LOGINLas semanas que siguieron al matrimonio se convirtieron en un complejo y absorbente juego de ajedrez bajo el mismo techo. Aunque ante la alta sociedad de Florencia y los socios comerciales de la familia el matrimonio De Luca aparentaba ser una sólida unión de conveniencia y respeto mutuo, en el interior de la gran casona la convivencia diaria desafiaba constantemente las reglas establecidas. Obligados por la gestión conjunta de las tierras, Alessia y Dante debían recorrer con frecuencia las vastas hectáreas de viñedos, colinas de olivos y establos que unían ambas propiedades. Y cada uno de esos trayectos se transformaba en un duelo silencioso de miradas, reproches a medias y una tensión física insostenible que amenazaba con estallar en cualquier momento. Una tarde de finales de otoño, el clima de la región toscana cambió de forma drástica y violenta. Un cielo plomizo, cargado de nubes negras como tinta, devoró el sol en cuestión de minutos, anunciando la llegada de una tormenta
La noticia de la boda secreta y relámpago entre el Conde Dante De Luca y la joven veterinaria Alessia Vane sacudió los cimientos de la alta sociedad italiana como un terremoto de proporciones bíblicas. En cuestión de horas, las portadas de los principales diarios financieros y de las revistas de crónica rosa de Milán, Roma y Florencia se inundaron con fotografías de la ceremonia privada celebrada en la capilla histórica de Tenuta San Luca. Para la opinión pública exterior, deslumbrada por el brillo de los titulares, se trataba de un romance moderno, un matrimonio de cuento de hadas entre el magnate más codiciado de la región y la apasionada criadora que había conquistado su corazón en las pistas de Siena.Pero para los propios protagonistas, la realidad distaba abismalmente de un cuento de hadas: era un pacto frío, estratégico y calculado, firmado en los límites del orgullo y la supervivencia.Aquella primera noche como contrayentes, la imponente mansión de la familia De Luca guarda
El imponente estadio de la Gala Ecuestre de Siena lucía absolutamente repleto hasta el último asiento disponible. Las gradas y los palcos VIP albergaban a lo más selecto de la aristocracia italiana, magnates de la industria vinícola internacional, diplomáticos y los criadores de caballos más prestigiosos de Europa. Bajo los parasoles de terciopelo rojo y dorado, el murmullo de las conversaciones cesó abruptamente cuando los jueces tomaron sus posiciones. Entre los asistentes del palco principal destacaba la figura de Isabella Conti. Ataviada con un exclusivo vestido rojo de alta costura milanesa, gafas de sol de diseñador y una expresión de soberbia congelada en el rostro, observaba la pista central con evidente desprecio. —No logro comprender en qué estabas pensando al permitir semejante circo, Dante —se quejó Isabella, inclinándose hacia el Conde y posando una mano con manicura perfecta sobre su antebrazo—. Todo el mundo en la alta sociedad está comentando esta ridiculez. Una ca
Las siguientes cuarenta y ocho horas en las caballerizas de Tenuta San Luca se convirtieron en un verdadero campo de prueba para los nervios y la paciencia de Alessia. Sombra demostró con creces por qué inspiraba temor en toda la comarca: un semental de pelaje negro azabache, musculatura perfecta, ojos desorbitados por el temperamento salvaje y una furia indómita que rechazaba cualquier intento de domesticación humana. Cada vez que un mozo de cuadra intentaba acercarse con una manta o una silla, el animal lanzaba coces capaces de destrozar tablones de roble y mordía el aire con furia ciega. Desde la gran terraza de piedra del segundo piso de la casona principal, Dante observaba cada movimiento de la joven a través de unos prismáticos de precisión alemana. Sostenía una copa de cristal con vino tinto en la mano derecha, pero sus labios permanecían firmemente sellados en una línea recta y dura. —Es un sin sentido absoluto, hermano —dijo Matteo De Luca, su medio hermano mayor, apareci
El frío de la madrugada en el valle de Val d'Orcia calaba hasta los huesos, filtrándose a través de la lana gruesa del abrigo, pero el orgullo de Alessia Vane ardía con la fuerza de un incendio incontrolable. A sus veinticuatro años, con el título de veterinaria colgado en la pared de su despacho y los recuerdos de su difunto padre pesando sobre sus hombros, había jurado no dejar que nadie pisoteara el legado de su familia. Detuvo su vieja camioneta todoterreno con un chirrido seco frente a los imponentes portones de hierro forjado de Tenuta San Luca. Aquella propiedad no era solo una hacienda; era el imperio agrícola y ganadero más temido de toda la Toscana, un dominio absoluto de tierras infinitas, viñedos de exportación y cuadras de pura sangre que pertenecía al hombre más influyente y despiadado de la región: el Conde Dante De Luca. Sobre el asiento del copiloto reposaba la notificación final del banco de Siena. El sobre oficial tenía un sello implacable: si en el plazo de tre







