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Capítulo 2: Apuesta En La Arena.

작가: Isa González
last update 게시일: 2026-10-29 05:19:27

Las siguientes cuarenta y ocho horas en las caballerizas de Tenuta San Luca se convirtieron en un verdadero campo de prueba para los nervios y la paciencia de Alessia. Sombra demostró con creces por qué inspiraba temor en toda la comarca: un semental de pelaje negro azabache, musculatura perfecta, ojos desorbitados por el temperamento salvaje y una furia indómita que rechazaba cualquier intento de domesticación humana. Cada vez que un mozo de cuadra intentaba acercarse con una manta o una silla, el animal lanzaba coces capaces de destrozar tablones de roble y mordía el aire con furia ciega.

​Desde la gran terraza de piedra del segundo piso de la casona principal, Dante observaba cada movimiento de la joven a través de unos prismáticos de precisión alemana. Sostenía una copa de cristal con vino tinto en la mano derecha, pero sus labios permanecían firmemente sellados en una línea recta y dura.

​—Es un sin sentido absoluto, hermano —dijo Matteo De Luca, su medio hermano mayor, apareciendo sigilosamente a sus espaldas con una sonrisa afable y calculada—. Deberías echar a esa muchacha de la propiedad antes de que cometa una locura y termine con los huesos rotos en un hospital. Su padre era un timador empedernido y ella heredó la misma insensatez. Solo busca llamar tu atención con dramas de campesina.

​Dante bajó los prismáticos lentamente, sin apartar la mirada de la pista de arena donde Alessia intentaba comunicarse con el animal.

​—No se va a romper la cabeza, Matteo —respondió Dante con voz pausada y gélida—. Y si lo hace, será bajo su propia responsabilidad. Nadie le puso una pistola en la cabeza para aceptar los términos de la apuesta.

​—Sabes perfectamente que la prensa regional ya está especulando sobre esto —insistió Matteo, sirviéndose un trago de licor en un vaso corto—. Si pierde y la obligas a trabajar como tu criada sin salario, la alta sociedad de Florencia y Siena nos criticará duramente. Además, Isabella llega mañana por la mañana procedente de Milán. No le hará ninguna gracia ver a una intrusa pululando por los establos de la familia.

​Dante se giró bruscamente hacia su medio hermano, y la intensidad de su mirada hizo que Matteo retrocediera un paso de forma inconsciente.

​—Isabella dejó de tener derecho a opinar sobre mi vida personal o mis propiedades el mismo día que rompió nuestro compromiso hace tres años —sentenció Dante con una dureza implacable—. Y si vuelves a mencionar su nombre en relación con mis asuntos, te aseguro que te arrepentirás. Alessia Vane cumplirá cada cláusula del contrato si resulta derrotada.

​Abajo, en la arena del picadero, la situación había alcanzado un punto crítico. La tensión se palpaba en el aire. Sombra dio un salto desmesurado, encabritándose de forma violenta y lanzando por los aires a uno de los peones más experimentados de la finca, quien cayó pesadamente sobre la tierra levantando una nube de polvo. El semental relinchó con furia ciega, sacudiendo la cabeza y amenazando con pisotear al hombre derribado.

​Un destello de pura adrenalina recorrió el cuerpo de Dante. Soltó la copa de cristal sobre la mesa de la terraza —que se estrelló en mil pedazos— y descendió las escaleras a zancadas furiosas.

​—¡Suficiente! —bramó Dante irrumpiendo en el picadero con paso imponente—. ¡Se acabó el tiempo de juegos, Vane! Este animal es un peligro público y no voy a permitir que destruya mis instalaciones ni ponga en riesgo la vida de mi personal. Acepta tu fracaso de una vez por todas y vete de aquí.

​Alessia, cubierta de polvo de los pies a la cabeza, con el cabello castaño cobrizo desordenado en mechones húmedos por el sudor y un rasguño sangrante en la mejilla, se puso de pie con una agilidad felina. Su pecho subía y bajaba con rapidez, pero sus ojos grises despedían chispas de desafío puro.

​—¡No me toque, Conde De Luca! —gritó ella con voz autoritaria, zafándose con un tirón seco del brazo que Dante había extendido para apartarla.

​—¡Estás loca! ¡Ese caballo te va a matar si te acercas un centímetro más! —rugió Dante, perdiendo por primera vez el control férreo de su carácter.

​Ignorando por completo la advertencia del hombre más poderoso de la región, Alessia dio media vuelta y caminó con paso lento, medido y deliberado directamente hacia el semental desbocado. Se despojó de la fusta de entrenamiento, abriendo ambas manos con las palmas hacia arriba en un gesto universal de absoluta rendición y confianza. Comenzó a hablarle en un tono de voz extremadamente bajo, casi un murmullo rítmico, dulce y constante, canturreando una melodía antigua que su padre solía tararear en las mañanas de cría.

​El animal detuvo sus sacudidas por un segundo. Bufó con fuerza, resoplando vapor por las fosas nasales, y levantó las patas delanteras amenazadoramente. Pero la absoluta quietud magnética y la energía calmada que emanaban de Alessia actuaron como un ancla sobre los nervios destrozados del semental.

​Paso a paso, milímetro a milímetro, la joven recortó la distancia. Ninguno de los mozos de cuadra se atrevía a respirar. Dante permanecía inmóvil en medio de la arena, con el corazón golpeándole violentamente contra las costillas, conteniendo el aliento ante la escena de audacia inimaginable que presenciaban sus ojos.

​Finalmente, Alessia extendió la mano derecha con infinita suavidad y posó la palma abierta directamente sobre el hocico del semental.

​El animal se estremeció de pies a cabeza, emitiendo un sonido ronco desde el fondo de su garganta. Pero no atacó. Lentamente, Alessia deslizó los dedos por el cuello arqueado del caballo, acariciándole las crines y susurrándole palabras de afecto al oído. En cuestión de minutos, la bestia salvaje se había calmado por completo, apoyando dócilmente la cabeza pesada sobre el hombro de la joven veterinaria.

​Sin perder un solo instante de ventaja, Alessia colocó el pie izquierdo en el estribo improvisado, se impulsó con elegancia y montó a lomo limpio sobre el imponente semental, sin silla de montar ni riendas convencionales. Sombra dio un par de pasos cautelosos hacia atrás, pero al sentir el compás de los muslos de Alessia firmemente aferrados a sus ijares, comenzó a marchar en un círculo perfecto y armonioso alrededor de la pista.

​Dante se quedó petrificado en el centro de la arena. Jamás en toda su vida había presenciado una demostración semejante de dominio natural, empatía y valor puro. Era arte en su máxima expresión.

​Alessia detuvo al caballo justo frente al Conde. Desde las alturas de la montura natural, bajó la vista para mirarlo fijamente, con una sonrisa triunfante iluminando su rostro polvoriento.

​—Mañana es la gran Gala Ecuestre de Siena, Conde De Luca —dijo Alessia, recuperando el aliento con dificultad mientras la brisa matutina mecía su cabello—. Le sugiero que vaya preparando la pluma y los documentos de liberación de Villa Rosa.

​Dante la contempló en un silencio denso y prolongado. La combinación de la belleza salvaje de la joven, su talento indudable y el fuego indomable que habitaba en su interior provocó una sacudida profunda en los cimientos de su alma. Una corriente de deseo desconocido y abrasador se apoderó de él.

​—Mañana veremos de qué madera estás hecha realmente, mi querida Alessia —respondió Dante con la voz ronca, sosteniéndole una mirada tan intensa que hizo que las piernas de la joven temblaran por razones muy ajenas al cansancio físico.

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