LOGINEl sol de la mañana comenzó a filtrarse entre las ramas húmedas de los cipreses toscanos, tiñendo el cielo de un dorado pálido. La tormenta de la noche anterior había dejado el aire limpio y fresco, pero dentro de la casona de Tenuta San Luca, el ambiente era denso y cargado de una tensión invisible. Alessia se despertó en su habitación del ala este. Aunque había regresado del refugio a altas horas de la madrugada bajo el refugio del manto nocturno, apenas había podido conciliar el sueño. Sus labios aún guardaban la memoria del aliento de Dante y sus oídos retenían cada una de las palabras que el Conde le había confesado en la penumbra de la chimenea. Jamás había sentido algo parecido. La frase resonaba en su mente como un eco constante, dividiendo sus pensamientos entre la esperanza de un futuro real y el temor a estar entregando su corazón al hombre equivocado. Se vistió rápidamente con una blusa blanca de algodón y pantalones de montar, dispuesta a dirigirse a las Cuadras Centr
El fuego de la chimenea continuaba chisporroteando, arrojando destellos dorados contra los muros de piedra húmeda del refugio, pero el calor que segundos antes había envuelto a Alessia y a Dante se vio repentinamente sacudido por un escalofrío de pura incertidumbre. Alessia se separó de él con un movimiento brusco, casi asustado, apoyando las palmas de sus manos contra el pecho firme del Conde para empujarlo hacia atrás. El aire frío de la estancia, colándose por las rendijas de la puerta de roble, golpeó su rostro encendido mientras la cruda realidad caía sobre ella como un balde de agua helada. Sus labios aún ardían por la intensidad de aquel beso desesperado, pero una punzada de profunda culpa comenzó a retorcerle el estómago. Se abrazó a sí misma con fuerza, bajando la mirada hacia el suelo de tierra batida, sintiendo que el corazón le latía desbocado y caótico. ¿Qué estás haciendo, Alessia? —se repitió mentalmente con desesperación—. ¿Te has vuelto loca? Dudó de cada segu
Las semanas que siguieron al matrimonio se convirtieron en un complejo y absorbente juego de ajedrez bajo el mismo techo. Aunque ante la alta sociedad de Florencia y los socios comerciales de la familia el matrimonio De Luca aparentaba ser una sólida unión de conveniencia y respeto mutuo, en el interior de la gran casona la convivencia diaria desafiaba constantemente las reglas establecidas. Obligados por la gestión conjunta de las tierras, Alessia y Dante debían recorrer con frecuencia las vastas hectáreas de viñedos, colinas de olivos y establos que unían ambas propiedades. Y cada uno de esos trayectos se transformaba en un duelo silencioso de miradas, reproches a medias y una tensión física insostenible que amenazaba con estallar en cualquier momento. Una tarde de finales de otoño, el clima de la región toscana cambió de forma drástica y violenta. Un cielo plomizo, cargado de nubes negras como tinta, devoró el sol en cuestión de minutos, anunciando la llegada de una tormenta
La noticia de la boda secreta y relámpago entre el Conde Dante De Luca y la joven veterinaria Alessia Vane sacudió los cimientos de la alta sociedad italiana como un terremoto de proporciones bíblicas. En cuestión de horas, las portadas de los principales diarios financieros y de las revistas de crónica rosa de Milán, Roma y Florencia se inundaron con fotografías de la ceremonia privada celebrada en la capilla histórica de Tenuta San Luca. Para la opinión pública exterior, deslumbrada por el brillo de los titulares, se trataba de un romance moderno, un matrimonio de cuento de hadas entre el magnate más codiciado de la región y la apasionada criadora que había conquistado su corazón en las pistas de Siena.Pero para los propios protagonistas, la realidad distaba abismalmente de un cuento de hadas: era un pacto frío, estratégico y calculado, firmado en los límites del orgullo y la supervivencia.Aquella primera noche como contrayentes, la imponente mansión de la familia De Luca guarda
El imponente estadio de la Gala Ecuestre de Siena lucía absolutamente repleto hasta el último asiento disponible. Las gradas y los palcos VIP albergaban a lo más selecto de la aristocracia italiana, magnates de la industria vinícola internacional, diplomáticos y los criadores de caballos más prestigiosos de Europa. Bajo los parasoles de terciopelo rojo y dorado, el murmullo de las conversaciones cesó abruptamente cuando los jueces tomaron sus posiciones. Entre los asistentes del palco principal destacaba la figura de Isabella Conti. Ataviada con un exclusivo vestido rojo de alta costura milanesa, gafas de sol de diseñador y una expresión de soberbia congelada en el rostro, observaba la pista central con evidente desprecio. —No logro comprender en qué estabas pensando al permitir semejante circo, Dante —se quejó Isabella, inclinándose hacia el Conde y posando una mano con manicura perfecta sobre su antebrazo—. Todo el mundo en la alta sociedad está comentando esta ridiculez. Una ca
Las siguientes cuarenta y ocho horas en las caballerizas de Tenuta San Luca se convirtieron en un verdadero campo de prueba para los nervios y la paciencia de Alessia. Sombra demostró con creces por qué inspiraba temor en toda la comarca: un semental de pelaje negro azabache, musculatura perfecta, ojos desorbitados por el temperamento salvaje y una furia indómita que rechazaba cualquier intento de domesticación humana. Cada vez que un mozo de cuadra intentaba acercarse con una manta o una silla, el animal lanzaba coces capaces de destrozar tablones de roble y mordía el aire con furia ciega. Desde la gran terraza de piedra del segundo piso de la casona principal, Dante observaba cada movimiento de la joven a través de unos prismáticos de precisión alemana. Sostenía una copa de cristal con vino tinto en la mano derecha, pero sus labios permanecían firmemente sellados en una línea recta y dura. —Es un sin sentido absoluto, hermano —dijo Matteo De Luca, su medio hermano mayor, apareci







