FAZER LOGIN
Capítulo 1
El murmullo de los invitados en la nave central de la catedral resonaba como un eco lejano para Valeria Montenegro. Frente a ella, vestido con un impoluto esmoquin negro, estaba Rodrigo: el hombre por el que su corazón había latido en silencio desde que era una niña, el sujeto de todas sus ilusiones y la persona que hoy se convertía formalmente en su esposo. Sin embargo, a través del encaje fino de su velo, la mirada de Rodrigo no reflejaba amor ni devoción. Era una mirada de hielo, impenetrable y cargada de una ira contenida que a ella le oprimía el pecho. El sacerdote dio un paso al frente y extendió sus manos solemnemente sobre la pareja. —Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Los declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia. Los aplausos de la alta sociedad rompieron la solemnidad del templo. Los padres de Valeria sonreían complacidos desde la primera banca, creyendo que este matrimonio unía a dos almas y aseguraba la alianza de dos grandes legados. Valeria contuvo el aliento, esperando que en ese instante sagrado, ante la vista de todos, el odio en el rostro de Rodrigo se suavizara aunque fuera por un segundo. Rodrigo dio un paso hacia ella. Con dedos firmes y helados, levantó lentamente el velo de encaje. Valeria alzó el rostro, buscando desesperadamente un destello de la calidez que alguna vez creyó ver en él cuando eran niños. Él se inclinó suavemente, acercando sus labios a la mejilla de ella en lo que para el resto del público parecía un gesto íntimo y afectuoso. Pero al rozar la piel de su oreja, la voz de Rodrigo cayó como una hoja de afeitar, fría y cortante: —Te odio. Valeria se congeló. Su aliento se atrapó en su garganta mientras él retrocedía con una sonrisa ensayada para los fotógrafos, tomándola de la mano con una presión que rayaba en lo doloroso para guiarla por el pasillo central hacia la Salida. Los pétalos de rosa caían sobre ellos, las cámaras deslumbraban con sus destellos, pero por dentro, el mundo de Valeria acababa de desmoronarse por completo. Horas más tarde, la recepción en el salón principal de la residencia Montenegro continuaba con música en vivo y copas de champán. Valeria logró apartar a Rodrigo hacia la biblioteca principal, cerrando la puerta doble para amortiguar el ruido del festejo. —Rodrigo, por favor, tenemos que hablar —suplicó ella, con la voz temblorosa mientras sostenía la falda de su vestido de novia—. ¿Por qué me tratas así? Sabes que este matrimonio era lo que ambos necesitábamos para salvar la empresa, pero yo siempre… yo siempre te he amado. Rodrigo dejó su copa sobre el escritorio de caoba y la miró con absoluto desprecio. —¿Amado? No me hables de amor, Valeria. Tú y tu familia son unos monstruos. —¿De qué estás hablando? —preguntó ella, dando un paso adelante con desesperación—. Te he dicho mil veces que no entiendo por qué me miras como si fuera tu enemiga. —¡Deja de mentir! —exclamó él, alzando la voz con una furia contenida que la hizo dar un paso atrás—. Samantha se fue porque tú y tu padre la amenazaron de muerte. Me dejó una carta, Valeria. Me explicó cómo la acorralaron, cómo le dijeron que si no desaparecía de mi vida, pagaría las consecuencias. ¡Ella huyó aterrorizada por tu culpa! —¡Eso es mentira! —gritó Valeria, sintiendo las lágrimas agolparse en sus ojos—. ¡Te juro por mi vida que jamás amenacé a Samantha! Mi familia nunca haría algo así. Ella se fue porque quiso, o quizás te mintió, pero yo jamás… —¡Cállate! —la interrumpió él, señalándola con el dedo—. La conozco. Samantha era incapaz de inventar algo así. Tú estabas obsesionada conmigo desde niña y usaste el poder de los Montenegro para quitarla de mi camino y forzar esta boda. Rodrigo se acercó a ella hasta quedar a pocos centímetros, mirándola desde arriba con la mirada endurecida. —Me obligaron a casarme contigo para mantener a salvo a mi familia y mis negocios, pero no esperes nada más de mí. Tendrás mi apellido, Valeria, pero jamás tendrás mi corazón. Te vas a arrepentir de haber cruzado ese altar. Sin darle tiempo a responder, Rodrigo dio media vuelta y salió de la biblioteca, dejando a Valeria sola en la penumbra, escuchando el distante sonido de los aplausos y la fiesta que celebraba el día más desgarrador de su vida.Valeria estaban viendo la ecografía y efectivamente habia un feto de 14 semanas Valeria se puso la mano en la boca, eran 3 meses y dos semanas, y se acordo de aquella noche que emborracho a Rodrigo para estar con el porque estaba necesitada de afecto, nunca se imagino que aquella noche la dejara embarazada, Rodrigo la miro con cara de decepción, ella quedo paralizada no sabia como reaccionar, Rodrigo en la sala de espera confundido y desesperado. Jim se retira de la habitación sin decir una palabra y mira a Rodrigo con ira, se lanza hacia el y le da una golpiza y le dice:-Le hiciste mucho daño, sufrio por ti, a que viniste? a humillarla otra vez?Rodrigo le dice:Que tiene que ver contigo? Ella es mi esposa, solo se vino de viaje, si fuiste algo ya quedaste a un lado amigo- Ese bebe que esta esperando es tuyo, que le vas a hacer la vas a obligar a practicarse un aborto? ella me dijo todo vino a mis brazos llorando cuando dejo de migajear tu cariño. llego seguridad y los separaron a
Ella dormia profundamente, y Rodrigo la observaba desde el vidrio de la ventana del hospital diciendo en voz baja:- Porque no te escuche? porque fui tan cruel al dejarte, cometi un grave error no debi odiarte amaba a un personaje ficticio una mujer falsa perdoname; golpeo el vidrio y ella desperto con mucho dolor de cabeza algo confundida llama a la enfermera, y le pregunta:- Que me pasa?- Señorita Valeria debe estar tranquila, tuvo una caida pero va a estar bien le estamos haciendo unos exámenes adicionales previos a su mareo por la caida. Llego el doctor y Rodrigo lo aborda:-doctor, que le pasa a mi esposa? -Esposa? esta seguro que es su esposa? tengo entendido es divorciada. - Eso fue un malentendido ella es mi esposa. El doctor es el novio de Valeria, pero el no le dijo nada a Rodrigo el ya sabia la historia que habia entre ellos dos, ambos entran a verla y ella al verlos a los dos queda paralizada, y se vuelve a desmayar, la enfermera pidió que Rodrigo saliera y se queda
—El recibo que Valeria me mostró esa noche no era una trampa de ella —continuó Rodrigo, sintiendo como si un balde de agua helada le cayera sobre la cabeza—. Era la verdad. Tú nunca fuiste amenazada por los Montenegro. Te fuiste porque ese hombre te ofreció más dinero, y regresaste cuando te dejó en la quiebra. —Rodrigo… escúchame, puedo explicarlo… —balbuceó Samantha, dando un paso hacia él con las manos temblorosas—. Ella… ella conspiró para que el informe saliera así… —¡No nombres a Valeria! —gritó Rodrigo, estampando el informe sobre la mesa con una furia desgarradora—. La manipuladora siempre fuiste tú. Y yo… yo destruí a la única mujer que realmente estuvo a mi lado por creer en tus malditas mentiras. Rodrigo tomó la gargantilla de zafiros de la mesa, la guardó en su bolsillo y caminó hacia la salida. —Quiero que juntes tus cosas y te vayas de este apartamento antes de que termine el día —sentenció sin mirarla—. Si vuelvo a verte, haré que te arrepientas de haber re
El avión despegó al amanecer, dejando atrás el cielo gris de la capital y las ruinas de una vida marcada por la humillación. En su regazo, Valeria no llevaba joyas, ni el apellido Montenegro, ni recuerdos del hombre que le rompió el corazón; solo llevaba una libreta de bocetos, una maleta pequeña y un billete de solo ida a Milán.Durante dos años, Valeria había enterrado su talento para convertirse en la esposa perfecta de Rodrigo. Pero la moda jamás había sido un capricho para ella; era su verdadero refugio, la forma en que su alma respiraba. Al pisar suelo italiano, borró las lágrimas y se hizo una promesa sagrada: jamás volvería a agachar la cabeza por nadie.Sin el dinero de su familia y rechazando cualquier pensión de la corporación de Rodrigo, Valeria alquiló un pequeño y modesto estudio en el barrio de Brera. Cambió los vestidos de gala por pantalones vaqueros, tijeras y metros de seda pura. Se inscribió en un reconocido taller de alta costura, donde sus diseños —cargados de
Valeria no volvió a la mansión en el auto del chófer; tomó un taxi sola, intentando evitar que el llanto destruyera la poca entereza que le quedaba. Sin embargo, el infierno apenas comenzaba.Cerca de la medianoche, la puerta principal de la residencia Montenegro se abrió. Valeria estaba en la sala de estar cuando Rodrigo entró cargando en brazos a Samantha.—¿Qué hace ella aquí? —preguntó Valeria, poniéndose de pie de golpe.—Se va a quedar en la suite de huéspedes —respondió Rodrigo con frialdad, dejando a Samantha en el sofá mientras la cubría con su propia chaqueta—. La familia de tu padre la buscó para destruirla. Aquí estará a salvo hasta que yo le compre su propia casa.—¡Estás loco! ¡No voy a permitir que traigas a tu amante a vivir bajo el mismo techo que tu esposa! —estalló Valeria, perdiendo la compostura por primera vez en dos años.—Tú dejaste de ser mi esposa en el momento en que conspiraste para arruinarle la vida —la encaró él, acercándose amenazante—. Samantha se
Dos años. Dos largos años soportando el rechazo de Rodrigo. Valeria se aferraba al matrimonio como quien se aferra a un alambre de púas: desangrándose, pero obligada por los millones que unían a sus familias y, sobre todo, por ese ciego e insensato amor que guardaba desde niña.La gala anual en el Gran Hotel Capital era el evento del año. Valeria lucía un sobrio vestido azul noche y en su cuello brillaba la gargantilla de zafiros de la dinastía Montenegro, el símbolo de la mujer al mando de la familia.—Mantén la cabeza en alto y sonríe —le ordenó Rodrigo al oído con voz helada mientras los fotógrafos cegaban a la pareja—. Que no noten la farsa.—La farsa la mantengo yo todos los días, Rodrigo —respondió ella entre dientes, con la sonrisa ensayada.De pronto, el bullicio de la prensa se cortó. Un murmullo corrió como reguero de pólvora desde la entrada principal.Una mujer avanzó lentamente por la alfombra roja. Llevaba ropa sencilla, el cabello descuidado y la mirada llena de l







