LOGINCapítulo 2: La Luna De Miel
El lujoso resort privado en las islas Maldivas debía ser el escenario de un sueño, pero para Valeria se convirtió en un aislamiento dorado. Las aguas cristalinas y las puestas de sol perfectas solo hacían resaltar la enorme distancia entre ella y Rodrigo. Desde que desembarcaron en la villa sobre el agua, Rodrigo había marcado los límites de forma despiadada. Las dos semanas de luna de miel no eran más que una farsa impuesta por las exigencias mediáticas y las expectativas de ambas familias. Durante el día, mantenían las apariencias frente al personal; por las noches, el silencio de la suite se volvía insoportable. Él dormía en el sofá del salón o en el extremo opuesto de la cama, rígido y distante, tratando a Valeria como si fuera una presencia invisible o un enemigo al que debía vigilar. Sin embargo, Valeria se negaba a dar la batalla por perdida. Conoció a Rodrigo cuando apenas tenías diez años; lo había visto crecer y soñado en secreto con el día en que él la mirara con afecto. Convencida de que la carta de Samantha era solo un veneno diseñado para destruirlos, decidió luchar por romper el hielo que lo congelaba. La penúltima noche de la luna de miel, Valeria decidió jugarse su última carta. Esperó a que Rodrigo regresara de su caminata nocturna por la playa. Cuando la puerta de la suite se abrió, él la encontró de pie junto a la terraza, iluminada únicamente por la luz tenue de los faroles. Valeria llevaba un delicado camisón de seda negra que moldeaba su figura, el cabello suelto cayendo sobre sus hombros y el perfume de jazmín que a él solía agradarle en el pasado. Rodrigo se detuvo en seco en el umbral, con la mirada endurecida. —¿Qué es esto, Valeria? —preguntó con voz helada. Valeria tragó saliva, sofocando los latidos desbocados de su corazón, y dio un paso hacia él. Cruzó la distancia que los separaba hasta quedar a solo unos centímetros, sintiendo el calor que emanaba del cuerpo de su esposo. —Somos esposos, Rodrigo —dijo ella en un murmullo suave, levantando una mano para posarla con timidez sobre el pecho de él, sintiendo la dureza de su firme musculatura—. Sé que estás enojado y que crees esa maldita carta, pero estoy aquí. Soy tu esposa, te amo y quiero que esto funcione. Déjame demostrarte quién soy realmente. Por un segundo, la respiración de Rodrigo se agitó. Sus ojos descendieron hacia los labios de Valeria y la tensión en la habitación se volvió sofocante. Por un instante efímero, Valeria creyó sentir que la coraza de él se resquebrajaba. Pero entonces, Rodrigo la tomó bruscamente por las muñecas y la apartó de él con frialdad. —No me toques —dijo con repugnancia, soltándola como si su piel le quemara—. ¿De verdad crees que un camisón y un par de palabras dulces van a hacer que olvide lo que le hiciste a Samantha? No siento absolutamente nada por ti, Valeria. Ni deseo, ni compasión. Las palabras cayeron como estocadas directas al pecho de Valeria, dejándola sin aliento. Sin añadir una palabra más, Rodrigo dio media vuelta, entró al baño principal y cerró la puerta de golpe, pasándole el seguro. Valeria se quedó sola en medio de la habitación, temblando mientras el llanto luchaba por salir de su garganta. Se acercó despacio a la puerta del baño, con la intención de pedirle que hablaran como adultos. Pero antes de rozar la madera, se congeló. Desde el otro lado de la puerta, ahogados por el sonido del agua del grifo, se escuchaban los gemidos pesados y entrecortados de Rodrigo. La respiración agitada del hombre que deseaba, el sonido inequívoco de su propia satisfacción a solas... y entre cada jadeo, un nombre pronunciado con devoción y tormento: —Samantha... ah, Samantha... Valeria dio un paso atrás, como si le hubieran propinado un golpe físico. Se llevó las manos a la boca para ahogar un sollozo desgarrador. No solo la había rechazado; prefería buscar alivio en la soledad de un baño antes que tocarla a ella, mientras invocaba el fantasma de la mujer que aún gobernaba su mente. Esa noche, acostada en la enorme cama vacía mirando hacia el techo, Valeria sintió cómo una parte de su esperanza se moría para siempre en la oscuridad.Amaneció y Valeria empezó a organizar sus ideas y a empezar a aceptar su realidad, vio que salia en todas las noticias, y hubieron tanto comentarios de apoyo como comentarios negativos, aun asi, decidio salir adelante con sus trabajos y a diseñar para los eventos. derrepente tocan a la puerta de su casa;-Señorita Valeria un envió para usted.Era un oso gigante con una caja llena de flores y chocolates y detalles para el bebe, con una nota que decía: -El primer regalo para mi hijo, no descansare hasta que me perdones. hablemos y arreglemos las cosas, con amor, Rodrigo. Ella las hizo a un lado y no tuvo ninguna reacción, aun estaba dolida por todo lo que le habian hecho, ahora tenía que tomar muchas decisiones y no tenia tiempo para el amor.Por otro lado Samantha investigó el lugar donde se estaba quedando Rodrigo y fue a reclamarle-Rodrigo, abreme soy Samantha tenemos que hablar. - No puedes ir detras de ella, Me amas y siempre me haz amado, ese hijo no es tuyo, quien sabe con qu
Valeria estaban viendo la ecografía y efectivamente habia un feto de 14 semanas Valeria se puso la mano en la boca, eran 3 meses y dos semanas, y se acordo de aquella noche que emborracho a Rodrigo para estar con el porque estaba necesitada de afecto, nunca se imagino que aquella noche la dejara embarazada, Rodrigo la miro con cara de decepción, ella quedo paralizada no sabia como reaccionar, Rodrigo en la sala de espera confundido y desesperado. Jim se retira de la habitación sin decir una palabra y mira a Rodrigo con ira, se lanza hacia el y le da una golpiza y le dice:-Le hiciste mucho daño, sufrio por ti, a que viniste? a humillarla otra vez?Rodrigo le dice:Que tiene que ver contigo? Ella es mi esposa, solo se vino de viaje, si fuiste algo ya quedaste a un lado amigo- Ese bebe que esta esperando es tuyo, que le vas a hacer la vas a obligar a practicarse un aborto? ella me dijo todo vino a mis brazos llorando cuando dejo de migajear tu cariño. llego seguridad y los separaron a
Ella dormia profundamente, y Rodrigo la observaba desde el vidrio de la ventana del hospital diciendo en voz baja:- Porque no te escuche? porque fui tan cruel al dejarte, cometi un grave error no debi odiarte amaba a un personaje ficticio una mujer falsa perdoname; golpeo el vidrio y ella desperto con mucho dolor de cabeza algo confundida llama a la enfermera, y le pregunta:- Que me pasa?- Señorita Valeria debe estar tranquila, tuvo una caida pero va a estar bien le estamos haciendo unos exámenes adicionales previos a su mareo por la caida. Llego el doctor y Rodrigo lo aborda:-doctor, que le pasa a mi esposa? -Esposa? esta seguro que es su esposa? tengo entendido es divorciada. - Eso fue un malentendido ella es mi esposa. El doctor es el novio de Valeria, pero el no le dijo nada a Rodrigo el ya sabia la historia que habia entre ellos dos, ambos entran a verla y ella al verlos a los dos queda paralizada, y se vuelve a desmayar, la enfermera pidió que Rodrigo saliera y se queda
—El recibo que Valeria me mostró esa noche no era una trampa de ella —continuó Rodrigo, sintiendo como si un balde de agua helada le cayera sobre la cabeza—. Era la verdad. Tú nunca fuiste amenazada por los Montenegro. Te fuiste porque ese hombre te ofreció más dinero, y regresaste cuando te dejó en la quiebra. —Rodrigo… escúchame, puedo explicarlo… —balbuceó Samantha, dando un paso hacia él con las manos temblorosas—. Ella… ella conspiró para que el informe saliera así… —¡No nombres a Valeria! —gritó Rodrigo, estampando el informe sobre la mesa con una furia desgarradora—. La manipuladora siempre fuiste tú. Y yo… yo destruí a la única mujer que realmente estuvo a mi lado por creer en tus malditas mentiras. Rodrigo tomó la gargantilla de zafiros de la mesa, la guardó en su bolsillo y caminó hacia la salida. —Quiero que juntes tus cosas y te vayas de este apartamento antes de que termine el día —sentenció sin mirarla—. Si vuelvo a verte, haré que te arrepientas de haber re
El avión despegó al amanecer, dejando atrás el cielo gris de la capital y las ruinas de una vida marcada por la humillación. En su regazo, Valeria no llevaba joyas, ni el apellido Montenegro, ni recuerdos del hombre que le rompió el corazón; solo llevaba una libreta de bocetos, una maleta pequeña y un billete de solo ida a Milán.Durante dos años, Valeria había enterrado su talento para convertirse en la esposa perfecta de Rodrigo. Pero la moda jamás había sido un capricho para ella; era su verdadero refugio, la forma en que su alma respiraba. Al pisar suelo italiano, borró las lágrimas y se hizo una promesa sagrada: jamás volvería a agachar la cabeza por nadie.Sin el dinero de su familia y rechazando cualquier pensión de la corporación de Rodrigo, Valeria alquiló un pequeño y modesto estudio en el barrio de Brera. Cambió los vestidos de gala por pantalones vaqueros, tijeras y metros de seda pura. Se inscribió en un reconocido taller de alta costura, donde sus diseños —cargados de
Valeria no volvió a la mansión en el auto del chófer; tomó un taxi sola, intentando evitar que el llanto destruyera la poca entereza que le quedaba. Sin embargo, el infierno apenas comenzaba.Cerca de la medianoche, la puerta principal de la residencia Montenegro se abrió. Valeria estaba en la sala de estar cuando Rodrigo entró cargando en brazos a Samantha.—¿Qué hace ella aquí? —preguntó Valeria, poniéndose de pie de golpe.—Se va a quedar en la suite de huéspedes —respondió Rodrigo con frialdad, dejando a Samantha en el sofá mientras la cubría con su propia chaqueta—. La familia de tu padre la buscó para destruirla. Aquí estará a salvo hasta que yo le compre su propia casa.—¡Estás loco! ¡No voy a permitir que traigas a tu amante a vivir bajo el mismo techo que tu esposa! —estalló Valeria, perdiendo la compostura por primera vez en dos años.—Tú dejaste de ser mi esposa en el momento en que conspiraste para arruinarle la vida —la encaró él, acercándose amenazante—. Samantha se







