Home / Mafia / La Esposa Indomable del Don / Capítulo 2 — La esposa que no debía sentir

Share

Capítulo 2 — La esposa que no debía sentir

Author: Rhael
last update publish date: 2026-10-22 16:35:41

—Esta no es tu habitación, señora Moretti.

Valentina se detuvo frente a una puerta de madera oscura.

La mujer que acababa de hablar llevaba un uniforme impecable y una expresión nerviosa.

—¿Disculpa?

—El señor Moretti ha ordenado que preparemos sus habitaciones en el ala este.

Valentina miró el largo pasillo.

La mansión parecía un palacio. Suelos de mármol, lámparas de cristal y retratos familiares cubrían las paredes. Todo era hermoso, elegante y completamente frío.

Como su nuevo esposo.

—¿Y dónde duerme Dante?

La empleada bajó la mirada.

—En el ala oeste, señora.

Valentina sonrió ligeramente.

—Por supuesto.

Habitaciones separadas.

Aquello debería haberla tranquilizado.

No amaba a Dante Moretti. Apenas lo conocía. Había aceptado casarse con él porque necesitaba escapar del control de Caterina y recuperar su independencia.

Entonces, ¿por qué le había dolido tanto escucharlo decir que nunca la amaría?

Porque todavía eres una idiota, se reprendió.

—¿Cómo te llamas? —preguntó a la empleada.

—Clara, señora.

—Puedes llamarme Valentina.

La joven levantó la cabeza, sorprendida.

—No creo que sea apropiado.

—Entonces tendremos que acostumbrarnos las dos.

Clara sonrió tímidamente.

—Le mostraré su habitación.

Valentina la siguió hasta una suite enorme.

Había flores blancas sobre una mesa, un vestidor más grande que su antiguo dormitorio y un balcón con vistas al jardín.

Todo parecía preparado para una princesa.

Una princesa que dormía sola.

—¿Necesita algo más, señora? —preguntó Clara.

—No, gracias.

Cuando la puerta se cerró, Valentina se quedó inmóvil.

El silencio era insoportable.

Durante años había soñado con marcharse de la casa de Caterina. Había imaginado el momento en que nadie pudiera ordenarle qué vestir, qué comer o cómo comportarse.

Ahora era libre.

Al menos en teoría.

Se sentó al borde de la cama y se quitó los zapatos.

Le dolían los pies.

También el pecho.

Sacó el teléfono y encontró un mensaje de Luca Serra.

¿Todo bien?

Valentina escribió:

Estoy instalada.

Su abogado respondió inmediatamente.

¿Te sientes segura?

Miró la habitación desconocida.

Todavía no lo sé.

Dejó el teléfono sobre la mesita.

No quería pensar en documentos ni herencias aquella noche.

Solo quería descansar.

Pero cuando comenzó a quitarse los pendientes, descubrió que le temblaban las manos.

Eran los pendientes de su madre.

Los había llevado porque quería sentir que alguien de su familia estaba acompañándola.

Uno cayó al suelo.

Valentina se arrodilló para buscarlo.

Lo encontró debajo del tocador.

Y entonces, sin ninguna razón que pudiera explicar, empezó a llorar.

No hizo ruido.

Había aprendido a llorar así mucho tiempo atrás.

 

Dante llevaba casi una hora leyendo el mismo informe.

No conseguía concentrarse.

Cada vez que intentaba revisar una página, recordaba la expresión de Valentina en la terraza.

Hace mucho que dejé de esperar amor de nadie.

Aquellas palabras lo molestaban.

No por su significado.

Sino por la manera en que ella las había pronunciado.

Como si estuviera hablando de algo que había perdido hacía años.

Llamaron a la puerta.

—Adelante.

Lorenzo entró con una carpeta.

—Los invitados se han marchado. Tu esposa está instalada.

—Bien.

—¿Eso es todo?

Dante levantó la mirada.

—¿Qué más quieres que diga?

—No sé. Quizá podrías preguntarme cómo se encuentra.

—Supongo que perfectamente.

Lorenzo soltó una risa seca.

—Acabas de casarte con una mujer que no conoces y la has enviado a dormir al otro extremo de la casa. Qué manera tan encantadora de comenzar un matrimonio.

—Es un acuerdo, Lorenzo.

—Entonces deja de mirar la puerta cada vez que escuchas pasos.

Dante cerró la carpeta.

—Buenas noches.

Su primo sonrió.

—Buenas noches, esposo ejemplar.

Cuando Lorenzo desapareció, Dante se levantó.

No tenía intención de visitar a Valentina.

Simplemente necesitaba caminar.

Eso se dijo mientras recorría el pasillo.

Y también cuando llegó al ala este.

Se detuvo frente a su habitación.

La puerta estaba entreabierta.

Iba a marcharse cuando escuchó algo.

Un sollozo.

Dante frunció el ceño.

Golpeó suavemente la madera.

—¿Valentina?

El sonido cesó.

—¿Qué ocurre? —respondió ella.

Su voz parecía normal.

Demasiado normal.

—¿Puedo entrar?

Hubo una pausa.

—Un momento.

Escuchó pasos apresurados.

Después, la puerta se abrió.

Valentina llevaba una bata de seda azul. Su cabello oscuro caía sobre los hombros y sus ojos estaban ligeramente enrojecidos.

—¿Necesitas algo? —preguntó.

Dante la observó.

—¿Has estado llorando?

Ella soltó una carcajada breve.

—Vaya. Qué pregunta tan romántica para nuestra noche de bodas.

—Valentina.

—Estoy cansada, Dante.

Él bajó la mirada hacia sus manos.

Una de ellas sostenía un pendiente.

—¿Ha sucedido algo?

—No.

—Entonces, ¿por qué llorabas?

Su expresión cambió.

—¿Siempre interrogas a las personas cuando no obtienes la respuesta que quieres?

Dante apretó la mandíbula.

—Solo preguntaba.

—Y yo he respondido.

Durante unos segundos se miraron en silencio.

Él estaba acostumbrado a que las personas obedecieran.

Ella había pasado demasiado tiempo obedeciendo.

Ninguno parecía dispuesto a ceder.

Finalmente, Dante retrocedió.

—Descansa.

Valentina asintió.

—Buenas noches.

Pero cuando intentó cerrar la puerta, el pendiente resbaló entre sus dedos.

Dante lo atrapó antes de que cayera.

Sus manos se rozaron.

Valentina se quedó inmóvil.

Fue un contacto insignificante.

Aun así, sintió que el corazón se le aceleraba.

Dante contempló la pequeña joya.

—Es antiguo.

—Era de mi madre.

Su voz salió más baja de lo que pretendía.

Él levantó los ojos.

—¿Falleció?

Valentina asintió.

—Cuando era pequeña.

—Lo siento.

Ella extendió la mano.

—Gracias.

Dante no le devolvió inmediatamente el pendiente.

Observó el diminuto cierre.

—Está roto.

—Puedo arreglarlo.

—Conozco a alguien que puede repararlo sin dañarlo.

Valentina lo miró con desconfianza.

—No necesito que compres uno nuevo.

—No he dicho que vaya a hacerlo.

—Normalmente, cuando alguien descubre que algo está roto, prefiere reemplazarlo.

Dante permaneció callado.

Había algo extraño en aquella afirmación.

Algo demasiado personal.

—No todo lo que está roto debe reemplazarse —respondió finalmente.

Valentina sintió que aquellas palabras la alcanzaban en un lugar peligroso.

Apartó la mirada.

—Dámelo, por favor.

Él depositó la joya en su palma.

Sus dedos volvieron a tocarse.

Esta vez ninguno se movió inmediatamente.

Dante fue el primero en apartar la mano.

—Buenas noches, Valentina.

Se marchó sin mirar atrás.

Ella cerró la puerta.

Apoyó la espalda contra la madera.

Y odió descubrir que estaba sonriendo.

 

A la mañana siguiente, Valentina despertó antes del amanecer.

Había dormido poco.

Después de ducharse, eligió un vestido sencillo y bajó en busca de café.

Encontró a Dante en el comedor.

Estaba sentado frente a una enorme mesa, revisando documentos mientras desayunaba.

—Buenos días —saludó ella.

Él levantó la mirada.

Por un instante, pareció sorprendido.

—Buenos días.

Valentina tomó asiento frente a él.

Un empleado se acercó inmediatamente.

—¿Qué desea, señora?

—Café con leche, por favor.

Dante cerró lentamente su carpeta.

—¿Dormiste bien?

—Lo suficiente.

—¿Y el pendiente?

Valentina lo miró.

—Sigue roto.

—Puedo encargarme.

—Ya te dije que...

—Lo sé. No necesitas que lo compre.

Ella entrecerró los ojos.

Una sonrisa apenas visible apareció en el rostro de Dante.

Valentina intentó contener la suya.

—Eres bastante insistente.

—Me lo han dicho.

Por primera vez, desayunaron sin discutir.

No hablaron demasiado.

Pero el silencio ya no parecía tan incómodo.

Cuando Valentina se levantó para marcharse, Dante la llamó.

—Valentina.

Ella se volvió.

—¿Sí?

Él dudó un instante.

—No tienes que pedir permiso para utilizar ninguna parte de esta casa.

Valentina lo observó, sorprendida.

—¿Incluida tu biblioteca?

—Incluida mi biblioteca.

—¿Y tu despacho?

Dante arqueó una ceja.

—No abuses de mi generosidad.

Ella soltó una pequeña risa.

Fue espontánea.

Dante se quedó mirándola.

Aquella sonrisa era distinta de las que había visto durante la boda.

No parecía una defensa.

Parecía verdadera.

Valentina advirtió su expresión y dejó de reír.

—Gracias por el desayuno.

Se dirigió hacia la puerta.

Entonces una voz infantil llegó desde el pasillo.

—¡Por favor, no me obligues!

Valentina se detuvo.

La voz pertenecía a una niña.

Después escuchó una respuesta femenina, fría y autoritaria.

—Si vuelves a llorar, tu padre se enterará de lo mala que eres.

Valentina miró hacia Dante.

Él continuaba sentado, pero su expresión había cambiado.

—¿Quién ha dicho eso? —preguntó ella.

Dante se levantó.

—Vamos a averiguarlo.

Valentina abrió la puerta.

Y encontró a una niña pequeña, con los ojos llenos de lágrimas, que dejó de respirar al verlos.

Pero no fue Dante quien llamó su atención.

Fue Valentina.

La niña la observó durante unos segundos.

Después susurró:

—¿Tú eres la nueva esposa de papá?

Valentina se agachó para quedar a su altura.

—Sí, cariño. Soy Valentina.

La pequeña miró nerviosamente hacia el fondo del pasillo.

Y antes de que alguien pudiera detenerla, se acercó al oído de Valentina.

—Entonces, por favor, no dejes que me encierren otra vez.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • La Esposa Indomable del Don   Capítulo 12 — El silencio también es una traición

    —¿Desde cuándo necesitas permiso de una desconocida para hablar con tu propia hermana?Bianca permanecía junto a la puerta de su habitación, envuelta en una bata color marfil. Su expresión era serena, pero Dante conocía demasiado bien aquella voz.Era la misma que utilizaba cuando quería convertir una pregunta en una ofensa.—No he venido a discutir sobre Valentina —respondió.—Qué extraño. Últimamente todo termina siendo sobre ella.Dante entró sin aceptar la provocación.La habitación conservaba el aspecto impecable de siempre. Flores frescas, muebles antiguos y fotografías familiares perfectamente alineadas. Sobre la cómoda había una imagen de Bianca junto a Leonardo y Sofía, tomada varios años atrás.Recordaba aquel dí

  • La Esposa Indomable del Don   Capítulo 11 — La mentira que llevaba su apellido

    —No hagas nada hasta que podamos confirmar quién recibió aquella comunicación —advirtió Luca.Valentina permaneció junto al balcón, con el teléfono pegado al oído.Al otro lado del cristal, la mansión Moretti parecía tranquila. Las ventanas iluminadas, los jardines silenciosos y la seguridad que rodeaba la propiedad ofrecían una imagen de orden absoluto.Había aprendido que las apariencias podían mentir.—¿Cuánto tardarás? —preguntó.—No lo sé. Y prefiero darte una respuesta tardía antes que señalar a alguien sin pruebas.Valentina cerró los ojos.—Está bien. Avísame cuando sepas algo.La llamada terminó.En la pantalla seguía esperando el mensaje de Dante.¿Has cenado?Lo leyó dos veces.Aquella pregunta habría parecido insignificante una semana atrás. Ahora le resultaba peligrosamente cálida.Escribió que todavía no había cenado.La respuesta llegó enseguida.Estoy abajo. Si quieres, podemos cenar juntos.Valentina sonrió, pero la sonrisa desapareció cuando recordó las palabras de L

  • La Esposa Indomable del Don   Capítulo 10 — La verdad que podía romper su matrimonio

    La fotografía seguía iluminando la pantalla.Valentina reconocía cada detalle.La fuente. La chaqueta de Dante sobre sus hombros. Sus manos sujetándola con una delicadeza que todavía podía sentir.Alguien había convertido su primer beso en una amenaza.Qué bonito beso, querida.Las palabras de Caterina le revolvieron el estómago.Valentina cerró las cortinas.De pronto, la mansión que empezaba a considerar un refugio volvió a parecer una prisión.Su teléfono vibró.¿Ya descubriste cuánto vale tu matrimonio?Valentina borró la notificación sin responder.No permitiría que Caterina volviera a verla suplicar.Pero cuando abrió el documento enviado por Luca, encontró algo que la dejó sin aliento.El nombre de Dante Moretti aparecía al final de una página.No era una firma.Era una referencia a su participación en las negociaciones matrimoniales.Aun así, bastó para despertar todas sus dudas.¿Había sabido Dante lo que Caterina pretendía conseguir?¿O también lo habían utilizado?Valentina

  • La Esposa Indomable del Don   Capítulo 9 — El beso que nunca debió ocurrir

    —¿Dante conocía esa cláusula?Valentina apenas reconoció su propia voz.Al otro lado del teléfono, Luca guardó silencio.—No puedo asegurarlo —respondió finalmente—. Su firma no aparece en el documento que he encontrado.Valentina cerró los ojos.—Entonces no tenemos pruebas.—No. Y quiero que recuerdes eso antes de enfrentarte a él.La llamada terminó.Valentina permaneció junto a la ventana, observando las luces del jardín.Minutos antes había deseado que Dante la besara.Ahora se preguntaba si aquel hombre había aceptado casarse con ella sabiendo que Caterina pretendía utilizar su matrimonio para arrebatarle lo que le pertenecía.La posibilidad le revolvió el estómago.No vuelvas a confiar tan fácilmente.Era la voz de Caterina.La misma que había pasado años dentro de su cabeza.Valentina apretó los puños.No permitiría que su madrastra decidiera también a quién podía amar.Pero tampoco entregaría su corazón a un hombre que pudiera estar mintiéndole.Dante regresó poco después de

  • La Esposa Indomable del Don   Capítulo 8 — El precio de volver a confiar

    —¿Qué es lo que no debes decirme, Dante?Valentina permaneció en la puerta del despacho.Dante dejó el teléfono sobre la mesa.—Estábamos hablando de las fotografías.—Eso ya lo imaginaba.Ella cruzó los brazos.—¿Qué has descubierto?Dante vaciló.Fue apenas un segundo.Pero Valentina lo vio.—Otra vez —murmuró.—¿Qué?—Otra vez decides qué puedo saber y qué no.Dante se levantó.—Estoy intentando protegerte.Valentina soltó una risa amarga.—Caterina decía exactamente lo mismo.Aquellas palabras lo detuvieron.—No soy Caterina.—Entonces deja de tratarme como si no pudiera tomar mis propias decisiones.Dante respiró profundamente.Había prometido hacer las cosas de otra manera. Sin embargo, acababa de repetir el mismo error.—El número que envió las fotografías parece estar relacionado con alguien que se ha comunicado con Caterina.Valentina palideció.—¿Estás seguro?—Todavía estamos verificándolo.Ella apoyó una mano sobre el escritorio.—Entonces sabe dónde estoy. Y lo que estoy

  • La Esposa Indomable del Don    Capítulo 7 — El secreto que podía destruirlos

    —¿Quién te dio esta fotografía?Valentina dejó el sobre sobre el escritorio de Dante.Él levantó la mirada.Eran casi las once de la noche.—¿Qué ocurre?—Respóndeme.Dante tomó la fotografía.Reconoció a Caterina junto a una Valentina adolescente, con los ojos enrojecidos.Después leyó el mensaje escrito detrás.Su expresión cambió.—¿Dónde encontraste esto?—Debajo de mi puerta.Dante se levantó inmediatamente.—¿Alguien entró en tu habitación?—No lo sé.Valentina sintió que la voz comenzaba a temblarle.Odiaba aquello.Había conseguido enfrentarse a Caterina, pero una simple fotografía había bastado para devolverle el miedo.—Esta mañana recibiste información sobre mí —continuó—. Ahora alguien pretende hacerme creer que tú estás involucrado.Dante dejó la fotografía sobre la mesa.—No he hablado con Caterina.—¿Y cómo puedo saberlo?La pregunta quedó suspendida entre ambos.Dante la miró en silencio.Era exactamente lo que él le había preguntado aquella tarde.Valentina sintió una

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status