Se connecterPunto de vista de Mara59:59.El número brillaba frente a mis ojos.Después cambió.59:58.Mi corazón comenzó a golpear con fuerza.—¿Qué es eso? —preguntó Adrian.No podía responder.Noah sonrió al ver mi expresión.—El Libro por fin decidió ser honesto.—¿Qué quieres de ella? —gruñó Adrian.Noah inclinó la cabeza.—Ya te lo dije. Vine a llevarla a casa.—Esta es su casa.—No.Su mirada volvió hacia mí.—Nunca lo fue.El contador siguió bajando.59:41.Hollis mantenía el arma apuntando a Noah.—Aléjate de ella.Noah ni siquiera lo miró.—¿De verdad crees que eso puede detenerme?—Podemos averiguarlo.—Hollis —dijo Adrian—. No dispares todavía.—¿Todavía?—No sabemos qué es.Noah soltó una risa.—Eso sí que duele.Cross dio un paso adelante.—Yo sé lo que es.Todos nos giramos hacia él.—¿Qué? —pregunté.Cross permaneció en silencio unos segundos.—Noah no está completamente vivo.—Ya lo sabemos —dijo Diane.—No. No entiendes.Cross miró a Noah.—Su cuerpo murió aquella noche.Mi estó
Punto de vista de MaraNoah.El nombre cayó sobre la habitación como una amenaza.Nadie se movió.La figura seguía detrás del cristal.Yo no podía distinguir su rostro con claridad. Solo veía una silueta alta, inmóvil, con la cabeza ligeramente inclinada.Pero Noah había muerto.Todos lo habían dicho.Cross lo había visto.Adrian lo recordaba.Entonces, ¿quién estaba al otro lado de la puerta?—No abras —repitió Adrian.Su voz era baja, pero firme.Hollis levantó el arma.—¿Quién es Noah?Cross no respondió.Diane sí.—Alguien que debió permanecer muerto.Mi corazón comenzó a golpear.La figura volvió a tocar el cristal.Tres golpes.Lentos.Tac.Tac.Tac.Evelyn cerró los ojos.—Ha tardado demasiado.Me giré hacia ella.—¿Tú sabías que vendría?—Sabía que volvería.—¿Volvería de dónde?Evelyn no respondió.Adrian caminó hacia la puerta.—¡Adrian!Se detuvo.—No la abras.—No pensaba hacerlo.Miró a la figura.—Quiero verlo.—Eso es exactamente lo que quiere —dijo Cross.Adrian apretó
Punto de vista de Mara—Hola, hija.El mundo se quedó en silencio.No podía ver nada.Las luces estaban apagadas. El viento golpeaba las ventanas y las cortinas se movían con violencia. Adrian estaba junto a mí. Podía sentir su mano sujetando mi brazo.—¿Quién está ahí? —preguntó.Yo no respondí.No podía.Porque aquella voz no pertenecía a mi padre.Pero había algo en ella que me resultaba familiar.Algo que estaba escondido en el fondo de mi memoria.—Mara.La voz volvió a llamarme.Mi cuerpo se tensó.—No contestes —dijo Adrian.La oscuridad se volvió más fría.Entonces una luz apareció al otro lado del salón.Una sola vela.La llama iluminó lentamente un rostro.Mi respiración se detuvo.Era una mujer.Alta.Vestida completamente de negro.Su cabello oscuro caía sobre sus hombros y sus ojos estaban fijos en mí.No la conocía.O al menos eso quería creer.—¿Quién eres? —pregunté.La mujer sonrió.—Eso es una pregunta complicada.Adrian se colocó delante de mí.—Te hice una pregunta
—Fue tu padre.Las palabras de Cross golpearon el sótano con más fuerza que cualquier disparo.Nadie se movió.Yo lo miré sin entender.—No.Mi padre no podía haber matado a un niño.No el hombre que me llevaba en brazos cuando tenía pesadillas. No el hombre que me enseñó a montar en bicicleta. No el hombre que lloró en el funeral de mi madre.Pero una parte de mí ya sabía que el hombre que yo recordaba no era completamente mi padre.Daniel Hartwell había muerto mucho antes de que su corazón dejara de latir.Y algo había regresado con él.—Estás mintiendo —dije.Cross apretó la mandíbula.—Ojalá lo estuviera.Adrian dio un paso hacia él.—¿Qué ocurrió esa noche?Cross guardó silencio.—Habla —ordenó Adrian.—Noah murió antes de caer al agua.Mi respiración se detuvo.—¿Cómo?Cross miró la fotografía.—Estábamos jugando cerca del lago. Mara estaba conmigo. Adrian estaba unos metros más atrás. Noah había ido hacia el embarcadero.Mi corazón comenzó a golpear.Una imagen apareció en mi m
Punto de vista de MaraEl hombre que llamaste padre nunca regresó solo.Las palabras permanecieron abiertas sobre la página del segundo Libro.Nadie habló.Yo tampoco podía hacerlo.Miraba las letras como si fueran a cambiar si esperaba el tiempo suficiente. Pero no cambiaron.Mi padre había muerto.Según Elias, había muerto el día en que yo regresé a la vida.Sin embargo, yo recordaba su voz. Recordaba sus manos sosteniendo las mías cuando tenía miedo. Recordaba las noches en que se sentaba junto a mi cama y me prometía que nadie volvería a hacerme daño.Entonces, ¿quién había sido ese hombre?—No —susurré.Elias cerró los ojos.—Mara.—No.Mi voz se hizo más fuerte.—No me llames así como si eso fuera a arreglar algo.Adrian permanecía a mi lado. No me tocaba, pero podía sentir su presencia. Su cuerpo estaba tenso.—Explícalo —dijo.Elias levantó la mirada.—Cuando Lena hizo el trato, Daniel no fue simplemente sacrificado.—¿Qué significa eso? —pregunté.—Su vida fue utilizada como
Punto de vista de MaraYo era el precio.Las palabras de Adrian quedaron suspendidas entre nosotros.Durante unos segundos, nadie se movió.Nadie respiró.Yo seguía agarrada a su mano.Pero de pronto sentí que no sabía quién era el hombre que estaba frente a mí.—¿Qué quieres decir?Adrian apartó lentamente la mano de la mía.Mi corazón se hundió.—No lo sé todo.—Pero recuerdas algo.Él levantó la mirada.Sus ojos estaban llenos de miedo.—Sí.Cross dio un paso adelante.—Adrian.—No.La voz de Adrian fue fría.—Tú sabías.Cross se detuvo.Eso fue suficiente.Adrian había acertado.—¿Qué sabía? —pregunté.Cross guardó silencio.—¡¿Qué sabía?! —grité.Diane soltó una respiración lenta.—No es tan simple.Me giré hacia ella.—Entonces explícalo.—Mara.—¡Explícalo!Mi voz rebotó contra las paredes del sótano.Diane me miró durante unos segundos.Después señaló el segundo Libro.—Tu madre hizo un trato.Sentí que el aire desaparecía.—¿Qué trato?—Tú habías muerto.Las palabras volviero







