LOGIN«No olvides almorzar. No puedes seguir trabajando sin tomarte un descanso».Elena leyó el mensaje de Julian mientras revisaba el diseño del empaque para su cliente, Athena. Al mirar la hora en la esquina de la pantalla, se dio cuenta de que ya había pasado el mediodía.Comeré dentro de un rato, respondió.El siguiente mensaje llegó casi de inmediato.Dijiste lo mismo hace una hora.Elena esbozó una pequeña sonrisa.Si tienes tiempo para vigilarme, significa que tu trabajo no está tan ocupado como dices.Esta vez, Julian no respondió. Elena dejó el teléfono a un lado y volvió a concentrarse en terminar su trabajo.Al entrar en el tercer trimestre del embarazo, Elena comenzó a cansarse con mayor facilidad. Aunque ya había reducido sus horas de trabajo, no quería seguir delegando sus responsabilidades en otras personas. Mientras tuviera fuerzas para hacerlo, prefería encargarse de sus propios asuntos.Después de comer, decidió ir al supermercado. Las provisiones de la casa empezaban a es
—¿De verdad vas a venir, papá, o volverás a olvidarte?Leo le entregó a Julian el aviso de una actividad escolar. El nombre de su padre ya estaba escrito en la parte inferior, justo al lado del horario del evento, que se celebraría el viernes a las diez de la mañana.Julian comprobó la fecha y luego abrió el calendario de su teléfono.—Papá irá.—¿Ya lo anotaste en el calendario?Julian le mostró el evento que acababa de crear. Leo lo revisó brevemente antes de recuperar la hoja.—No te olvides.—Claro que no.Leo arrugó la nariz.—Esa no es una buena respuesta.Julian miró a su hijo, consciente de que una promesa fácil no bastaría para convencerlo.—Está bien. Papá irá. Si surge algún problema realmente inevitable, te lo diré personalmente. No dejaré que te quedes esperando sin saber nada.Leo reflexionó sobre su respuesta antes de guardar el aviso en su agenda escolar.—Entonces, te tomo la palabra.Julian asintió. Cuando Leo corrió a la cocina, aprovechó para reprogramar dos reunio
—Si vuelves a cambiar el horario de la reunión, no me metas en tus asuntos.Julian levantó la vista de su teléfono. Elena estaba junto a la puerta, revisando el contenido de su bolso para asegurarse de haber guardado la cartera, los documentos y la botella de agua.—No he mencionado tu nombre —respondió él.—Liam me dijo que cambiaron el horario de tu reunión.—La pasaron a la tarde. Todavía tengo asuntos que atender aquí.Elena cerró el bolso.—Es tu decisión. No tienes por qué darme explicaciones.Julian dejó el teléfono sobre la mesa.—Solo te estaba informando.—Entonces, limítate a informarme.Elena se marchó antes de que él pudiera responder.Julian se quedó mirando la puerta cerrada. Había reducido sus horas en la oficina para pasar más tiempo con Leo. Sin darse cuenta, había empezado a esperar que Elena tomara en consideración ese esfuerzo.Sin embargo, para ella, él seguía siendo alguien que podía ir y venir a su antojo.Cuando Leo apareció en la cocina, tenía el cabello albo
—Dejé el libro sin terminar a propósito porque quería leerlo contigo, papá.Leo sacó un libro ilustrado de debajo de la almohada y se lo entregó a Julian. Julian se sentó en el borde de la cama y abrió el libro por la página marcada.—¿Llegamos hasta aquí?—Sí. Pero tienes que leerlo todo. No te saltes nada.—De acuerdo, profesor.Leo sonrió, satisfecho.La historia trataba sobre un astronauta que había quedado varado cerca de Júpiter después de que su nave sufriera una avería. Había encontrado una estación de investigación vacía y trataba de comunicarse con la Tierra.—¿Por qué no regresa directamente a casa? —preguntó Leo.—Porque su nave está averiada.—Entonces, que la repare primero.—Si fuera tan fácil, la historia ya habría terminado.Leo soltó una risita y señaló el panel de control de la siguiente ilustración.—Si yo estuviera en su lugar, revisaría todos los botones antes de presionarlos.—¿Y después?—Llevaría comida y dos mantas.—¿Dos?—Con una no basta.Julian continuó l
—Lee todo antes de decidir si te vas a quedar.Julian se detuvo frente a la mesa del comedor. Había una hoja de papel junto a una taza vacía. Su nombre estaba escrito en la parte superior. Elena estaba cerca de la cocina, revisando el botiquín que acababa de sacar del armario.Julian tomó la hoja.—¿Una lista de reglas?—Si quieres llamarla así.Leyó cada punto. Cuanto más avanzaba, más fuerte apretaba el papel entre los dedos.Primero, debía seguir las indicaciones del médico y no descuidar su estado de salud.Segundo, no podía utilizar a Leo como excusa para acercarse a Elena.Tercero, no debía entrometerse en los asuntos personales de Elena, incluidos su trabajo y sus actividades fuera de casa.Cuarto, debía respetar la privacidad de Elena y no podía entrar en su habitación sin permiso.Julian se detuvo en la última regla.—Entonces, ¿no puedo entrar ni siquiera para recoger mis propias cosas?Elena cerró el botiquín.—Si todavía tienes cosas en mi habitación, solo tienes que decír
Habían pasado dos semanas desde que Leo había sido llevado de urgencia al hospital tras agotarse durante la clase de educación física. Ahora su estado era lo bastante estable como para recibir el alta, aunque el médico todavía le había prohibido realizar actividades extenuantes.Elena revisó el contenido del bolso por última vez. Los medicamentos y la ropa de cambio de Leo estaban completos.—¿Ya terminaste, mamá? —preguntó Leo desde el borde de la cama. Tenía sobre las piernas una almohada estampada con planetas.—Casi. Si falta algo, dímelo.Leo asintió y luego miró a Julian, que estaba de pie cerca de la puerta.—¿Papá vendrá a casa con nosotros?Julian bajó la mirada hacia su hijo.—Si quieres que vaya.—Sí. Quiero que vengas conmigo.Elena levantó la maleta sin responder. Desde lo ocurrido en la escuela, Julian pasaba cada vez más tiempo con ellos. Leo estaba feliz, pero para Elena, la presencia de su esposo solo complicaba aún más las cosas.No podía negar que Julian era el padr







