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CAPÍTULO 81: ÉL ES SU PECHO

Penulis: Iin Dwi Z
last update Tanggal publikasi: 2026-10-16 19:52:39

PUNTO DE VISTA DEL AUTOR

Un silencio extremadamente opresivo se apoderó de la sala de estar en un instante, después de que Clara saliera de la mansión con pasos vacilantes y rígidos.

Camila hundió el rostro en el pecho de su marido, llorando a lágrima viva. Sus lágrimas fluían sin cesar, empapando la camisa de Javier. Un peso de remordimiento tan grande le oprimía el pecho, sobre todo porque había sido ella quien, en su día, más había presionado a Nicolás para que se casara con Clara.

Javier le
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    —¡Nicolás, recuerda! ¡Tu mujer está embarazada! —exclamó la madre de Camila con voz atronadora en cuanto Nicolás terminó de hablar ante el altar.Aquella mujer de mediana edad miró a su hijo con una expresión severa y llena de advertencia. Sin embargo, créeme, la tensión que se respiraba en la iglesia se disipó al instante entre las sonoras carcajadas de los invitados, como si acabaran de olvidar el terrible susto que se había producido unos minutos antes.—Por Dios, mamá… No me he olvidado de que mi mujer está embarazada. ¿Qué crees que quería hacer? Solo quería llevarla a descansar porque temía que se agotara —se defendió Nicolás con tranquilidad y sin ningún remordimiento.La señora Camila resopló con fastidio. Poco después, se oyó la voz de barítono de Javier, el padre de Nicolás, interviniendo con sabiduría.—Ya está bien, cariño… Déjalos. Ya son marido y mujer. Deja que entren en la habitación. Quizá Nicolás tenga razón; solo está preocupado porque su esposa todavía esté en esta

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    Me quedé paralizada, invadida por un miedo atroz al pensar que habían disparado a Nicolás. Sin embargo, aquel hombre esbozó una amplia sonrisa. Poco a poco, se dio la vuelta y, justo en ese momento, mis ojos se posaron en Clara. La mujer yacía desplomada e indefensa en el suelo de la iglesia.Un charco de sangre fresca parecía brotar a borbotones de alguna parte de su cuerpo. No sabía si procedía del pecho o del abdomen, donde había recibido el disparo. Ya no era capaz de pensar en aquel espantoso detalle.—Nicolás... —susurré en voz baja, con la voz intensamente temblorosa.Nicolás sonrió con ternura, sin apartar la mirada de mí mientras me estrechaba entre sus brazos con fuerza.—Tranquila, cariño... Estamos a salvo. Estás bien, ¿verdad? —me susurró suavemente, con un profundo alivio.Negué lentamente con la cabeza, pero mis ojos seguían clavados con horror en el suelo.—Pero... ella... le han disparado... —susurré entre balbuceos, invadida por el miedo a que Clara hubiera muerto re

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    PUNTO DE VISTA DE RADACon un movimiento rápido, en apenas una fracción de segundo, Nicolás me atrajo inmediatamente contra su pecho y me ocultó bien detrás de su espalda para protegerme de aquella mujer que apuntaba con una pistola hacia el aire.—¡Clara! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —gritó Nicolás con dureza. Su voz retumbó llena de ira, hasta el punto de que las venas de su cuello se marcaron por la furia que contenía.Clara. Así que aquella mujer enloquecida era Clara, ¿la exesposa de Nicolás?Impulsada por la curiosidad en medio de aquel miedo paralizante, eché un pequeño vistazo por encima del hombro de Nicolás, intentando ver qué aspecto tenía aquella mujer que había perdido la cordura.Era muy guapa. Sin embargo, su bello rostro parecía ahora completamente destrozado. Tenía los ojos enrojecidos e hinchados, lo que delataba un mar de ira, odio y decepción que había llegado al límite.—¡Nunca te dejaré casarte con ella, Nicolás! ¡Tú solo me perteneces a mí! ¡Solo a mí! —gritó

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    Pensaba que Nicolás solo estaba bromeando anoche. Es cierto que siempre había soñado con una boda sencilla, pero, desde luego, nunca imaginé que aquel hombre haría realidad mi sueño tan rápidamente.Al día siguiente, ya estaba de pie en una iglesia de arquitectura clásica y ambiente sagrado. Mi cuerpo estaba envuelto en un vestido de novia blanco y vaporoso, diseñado con gran elegancia: el vestido de mis sueños, que ni siquiera me había atrevido a imaginar que llegaría a llevar algún día.Entre mis manos sostenía un ramo de rosas blancas cuidadosamente dispuesto. Aquellas flores, que simbolizaban la pureza del amor, reflejaban mi mayor deseo: que el vínculo sagrado entre nosotros permaneciera puro e inmaculado en el futuro.Mi mirada se quedó fija en mi reflejo en el gran espejo de la sala de preparativos. Ya me habían maquillado; la maquilladora acababa de darme los últimos retoques después de ayudarme a ponerme el vestido.En el reflejo del espejo, mis ojos parecían estar llenos de

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