Se connecterElisa no deseaba que Alma continuara utilizando su estado de gestación para menospreciarla, ni que Gael se enredara en discusiones interminables con ella. Se acercó algo más y le miró a los ojos, manteniendo la calma.—Estoy segura de que ya has escuchado lo que Gael tiene que decirte. No hay necesidad de que sigas degradándote ni te presentes en su oficina exigiendo que regrese contigo. Gael se quedó en silencio, viendo como su esposa estaba tomando las riendas del asunto.—Si él está dispuesto a asumir sus obligaciones como padre, deberías enfocarte en eso y dejar de intentar interferir en nuestra relación. Hay límites que debes aprender a aceptar —explicó Elisa con tranquilidad.Alma se rio con burla y se volvió hacia ella, notoriamente molesta. No estaba acostumbrada a que Elisa respondiera de esa forma, y mucho menos a que Gael no interviniera para detenerla.—No tienes autoridad para decirme qué debo hacer. Si estoy aquí, es porque Gael y yo compartimos un vínculo que durará
Gael se levantó de su asiento y caminó alrededor del escritorio hasta quedar de frente a ella, disfrutando de la inquietud que parecía causarle un tema que, para él, resultaba más bien entretenido. —No tienes que angustiarte tanto, mi cielo. Después de todo, ella no está equivocada al pensar que hay algo entre nosotros, ya que efectivamente tenemos una relación. Eres mi esposa y la mujer de la que estoy locamente enamorado. Si de mí dependiera, le gritaría al mundo que mi asistente es la novia fugitiva que se fue y se convirtió en mi esposa —dijo, abrazándola por la cintura. Elisa no pudo evitar reírse, después de todo , sorprendida por lo relajado que él se mostraba respecto a su situación. Aunque ella sabía que Gael no tenía problemas en reconocerla públicamente como su pareja, ella aún necesitaba mantener su identidad en secreto para evitar que su familia descubriera dónde estaba. —A veces me asombra lo despreocupado que eres con esto. Parece que no te preocupa que alguien
Al día siguiente, Elisa se despertó de manera pausada y notó que estaba en los brazos de Gael. Él aún tenía los ojos cerrados y la sostenía por la cintura, como si deseara mantenerla cerca incluso mientras dormía. Recordando la velada anterior, una sonrisa se dibujó en su rostro. Tras tantas discusiones, concluyó el día sintiéndose nuevamente querida y resguardada por el hombre con quien había optado por pasar su vida.—Deseo que todas nuestras reconciliaciones sean como la de anoche, ya que tengo que confesar que fue una de las mejores formas de cerrar una disputa. Aunque, en mi opinión, preferiría que no tuviésemos que reconciliarnos con frecuencia y que simplemente disfrutáramos siendo felices juntos —dijo Elisa, levantando la mirada hacia él.Gael abrió los ojos y sonrió al escucharla. Le apartó un mechón del rostro y le dio un beso en la frente antes de volver a abrazarla con fuerza. Le agradaba despertarse a su lado, oír su voz y darse cuenta de que, a pesar de las dificultad
Mientras el secreto de su identidad continuara, sus padres no sabrían dónde localizarla; si el mundo se enteraba de que era la pareja de Gael Beaumont, esa protección se evaporaría de inmediato. —No, Gael. No deseo que se sepa aún que estamos casados. Si mis padres logran descubrir mi paradero, vendrán a buscarme e intentarán retomar el control sobre mi vida, como lo hicieron anteriormente. Gael no pudo evitar mirarla con cierto asombro. Sabía que nadie e incluso él tenían el derecho de tomar decisiones por ella. —No estoy lista para volver a enfrentarme a ellos y necesito que aceptes mi decisión, porque hay aspectos de mi pasado que prefiero que permanezcan ocultos —dijo, tomando sus manos. Gael la miró en silencio durante un instante. Le resultaba complicado aceptar que Elisa continuara lidiando con ese miedo, pero entendía que exponer su matrimonio sin que ella lo quisiese solo complicaría las cosas. Si realmente deseaba demostrarle que podía confiar en él, era esencial que
Al llegar a la mansión, Elisa abrió la puerta antes de que Gael pudiera ayudarla y salió rápidamente del automóvil. Cruzó la entrada sin detenerse a saludar al personal y subió las escaleras con la intención de refugiarse en la habitación. Necesitaba alejarse de todo lo que le recordaba la fotografía, el hospital y la mujer que amenazaba con cambiar su vida.Gael la siguió hasta el dormitorio y cerró la puerta tras de sí. La encontró de pie junto a la cama, quitándose los zapatos con movimientos bruscos, como si cada pequeño gesto le permitiera descargar parte de la frustración que llevaba acumulada. La impotencia de no saber cómo acercarse a ella comenzó a transformarse nuevamente en irritación.—¿Vas a seguir comportándote así? Deja de actuar como una niña inmadura, Elisa. No podemos resolver nuestros problemas si cada vez que algo te duele decides marcharte y te niegas a escuchar lo que tengo que decirte —soltó Gael, aunque se arrepintió de sus palabras casi en el mismo instante
Gael avanzó un paso hacia adelante, posicionándose ante Thomas con un semblante serio, sin poder pasar por alto la cercanía con la que este se dirigía a su esposa. —Te estoy agradecido por haber estado al lado de Elisa en un momento difícil, pero ella es mi esposa y debe tratar sus asuntos conmigo. No me parece correcto que continúes hablándole como si tuvieras algún derecho sobre ella, porque nuestra relación no te concierne —expresó Gael, con un tono autoritario que hizo evidente su molestia. Thomas se mantuvo calmado ante aquella respuesta. Aunque era consciente de que Gael contaba con una influencia y autoridad que él no podría igualar, no iba a permitir que tratara a Elisa como si sus emociones fueran menos valiosas que el hecho de ser su esposa. —Ser tu esposa no te da la facultad de decidir por ella ni de esperar que te siga cuando está lastimada por tus elecciones. Elisa no está sola, Gael, y si necesita un sitio donde estar mientras considera lo que hacer con su matrimonio







