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Acusada y Condenada

Penulis: H-Joon
last update Tanggal publikasi: 2026-03-15 21:38:45

Capítulo Seis

Otra me agarró del cabello, tirando mi cabeza hacia atrás. "¿Te acuerdas, Bella? ¿Te acuerdas de cómo te miró con asco? ¿De cómo eligió a Lila en vez de a ti?"

Me mordí el labio, conteniendo las lágrimas. "Sí", susurré, con la voz temblando. "Me acuerdo."

Rieron, sus voces resonando en el salón vacío. "Bien", dijo Lila fríamente. "Quiero que lo recuerdes. Quiero que sufras cada día, sabiendo que no eres nada. Que siempre serás nada."

Me pateó en el estómago, con el tacón alto clavándose en mis costillas. El dolor explotó por todo mi cuerpo, pero no grité. No le daría esa satisfacción.

"Limpia este desastre", ordenó, dándose la vuelta con un movimiento de cabello. "Y cuando termines, friega los pisos de mi habitación. Más te vale que queden impecables, o dormirás afuera esta noche."

Se fueron, sus risas resonando por el pasillo. Me quedé allí un momento, temblando, con el corazón hecho pedazos en un millón de fragmentos.

Pero me obligué a levantarme, a seguir adelante. Limpié el salón, fregando hasta que mis manos sangraron, negándome a rendirme.

Soportaría. Sobreviviría.

Y algún día, les haría pagar a todos por esto...

Pero antes de que siquiera pudiera acariciar la idea de venganza en mi mente, ocurrió algo peor...

Todo empezó con una pulsera desaparecida. Una delicada cadena de oro con piedras de rubí, un regalo de Kaden a Lila.

Estaba fregando los pisos del salón principal cuando llegó la acusación. El grito de Lila resonó por toda la casa, su voz llena de indignación. "¡Mi pulsera! ¡Desapareció! ¡Alguien la robó!"

Alcancé a levantar la vista justo cuando irrumpió, con los ojos ardiendo de furia. Estaba rodeada de sus amigas, todas mirándome como si yo fuera la culpable.

Bajé la cabeza, con el corazón latiendo a mil. No había visto su pulsera. Ni siquiera había estado cerca de su habitación. Pero por cómo me miraban, por cómo los labios de Lila se curvaron en una sonrisa cruel, supe lo que venía.

"¡Tú!", gritó, apuntándome con un dedo perfectamente manicureado. "¡Tú robaste mi pulsera!"

Me quedé helada, la sangre abandonando mi rostro. "No... no lo hice... nunca lo haría..."

Los ojos de Lila brillaron con malicia. "¡Mentirosa! No eres más que una ladrona sucia. Siempre has estado celosa de mí. Seguro querías venderla y huir."

Abrí la boca para defenderme, pero antes de que pudiera hablar, apareció Mira, con el rostro torcido de asco. "¿Entonces la ratita también es ladrona? Sabía que eras un problema."

"¡No la tomé!", grité, con la voz temblando. "Lo juro, ni siquiera vi la pulsera."

El rostro de Lila se endureció, sus ojos fríos. "Regístrenla."

Mira me agarró con rudeza, sus manos clavándose en mis brazos mientras me arrastraba al centro del salón. Las otras sirvientas se reunieron alrededor, con rostros llenos de desprecio y curiosidad.

Rasgaron mi ropa, hurgando en mis bolsillos, desgarrando mi vestido gastado mientras buscaban la pulsera. Me quedé allí, humillada y expuesta, temblando de miedo y vergüenza.

"Nada", murmuró Mira, arrojando mi ropa al suelo. "No la tiene."

Los ojos de Lila se entrecerraron, sus labios curvándose en una sonrisa cruel. "Revisen su habitación."

Negó con la cabeza desesperadamente. "¡No, por favor! ¡No la tomé! ¡Lo juro!"

Pero no escucharon. Dos guardias me arrastraron a mi pequeña habitación, arrojándome al suelo mientras revolvían mis cosas. No había nada que encontrar: solo mi vieja manta y los harapos que usaba cada día.

Pero entonces uno de los guardias soltó un grito triunfal. "¡La encontré!"

Levantó la delicada pulsera de oro, las piedras de rubí brillando en la luz tenue. Mi corazón se detuvo, la sangre se me heló. ¿Cómo? ¿Cómo había llegado allí?

Los ojos de Lila destellaron con satisfacción mientras entraba en la habitación, su voz goteando una dulzura falsa. "Oh, Bella... confié en ti. Te di la oportunidad de servirme, ¿y así me pagas? ¿Robándome?"

"¡No lo hice!", grité, con lágrimas corriendo por mi rostro. "¡No la tomé! ¡No sé cómo llegó aquí!"

El rostro de Lila se endureció, su voz fría e implacable. "Mentirosa. Ladrona. Siempre has estado celosa de mí. Siempre intentando quitarme lo que es mío. Primero Kaden, ¿y ahora mi pulsera?"

Negó con la cabeza, sollozando. "Lo juro, yo no—"

Me abofeteó con fuerza, el impacto tirándome al suelo. "¡Basta! Has deshonrado a esta manada lo suficiente. Guardias, denle una lección."

Los guardias avanzaron, con rostros inexpresivos e implacables. Me arrastré hacia atrás, con el corazón latiendo de terror. "¡No! ¡Por favor!"

Pero no escucharon. Uno de ellos me pateó fuerte en el estómago, el aire escapando de mis pulmones mientras el dolor explotaba por todo mi cuerpo. Me hice un ovillo, temblando mientras me pateaban una y otra vez, sus botas golpeando mis costillas, mi espalda, mis piernas.

Probé sangre, mi visión nublándose mientras el mundo giraba a mi alrededor. Oí la risa de Lila, fría y cruel. "Asegúrense de que recuerde esta lección. Las ladronas no son bienvenidas en esta manada."

El dolor me atravesó la cabeza cuando uno de los guardias me agarró del cabello, poniéndome de rodillas. Me dio un puñetazo fuerte, su puño estrellándose contra mi rostro; mi nariz se rompió con un crujido nauseabundo. La sangre corrió por mi cara, manchando mi ropa rota.

Estaba demasiado débil para defenderme, demasiado rota para resistir. Solo pude acurrucarme en el suelo, protegiendo mi cabeza mientras seguían golpeándome, sus puños y botas cayendo sin piedad.

No sé cuánto duró. El tiempo perdió todo sentido mientras el dolor me consumía, mi cuerpo roto y sangrando. Mis costillas se sentían destrozadas, cada respiración un pinchazo agudo y agonizante. Mi rostro estaba hinchado, mi visión borrosa y distorsionada...

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