empuja.El grito de Bonita rasgó la cámara de parto cuando otra contracción la desgarró por dentro. El sudor empapaba el fino camisón que se le pegaba al cuerpo. Sus dedos se clavaron en los bordes de la cama de madera hasta que las uñas se partieron. El aire olía a sangre, hierbas y miedo.—Otra vez, Luna. ¡Empuja! —ordenó la partera principal, la voz afilada por la urgencia.Bonita empujó con todo lo que le quedaba. La visión se le nubló. En algún lugar más allá del dolor oyó el paso inquieto y pesado de botas frente a la puerta. El Alfa Drogo. Esperando. Exigiendo.El mago de la manada había jurado que este hijo era un varón. La había mirado a los ojos tres lunas atrás y lo había declarado con absoluta certeza. Un hijo. Un heredero. El que llevaría la sangre de los Blackthorn y gobernaría cuando Drogo ya no estuviera.Bonita había rezado para que fuera verdad. No por ella. Hacía mucho que había dejado de esperar bondad de su compañero. Rezaba por el niño. Por las cu

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status