Share

Capítulo 1

Author: LizethZM
last update publish date: 2024-09-05 11:59:05

Hace un tiempo atrás.

Sara observaba la ventana de su oficina con frustración y nerviosismo. Hoy vendría el dueño de la empresa y quien había sido su jefe por más de seis años. Nunca lo había visto en persona, sus comunicaciones eran solo telefónicas o por correo, y en ese momento, recordó lo fuerte y gruesa que era su voz, le producía sensaciones que jamás ningún hombre logró, ni su ex prometido.

Menea la cabeza para alejar esos pensamientos en el momento en que la puerta es tocada y la cabeza de su mejor amiga y secretaria, aparece por la puerta de su oficina.

—Nena, es hora, la junta te espera —suspirando, se da la vuelta y camino hasta la puerta donde Mariana la espera.

—¿Lo viste? —dice ella con un tono de desespero.

—No, el hombre venía rodeado como por diez guardaespaldas y no pude verlo, es de la realeza, nena —ella asiente recordándose eso.

Sara llevaba fantaseando con ese hombre por años, y eso no podía seguir permitiéndoselo. Él era un hombre imposible para ella, no solo porque era el jeque de un país, sino que también porque ella no encajaba en su religión.

—Bien, espero que no sea como todos lo pintan, mi periodo llego y no estoy para aguantar a nadie —dice ella pasando por el lado de su amiga, para luego ir hasta la reunión que se estaba dando en la sala de juntas.

Sara llegó al lugar donde se efectuaría la reunión y con manos temblorosas abrió la puerta de una forma un poco brusca que ocasiono que ella se fuera de brusques al piso. Jadea por el dolor que siente en sus rodillas porque estas fueron las que recibieron el golpe.

Con la vergüenza tomando su cuerpo, se levanto del piso, sintiendo unas miradas penetrantes en ella. El rostro de Sara se alza con dignidad y jadea cuando observó el lugar lleno de más de veinte personas, pero eso no es lo que en realidad la impresiono.

Lo hizo el hombre alto, de cuerpo fornido enfundado en un costoso traje y unos ojos verdes como las esmeraldas que la observaba con la cabeza ladeada.

—¿Y esta mujer es mi contadora? —exclamó él con un tono de desagrado y aburrimiento.

—Mucho gusto, señor, Sara Wilson —dijo extendiendo su mano, pero no recibió nada de él y en ese momento pensó que el hombre es el más odioso del mundo.

—¿Siempre es asi de torpe?, porque si es asi, quiero que se quite esos tacones ahora mismo, no quiero que por su torpeza arruine algo de mi obra.

Los ojos de Sara se abrieron de forma exagerada, no puede creer que este hombre sea tan odioso y engreído. Cuando hablaba con él por teléfono, jamás se imaginó que el hombre frente a ella, podía ser el mismo.

Con toda la dignidad que aún tenía en su cuerpo, asintió y camino a la silla vacía al lado de él para tomar asiento, sintiendo el aroma más delicioso que jamás había olido apoderándose de sus fosas nasales.

—¿Qué cree que hace? —dice la voz fuerte y gruesa de Alan que la miraba como si se hubiera vuelto, loca. La mujer estaba pegada a su lado, olfateando su saco como si fuera un perro.

El desagrado se apodero de su cuerpo, y lo hace gruñir con fuerza, odia que lo toquen o que las personas se acerquen de más a él, pero esa pelirroja había irrumpido todas sus reglas y eso lo tenía fuera de control, por lo que necesitaba controlarse o estallaría de una forma desastrosa.

—¿Disculpe? —pregunto ella con confusión.

—Está olfateándome como si fuera un perro, ¿acaso tiene algún problema? —gruñe haciéndola gemir por lo bajo, lo que hace que Alan apriete las manos con fuerza, la mujer es la debilidad en persona, siempre ha tenido una fascinación por las pelirrojas, y ella es todo a lo que él le ha huido estos últimos años.

—Oh, lo siento, es que su loción es algo que jamás había olido, ¿es de su país? —pregunto Sara en un tono tan inocente que lo hace estremecer y querer salir corriendo.

—Sí, lo es, ahora aléjese, detesto que las personas me toquen —dice, logrando que Sara lo mire entrecerrando los ojos y preguntándose de dónde salió ese raro, porque al parecer no es de este mundo, es muy extraño.

—¿Podemos iniciar? —pregunto Arón, el gerente de la empresa.

—Debimos hacerlo hace quince minutos, pero al parecer los empleados de mi empresa, hacen lo que se les da la gana —indico Alan con un tono de reproche y enfado en su voz.

—Lo siento, señor, no esperábamos su visita.

—Claro que no, porque no tengo por qué decirles cuando pienso venir, es mi empresa. —Todos asintieron sin decir una sola palabra, pero preguntándose porque el Jeque se encuentra tan enfadado.

—Bien, empecemos —dijo el gerente, observando a Sara con una mirada de reproche que la pone a temblar, lo había jodido todo.

—La señorita Wilson nos pasó hace días el último informe de los balances de la petrolera —todos asintieron a lo que el hombre de barba y barriga exagerada dice, mientras señalaba en una proyección que se muestra en la pared del lugar.

—Y me pregunto por qué las del último mes bajaron tanto —pregunto Alan con la rabia fluyendo por todo su cuerpo, la visita a su empresa era porque sabía que alguien lo estaba robando y eso lo tenía fuera de sí.

Fueron años de trabajo para conseguir el imperio que ahora tiene y el respeto de su gente y primo, quien es el rey de Arabia, no permitiría que nadie destruyera lo que le llevó años levantar.

—Creo que la señorita Wilson se equivocó en las proyecciones del último mes —dijo el gerente con el frío recorriendo su cuerpo.

—No, En realidad la revisé tres veces, no creo que algo tan grande no se pueda ver —dijo Sara, entrecerrado los ojos en dirección de su jefe, ella sabía que el hombre venía robando a la empresa desde hace meses, pero no se animaba a decirlo porque necesitaba el empleo, perderlo sería la muerte para su padre, quien estaba en una clínica de la ciudad, luchando contra un tumor que hace años lo atormentaba.

—Si, no soy estúpido, no dejaría mi empresa en manos de un hombre como tú, se lo que pasa aquí, Johnson —exclamo Alan con fuerza, logrado que el hombre tiemble, si sabían que había estado robando a la empresa, la muerte era su condena, asi se manejaban ellos, los árabes eran muy letales cuando de una falta como esa se trataba.

—No se a que se refiere con eso, señor —indico el hombre con la voz temblorosa.

—¿Sabes que detesto más que las mentiras? —le pregunto Alan al hombre que tiembla frente a él—. Que me quieran ver la cara, y me mientan de frente.

—Pero señor, no tengo idea de lo que está pasando, seguro hay un error, es eso —Alan sonrió y se levanto de su lugar para ir hasta donde está el hombre gordo y sudoroso, para detenerse frente a él y colocar la mano en su hombro.

—Tienes diez minutos para salir de mi empresa y desaparecer, porque si no lo haces, te acabaré frente a todos, ¿que decisión tomas? —le pregunto con un tono tan siniestro que hace temblar a Sara, Alan no era lo que pensaba y lo mejor era alejarse de él lo más que pudiera, no quería terminar con el corazón dañado y su vida destrozada.

El hombre no esperó más y salió corriendo como si la misma muerte lo persiguiera.

Cuando la sala quedó en completo silencio, el jeque se sacudió el saco de su traje y coloco la mirada en la hermosa pelirroja que lo tenía fuera de control, su voz todos estos años lo tenían añorándola, sabía que solo necesitaba un par de noches para sacarla de su sistema, pero ahora las cosas habían cambiado, y estaba más qe seguro que debía alejarse o todo estaría por lo que había luchado estaría en riesgo.

—Pasaré un mes en la empresa para asegurarme de que todo este en orden. Cuando me asegure de que asi es, escogeré a las personas adecuadas para que viajen conmigo a Al Hofuf, la sede principal de la empresa se ubicará alla, y necesito personas de confianza —el rostro de Sara estaba desencajado, ella no podía irse, y mucho menos para un país donde todo en lo que ella creía era malo y estaba prohibido, necesitaba buscar la manera de que la dejaran aquí y pudiera seguir trabajando en la empresa a la que le había dado sus mejores últimos seis años.

—¿Es necesario que se viaje, señor? —preguntó con timidez, Sara, rogando para que ella no fuera una de las que debería viajar.

—No, pero para usted, si lo es, ha sido la contadora de mi empresa por los últimos seis años, la necesito en Al Hofuf.

—Lo siento, señor, pero no puedo hacer eso —una de las cejas de Alan se elevo por la sorpresa, ¿En serio está diciendo qe no? Es la mejor oportunidad que podrá tener, vivirá en un país muy próspero y para el hombre más rico del país después de su primo.

—¿Es su carta de renuncia? —pregunto Alan con una rabia que no comprende. Eso sería lo mejor para él, se evitarían muchos dolores de cabeza si la pelirroja frente a él renuncia.

—No, no —dijo Sara con desespero —. Necesito el empleo, no puedo perderlo.

—Bien, entonces se irá conmigo en un mes. Si necesita que su esposo o hijos o lo que sea que tenga, no le causen problemas, pues busque una solución rápida —rugiou Alan con desespero haciéndola brincar en su asiento.

—Solo tengo a mi padre y no puedo dejarlo solo.

—Pues entonces conoce el camino a recursos humanos y si no es más, se terminó esta reunión, necesito respirar —dijo Alan tomando su móvil y caminando hasta la puerta, seguido por seis hombres más. Cuando la sala se queda solo con los jefes de cada departamento, el caos se apodera del lugar.

****

—¿Qué voy a hacer —le dijo Sara a su amiga que no deja de verla con pesar y tristeza—Ella, mejor que nadie, sabe el amor que le tiene a su padre y dejarlo sería muy duro para ella, pero también conoce su necesidad de trabajo, no tienen nada más y perderlo sería la ruina.

—Sé que no quieres hacer esto, pero no te queda otra salida, deberás irte. Ese hombre no se anda con juegos, en realidad asusta mucho. —Sara asintió, porque también siente lo mismo y está más que segura que si no hace lo que él quiere perderá todo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • La Amante secreta del Rey Jeque    Epílogo

    Sara observaba todo desde detrás de la espalda de Alan, estaba asustada, no quería que esto terminara mal, no quería perderlo, el y sus hijos fueron la fuerza que ella necesitó para seguir soportando todo lo que él le hacia. —¿Que pretendes entonces? —dijo Alan. —Tener un familia, eso es lo que quiero, y con ella es con quien lo deseo. —No va a pasar eso, ella se va a ir conmigo. —Primero te mato —dijo el con el arma en alto. —¡¡No, no!! —dijo Sara, saliendo detrás de Alan y colocándose frente a él. —Por favor, no, es suficiente, ya no más. Dijo Sara sollozando, si lo pierde a él, todo será diferente y no soportará nada más —Entonces ven, si no quieres que el termine muerto a tus pies, ven conmigo ahora mismo —dijo Ronald con el arma en alt,o, en dirección a Alan. —No, claro que no, no volverás a su lado, ya fue suficiente, el debe estar en una cárcel o en una fosa común como tu padre —Ronald titubeo. —¿Que?, eso no es verdad, mi madre no lo permitiría. L

  • La Amante secreta del Rey Jeque    Final

    Sarah está en la cocina de la casa preparando la comida como todas las noches, llevaba un mes al lado de Ronald, después de haberlo curado, había ganado su confianza, por lo que ya no estaba en ese oscuro y sucio lugar sino en la parte de arriba de la casa. Había descubierto que se encontraban una casa de lago en un bosque, nunca había visto ese lugar, y por más que intento buscar la manera de escapar, todo fue en vano. Ahora tenía que actuar como si fueran una familia aunque ella siempre estaba encadenada y solamente se podía mover por la casa si lo autorizaba. Sus hijos estaban bien, y por muy sorprendente que su pudiera ser, hace 15 días había sido operada por fin de su corazón corazón, las cosas habían salido mejor de lo que esperaba y su cuerpo había aceptado el corazón de Mariana. En ese momento una charla que tuvo con Ronald llega a su mente con rapidez. —¿ por qué estás haciendo esto? — quiso saber ella, había llegado con un médico para decirle que hoy sería su operac

  • La Amante secreta del Rey Jeque    Capítulo 103

    Había pasado un mes, un mes en el que Alan no sabía nada de Sarah, un mes en el que las cosas estaban mal, se había distanciado de sus hermanos, comía no dormía, y le dolía ver poco a poco como la mamá de Sarah iba enfermando y muriendo un poco más. Willy sus hermanos estaban enfocados en encontrar a Ronald, pero el hombre había desaparecido de la faz de la tierra, no se sabía de él, lo poco que se sabía era algo que no servía para nada. Alan se acercó a la cuna de su pequeña hija, y acarició su pelo rojo como el de su madre. — sé que extrañas a tu mamá hija, yo también lo hago, pero te juro que estoy haciendo lo imposible para encontrarla Su pequeña hija hizo un pequeño ruido que se hizo cuando él siguió acariciando su pequeñita cabeza. Alan apretó los dientes con fuerza porque un soso quería salir de él, nunca había llorado en su vida o bueno lo había hecho desde que conocí a Sarah, pero como ahora jamás, todas las noches se quedaba dormido llorando imaginando que nunca

  • La Amante secreta del Rey Jeque    Capítulo 102

    Sara observaba el lugar en el que se encontraba con miedo y temor, no sabía donde se encontraba, estaba lleno de suciedad y mal olor, no sabía porque la había traído aquí, pero de lo que si estaba segura era que necesitaba salir de aquí como fuera, no podía seguir ni un día más en este lugar del que no sabía que le esperaba. —Está un poco sucio, pero todo estará mejor cuando salgamos de aquí. Ella miraba a Ronald como si se hubiera vuelto loco, no tenía idea de lo que él tenía en mente, pero no quería saberlo y el miedo que ahora mismo estaba sintiendo, jamás lo había sentido, y eso le aterraba más que el sentirlo a él cada vez más cerca. —No quiero estar aquí, Ronald, sabes que este no es mi lugar, necesito que me dejes ir, que me dejes seguir mi vida. —Tu vida es a mi lado, y es lo que va a pasar, así que es mejor que lo aceptes lo más rápido que puedas para que no te duela. —¡¡Esque no tengo nada que aceptar, ni lugar no está a tu lado y tienes que aceptarlo!!, ¡¡Jam

  • La Amante secreta del Rey Jeque    Capítulo 101

    Sara se movía por medio de su habitación, estaba impaciente, no podía creer que ellos sí hubieran hecho eso, las cosas no estaban saliendo bien, o eso era lo que ellos creían. El lugar estaba en silencio y ella estaba un poco paranoica, se encontraba sola en casa porque sus padres habían salido a la rutina diaria de las citas de su mamá. Un fuerte golpe en la parte de abajo la hizo salir rápido su habitación y bajar las escaleras para averiguar que estaba pasando. Sarif estaba en el piso bocabajo estrategias se encontraba la persona que pensó que jamás volvería a ver —Hola hermosa — Dijo Ronald —¿ qué haces aquí? — preguntó ella con su voz temblando —¿ no es obvio? —ella negó asustada. — no, no lo es y no lo quiero saber, ahora? Qué le hiciste?— Dice ella mirando al piso donde se encuentra desmayada su hermana. — no me gustan los caos sueltos, ella siempre fue un caos suelto, y me encargué de ella — Sarah intentó acercarse para saber si estaba viva, pero Ronald negó

  • La Amante secreta del Rey Jeque    Capítulo 100

    Ahora nos observaba la mujer que tenía frente a él una y otra vez, la mujer que tenía la cara desfigurada le sonreía como si fuera su mejor amiga. —¿ no me recuerdas? — ella aún sin dejar de sonreír. — no te cuide quién eres. — claro que lo sabes, dentro de tu mente hay un recuerdo que no quieres traer, pero cuando lo hagas recordarás quién soy. Alan negó un par de veces, él sabía que una parte de él lo conocía pero no recordaba de dónde. —¿ qué es lo que quieren de mí? — preguntó ella. — ya lo sabes, la pregunta aquí es, ahora, Qué estás dispuesta a hacer para irte de aquí?--¿Quien te dijo que quiero irme? --Alan levanto una de sus cejas negras.--¿No quieres irte? --La verdad esque aquí estoy muy bien, no tengo necesidad de regresar al lugar en el que estaba.Azar miro Alan sin comprender de que estaba hablando esa mujer, ¿como era que estaba mejor estando aqui?, estaba amarrada a una silla, y paso la noche incomoda, ¿estaba loca? -Se lo que están pensando, que si estoy lo

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status