登入«No necesito a una compañera inútil como tú», gruñó Castian, dándole la espalda a Chrystal. «¡Pues deja de protegerme!», replicó Chrystal con los ojos llameantes. «¡Si quieres echarme, deja de interponerte en mi camino!». Chrystal Barone fue criada para ser reina, la Luna de la manada más poderosa que gobernaba el reino, entrenada desde su nacimiento para reinar junto al noble Alfa Darius. Pero el destino tenía otros planes. Atada por una maldición a un renegado, un traidor a su propia manada, el mismo lobo cuyo padre causó la muerte de su madre, su vida perfecta se desmorona. Arrancada del único hogar que ha conocido y rodeada de forajidos y marginados con secretos tan profundos, tan antiguos, que la propia historia ha olvidado, Chrystal se encuentra cara a cara con realidades que amenazan con destruir su mundo. ¿Seguirá siendo leal a la manada que nació para liderar? ¿O lo arriesgará todo por el enemigo al que el destino la ha unido? Entre el hombre que creía conocer y aquel al que le enseñaron a odiar, ¿podrá elegir antes de que el destino vuelva a decidir por ella? Un vínculo prohibido. Un reino construido sobre mentiras. Y una Luna que debe salvarlo todo o ver cómo arde todo lo que ama. Se harán sacrificios, se derramará sangre, pero ¿de qué lado caerá o se posicionará?
查看更多¡Es el momento! ¡Por fin! pensó Chrystal mientras alisaba su vestido ceremonial con dedos temblorosos.
Cada caricia le recordaba la magnitud de lo que estaba a punto de suceder mientras se encontraba en el centro del círculo ritual de piedra.
Iba vestida con una túnica blanca y vaporosa, frente a su prometido, su príncipe, el alto Darius Strigan, de cabello dorado y ojos azules, el Noble Alfa.
La elección de su padre y la suya: su prometido, su pareja predestinada.
Sentía un nudo en el estómago por la expectación y los nervios, pero sonreía feliz, con la gracia y la elegancia que había practicado, tal y como le habían enseñado desde que tenía uso de razón.
Los penetrantes ojos de Darius estaban clavados en los suyos, y su complexión esbelta y segura irradiaba el aire de un hombre nacido para gobernar. Su mano se crispó a su lado mientras le devolvía una sonrisa devota.
Esta era su Ceremonia de Unión de la Luna de Sangre, en la que ella se uniría a Darius; su manada al completo estaba presente como testigo de su unión sagrada.
Chrystal tragó saliva.
¡Esto está bien! Se dijo a sí misma, no por primera vez ese año. ¡Así es como debe ser! Dos lobos, unidos por la tradición y el afecto, asumiendo sus roles como líderes de su pueblo.
Esto es lo que siempre he querido. ¡Es hora de honrar a mi padre, mi Alfa! Se dijo a sí misma con paciencia, mientras su sonrisa se ampliaba.
Todo ha conducido a este momento. Estaré bien. Todo irá bien. No, más que eso, ¡todo va a ser perfecto!
Se dijo a sí misma mientras ella y la multitud esperaban a que la luna alcanzara su punto más alto.
Como futura Luna, el control emocional era fundamental. Cada temblor de sus manos, cada latido acelerado, se disimulaba cuidadosamente bajo capas de compostura real.
Se obligó a mantener una sonrisa perfecta: sin encías, sin dientes, algo suave y entrañable.
Sopló una brisa fuerte, que agitó el vestido de Chrystal y le lanzó mechones de su largo cabello rubio miel a la cara.
Se apartó el pelo detrás de la oreja con una timidez ensayada, apartando la mirada de Darius, tal y como le habían enseñado, un gesto calculado para parecer modesta y seductora a partes iguales.
Su futuro Alfa le sonreía con cariño, a su futura Luna.
Perfecto. Todo debe ser perfecto. Chrystal repitió su mantra mientras sentía un nuevo vuelco en el estómago.
Desde que tenía uso de razón, las matronas del castillo la habían adiestrado en modales, comportamiento y decoro.
Dedicaba horas cada día a aprender la historia de la manada y las enseñanzas personales de su padre sobre diplomacia: todo lo necesario para convertirla en una líder fiable.
Todo ese cuidadoso cultivo de su naturaleza gentil la había llevado hasta esta noche.
Para ser la Luna perfecta. Una compañera humilde, pero fuerte; dócil, pero sabia; devota y comprensiva. Una compañera digna del futuro Rey Alfa. Una madre digna de la manada más poderosa del reino de Malbarone: la manada Moonblaze.
Chrystal sonrió para sus adentros.
Los sonidos de la multitud cambiaron, un cambio que significaba la alineación de las estrellas que tanto se había esperado. Era el momento.
Levantó la cabeza, inhalando profundamente, con un cosquilleo en los dedos. Una voz grave retumbó desde la cabecera del círculo.
«Adelante, hijos de la Luna. Dejad que la Diosa revele vuestro destino», exclamó el anciano a cargo de la ceremonia, con los brazos extendidos hacia Chrystal y Darius.
Chrystal estaba lista. Mantuvo la sonrisa y dio un paso adelante, con la mente bullendo de expectación. Darius se movió junto a ella, y en el momento en que sus pies tocaron las runas brillantes del círculo, la magia cobró vida.
Una calidez se extendió por el pecho de Chrystal, como aceite calmante sobre aguas embravecidas, y sintió un cosquilleo en la piel, como si la acariciaran suaves plumas, mientras el vínculo sagrado despertaba.
Entonces, de repente, ese calor reconfortante se transformó en algo completamente distinto; un frío tan absoluto que parecía como si la muerte misma hubiera penetrado en su pecho y envolviera su corazón con dedos helados.
Un escalofrío recorrió a Chrystal, y sus ojos se abrieron de par en par cuando un dolor brutal le atravesó los huesos, con cada nervio de su cuerpo en llamas como si la hubiera alcanzado un rayo.
El vínculo se estaba formando, quemándola como un incendio forestal que consume un bosque seco, pero no la estaba conectando con Darius.
El mundo de Chrystal se tambaleó mientras sus ojos escudriñaban la multitud, buscando el origen de aquel dolor abrasador, buscando alguna guía, alguna luz, alguna ayuda, mientras apretaba los dientes para contener el aullido que no debía salir.
No de los labios de una Luna.
Se tambaleó hacia delante, la magia tirando de ella hacia otra persona, alguien invisible.
«¿Qué...?» jadeó Chrystal mientras se movía, su compostura, tan cuidadosamente mantenida, resquebrajándose como hielo bajo presión mientras se agarraba el pecho desesperadamente, como si pudiera impedir físicamente que su corazón se desgarra.
A su alrededor, la multitud comenzó a murmurar desconcertada, ya que la esperada transformación entre los dos que iban a unirse no se producía, y la inquietud entre los allí reunidos iba en aumento.
Sus ojos muy abiertos se posaron en Daruis, que la miraba fijamente, con los labios ligeramente entreabiertos y los ojos tan redondos como los de ella.
¿Por qué no le afecta? ¿Por qué no le pasa nada? ¿No se supone que debemos unirnos? La mente de Chrystal se aceleró mientras miraba a su prometido, quien estaba claramente tan sorprendido como ella por el repentino giro de los acontecimientos.
Apartó la mirada de Darius y buscó entre los allí reunidos a su padre, el Rey Alfa de Malbarone, Alfa Mason Barone. Su guía, su maestro, su fuerza.
Antes de que pudiera encontrarlo, Chrystal volvió a jadear, esta vez cayendo de rodillas mientras su voluntad sucumbía a la fuerza imposible que no podía ser negada.
—¡Argh! —gritó Chrystal mientras se le doblaban las rodillas.
El dolor se enroscó alrededor de sus costillas, ardiendo, retorciéndose, haciendo que casi se tumbara en el suelo ceremonial mientras toda la multitud daba un paso al frente al unísono, como para atrapar o llevar a su preciada y más querida Luna.
Pero la magia aún no había terminado con Chrystal. La fuerza la hizo ponerse de pie, a pesar del dolor, imponiendo su voluntad, ejecutando la tarea que le había sido encomendada.
Desde las sombras al borde de los árboles, una risa grave y oscura resonó en la noche, un sonido que transmitía una diversión que parecía burlarse de todo lo sagrado de la ceremonia.
Una voz grave que sonaba como agua corriendo sobre las rocas resonó: «Vaya, ¿no es esto algo?»
Se mantuvo al margen del campo, paseando por el perímetro. Saludó con la cabeza a los líderes o jefes de cada grupo y siguió avanzando, sin interrumpir ni interferir con nadie.Un grupo estaba practicando tiro con arco. Cruzó el campo para verlo más de cerca.En cuestión de minutos, le habían dado un arco y un juego de flechas toscas. Estaba en su quinto tiro cuando ese profundo estruendo rompió el silencio en su mente.«¿Qué haces aquí?»«Preparando té. A continuación tejeré una estola».«Si me buscas, puedes preguntar a cualquier guardia».«Eso sería una pérdida de tiempo».Colocó la flecha en el arco y apuntó.Él se quedó en silencio.Ella soltó la flecha. La flecha dio en el blanco, por quinta vez.«Se te
El rey se movía sin prisas. Como para todos los cambiaformas, estar desnudo no era un problema, a menos que lo fuera. Estaban en contacto con la naturaleza. Estar desnudo no suscitaba emociones ni miradas de reojo, a menos que lo hiciera.Tenía muchas heridas antiguas. De hecho, cada corte o marca era antigua.Este cambiaformas o bien ha dejado de salir o es demasiado poderoso como para que nada ni nadie le haga daño, reflexionó Chrystal.O, tal vez, sea algo intermedio… Ese corte en su espalda, sin embargo… ese es profundo. Solo puede provenir de un golpe mortal.¿Cómo sobrevivió a una herida así?«Si has terminado con tu inspección, habla», oyó Chrystal, y de nuevo sintió que nadie más había captado las palabras del rey.Sacudió la cabeza para salir de sus pensamientos.Estaba de pie
Rodaron colina abajo por una suave pendiente, dando vueltas sobre sí mismos. Los otros lobos solitarios observaron por un momento, luego se alejaron.Se habían adentrado en el bosque. Allí no había casas. Solo árboles frondosos y una densa vegetación. Ari acarició con el hocico al lobo gris. Él le lamió la nariz.Ella se apartó de un salto y se quedó quieta, mostrando los dientes. Tor’el le dio tres vueltas. Levantó la cabeza y aulló.Al segundo aullido, Ari se unió a él.Al tercer aullido, los lobos errantes lejanos aullaban al unísono.Tor’el bajó la cabeza y acarició con el hocico el hombro de Ari. Ella descansaba en el suelo, con las patas dobladas bajo el cuerpo. Tor’el se sentó a su lado, con la cabeza sobre su lomo; ambos respiraban con dificultad, pero a un ritmo constante.Juntos, contemplaron el amanecer.==========Chrystal se despertó en la habitación que ahora le resultaba familiar. No sabía cuándo ni cómo había re
«¡No lo eres!». Darius abrió los ojos, pero mantuvo la mirada baja.Se quedó mirando los labios del hombre y desvió la mirada hacia un lado.El miembro de la élite volvió a sonreír. «Mi madre era una loba. Mi padre era mitad lobo, mitad duende acuático».«¿Qué?», susurró Darius. Volvió la cabeza bruscamente hacia el miembro de la élite, pero siguió manteniendo la mirada baja.El cambiaformas se inclinó hacia él. Darius se echó hacia atrás.«Si quieres escuchar mi historia, te presento al maestro Vernon».Los ojos de Darius se clavaron en los del duende.«Solo soy un cuarto duende, mi príncipe. Tres cuartas partes lobo. ¿Por qué me menosprecias tanto?».—¡Deja de hacer eso! —gruñó Darius mientras Shar gruñía en voz baja.«Pero eres tú quien no deja de distraerse, dejándome entrar».«No lo estoy...»—Pero sí lo estás. —La mano del duende se posó sobre la rodilla de Darius.El Noble Alfa se puso de pie


















Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.