LOGINLa nueva vida de Rose en la residencia de Viviana ya había llegado a su segunda semana antes de que siquiera se diera cuenta. Rose se sentía increíblemente afortunada y bendecida por la bondad de Viviana, especialmente porque Viviana nunca mencionaba a Romilda, a pesar de saber que eran hermanas gemelas.
Rose no desperdició la segunda oportunidad que le habían dado. Cada día se despertaba antes del amanecer y ayudaba con las tareas de la casa,
No hubo una gran recepción, ni miles de invitados de la alta sociedad o medios de comunicación esperando para presenciarla. La boda de Matteo y Rose se celebró en una pequeña capilla. Fue una ceremonia íntima y cálida, llena de personas que realmente se preocupaban por ambos.Rose caminó hacia el altar luciendo un vestido de seda con un pronunciado escote y la espalda descubierta. No llevaba velo sobre el rostro; dejó que todos vieran su sonrisa más radiante y sincera.Al final del altar, Matteo la esperaba. Su rostro irradiaba ternura y absoluta devoción. En cuanto la mano de Rose descansó sobre la suya, Matteo soltó un largo suspiro.Había encontrado la otra mitad de su alma y jamás volvería a dejarla ir.—Te ves preciosa —susurró Matteo mientras permanecían frente a frente.Los ojos de Rose brillaron de felicidad.
Rose estaba de pie detrás de una gruesa pared de vidrio reforzada con una malla metálica protectora.A su lado, Matteo permanecía erguido como una columna de concreto. Sostenía firmemente la mano de Rose y, de vez en cuando, su pulgar acariciaba el dorso de la mano de ella.En realidad, Matteo se había opuesto a aquella visita. No quería que Rose quedara traumatizada o conmocionada. Sin embargo, Rose había insistido. Tenía que cerrar aquel capítulo.—Podemos hacer esto en otro momento, Rose. O no hacerlo en absoluto —susurró Matteo, intentando convencerla una vez más.Pero Rose negó firmemente con la cabeza.—No, Matteo. Tengo que ver a Romilda por última vez. Después de esto, te prometo que nunca volveré a mencionar su nombre.—Está bien. —Matteo soltó un suspiro resignado.Matteo acerc&
Jerry se tambaleó hacia atrás, pero aún logró mirar a Rose. Los labios del anciano se movieron, formando una palabra sin emitir sonido:Corre.Después de eso, el cuerpo de Jerry finalmente se desplomó en el suelo con un golpe sordo.Rose se quedó paralizada. No se dio la vuelta para correr… simplemente permaneció inmóvil. Entonces su cuerpo se deslizó hasta el suelo y comenzó a llorar en silencio, mientras todo su cuerpo temblaba.Rose se arrastró hacia Jerry, sin importarle que los hombres de Rocco se acercaran a ella.Con las manos temblorosas, Rose levantó la cabeza de su padre, que ya estaba inerte. Lo abrazó con fuerza.Aunque Jerry era un criminal con un pasado terrible, decidió hacer una última cosa buena al final de su vida. Quería proteger a Rose y expiar sus pecados, aunque eso significara sacrifica
—¿Qué exactamente piensas hacer, papá? —preguntó Rose.—Sé que he cometido muchos errores contigo y con Romilda. Pero no me quedaré de brazos cruzados viendo cómo se llevan a mi hija, Rose. Voy a salvarte.—Papá, ¿qué puedes hacer tú?—Al menos puedo hablar con Romilda. O… como sea que se llame ahora.Rose negó con la cabeza.—Papá, si Romilda se entera, tú también te verás involucrado en esto. Tampoco sobrevivirás.Jerry guardó silencio. Rose tenía razón. Siendo realistas, no podría salvarla en absoluto. Ambos podrían terminar muertos a manos de Romilda.—No te preocupes. Prometo sacarte de aquí. Por ahora, tienes que resistir. Come todo lo que te den para que tengas fuerzas. ¿Entiendes, Rose?Rose asintió.
La puerta del apartamento ya estaba abierta cuando Matteo y la policía llegaron. Matteo parecía presa del pánico y aterrorizado, con los ojos recorriendo cada rincón de la habitación oscura y cargada de humedad.—¡Rose! ¡Rose, ¿dónde estás?! ¡Rose! —la voz de Matteo se quebró por el pánico.La policía registró todo el lugar, pero no encontraron a nadie. Informaron que había señales de movimiento por la puerta trasera, pero no había cámaras de vigilancia cerca.Matteo sintió que las fuerzas lo abandonaban y su mirada quedó fija en el suelo. Allí estaba el bolso de Rose. Todas sus pertenencias seguían dentro, incluido el teléfono que habían rastreado.—No… no… no… —la voz de Matteo se quedó atrapada en su garganta.Cayó de
El olor a humo de cigarrillos baratos irritó la nariz de Rose en cuanto entró en el lúgubre vestíbulo del edificio. No había nadie allí, solo una hilera de buzones abollados y grafitis toscos que se descascaraban de las paredes.Su corazón latía con fuerza, siguiendo el ritmo del eco de sus pasos sobre las escaleras de concreto. El ascensor estaba averiado, por supuesto. Así que Rose tuvo que subir hasta el cuarto piso con las piernas temblorosas y conteniendo la respiración.Cada sombra en la escalera la mantenía alerta.—Esto es por Romilda —susurró Rose, aferrándose con fuerza a la correa de su bolso—. Es tu hermana, tu propia sangre. No puedes simplemente dejarla morir.Rose llegó a la puerta del apartamento y giró el picaporte. Se abrió con un fuerte chirrido. El interior estaba oscuro, con las cortinas completamente cerradas.El aire se sentía viciado y húmedo.—¿Romilda? —llamó Rose en voz baja.No hubo respuesta. Solo el sonido del agua goteando del fregadero de la cocina. Ros







