LOGINUna hora más tarde, la preocupación en el hospital había disminuido su intensidad. A pesar de que Adrián seguía en observación, los médicos comunicaron que estaría bajo vigilancia durante toda la noche. Gael mantenía su firme decisión de permanecer allí, incapaz de alejarse mientras su amigo estuviera en esa situación. —Roger ha venido a buscarte. Es mejor que regreses a casa y tomes un descanso, yo me quedaré aquí durante la noche —comentó Gael a Elisa, levantándose de su lugar. Ella movió la cabeza en señal de desacuerdo, ya que no quería dejarlo solo después de verlo tan afectado. —Puedo quedarme contigo. No tienes que pasar la noche aquí sin compañía, especialmente tras lo que ha sucedido —dijo Elisa con sinceridad. Gael la observó por unos instantes y sacudió la cabeza en respuesta. —No es necesario. Además, necesito estar aquí por mi amigo y tú también deberías descansar —replicó Gael. Entonces, la madre de Adrián se pronunció, limpiándose las lágrimas que aún caían por
A pesar de su confusión por lo que había ocurrido entre ellos, la información sobre Adrián la había inquietado. —No es necesario que te disculpes. Iré contigo —contestó Elisa mientras se ajustaba la blusa. Gael aceptó sin objeciones y rápidamente recogió su abrigo. Ambos dejaron la habitación y descendieron las escaleras apresuradamente. La inquietud por Adrián había eliminado por completo cualquier pelea que habían tenido hace en cualquier otro momento. Sin demora, salieron juntos de la casa hacia el hospital central. Al llegar al centro médico, Gael detuvo su auto justo en la entrada de urgencias y ambos salieron veloces del coche. En cuanto cruzaron la puerta, Gael comenzó a mirar alrededor hasta que identificó a los padres de Adrián en la sala de espera. Se acercó a ellos con una expresión tensa, mientras Elisa se mantenía un poco más atrás. —¿Cómo se encuentra? ¿Qué información dijeron de los doctores? —preguntó Gael, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura a
Gael no podía dejar d entrar a Elisa. Ella sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. —Ahora que lo pienso, probablemente te lastimaste intencionalmente para arruinar mi noche con Alma Rosa —manifestó con frialdad. Elisa quedó boquiabierta, completamente asombrada ante esa acusación ilógica. —¿Qué insinúas? Jamás haría algo así solo para evitar que tuvieras un encuentro con una mujer. Eso es completamente irracional —replicó Elisa, ofendida. Gael se rio con burla ante sus ojos, pero no había nada de humor en ella. —Te conozco bien, Elisa. Soy consciente de lo que puedes hacer y no dudo que tu malicia podría llegar a tales extremos —respondió de manera severa. —Probablemente, como no eres feliz, tampoco soportas la idea de que yo pueda serlo. Las palabras de Gael lograron herirla, pero Elisa se negó a mostrar sus sentimientos. Tomó una respiración profunda y levantó la cabeza, mirándolo fijamente mientras contenía la ira que comenzaba a brotar en su interior.
Él se dirigió al médico con una mirada seria y, durante un breve momento, sus miradas se cruzaron. —Buenas noches, doctor. ¿Cómo se encuentra mi esposa? —preguntó Gael, sin prestar atención al asombro de Elisa. El médico lo observó antes de centrar su atención en la herida. —Su esposa estará bien. Tiene una herida profunda en el dedo y necesitaremos realizarle algunos puntos para cerrarla adecuadamente —comentó el médico. Gael no dijo nada al respecto pero echó una mirada momentánea a Elisa. —Entonces esperaré afuera mientras usted hace su trabajo. Por favor, asegúrese de que esté bien —expresó Gael antes de salir del área de enfermería sin esperar respuesta alguna. Al salir a la sala de espera, Gael vio a Roger sentado cerca de la entrada. Se acercó a él directamente y arrugó el rostro, aún tratando de entender cómo había terminado Elisa en el hospital con un corte en el dedo. —¿Cómo pudo suceder eso? ¿Qué estaba haciendo Elisa para resultar con una herida así? —
Gael la miró fijamente a los ojos, pensaba dentro de sí que vería algo distinto en Elisa.—Creí que te sorprendería saber que prefiero a otras mujeres antes que a ti —comentó, brotando una sonrisa desafiante. Aquellas palabras le causaron a Elisa un dolor mucho más profundo de lo que estaba preparada para reconocer. El hecho de que Gael no la deseara verdaderamente como mujer tocaba una herida que ni siquiera se había dado cuenta de que existía. —Por favor, Gael, eres un tonto —respondió ella, intentando ocultar su sufrimiento tras una fachada de desinterés. Gael se acercó hasta quedar frente a ella y, tomándola suavemente del brazo, la atrajo hacia sí. Elisa quedó muy cerca de él y pudo percibir nuevamente el aroma de su fragancia. Gael bajó un poco la mirada hacia ella y mostró una sonrisa llena de arrogancia y desafío, provocando que se sintiera aún más incómoda. —Seguramente jamás has tenido una buena experiencia en la cama. Se nota hasta a través de la ropa —dijo Gael sin e
Elisa no pudo evitar que una profunda irritación la inundara y, tras unos instantes, se levantó de su puesto y se encaminó hacia el baño. Al ingresar, se plantó ante el espejo, apretó los dientes y analizó su reflejo con evidente descontento. —Estoy celosa. Muy celosa —admitió en voz baja, apoyando las manos sobre el lavabo. —¿Cómo puede actuar así con otra mujer en la oficina? Y frente a mí, como si no le importara en absoluto lo que opino? Cerró los ojos por un momento y respiró profundamente. Sabía que su reacción era exagerada y que Gael no debería ocupar tantos de sus pensamientos. Después de todo, él era libre de actuar como quisiera, y su matrimonio solo existía a un nivel superficial. —Debo calmarme. No merece la pena estar tan molesta por algo que involucra a otra mujer —se dijo así misma, tratando de convencerse que no valía la pena. Se acomodó el cabello y regresó a su escritorio con la intención de dejar aquel tema atrás. Durante el día, Elisa se concentró en su







