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Nunca me detendré

Author: Spicy Candy
last update publish date: 2026-11-03 23:59:14

Roman

Horas. Llevo enterrado dentro de este coñito lo que parecen horas, y mi polla sigue dura como una piedra, latendo como si tuviera vida propia. No se ablanda. No se cansa. Solo se pone más gruesa, más pesada, más hambrienta de ella.

Virgen. Mi niñita era virgen. Bueno, lo era. Ahora es mía. Mía para quererla, protegerla y darle placer siempre que me dé la puta gana.

Ahora me monta, las manos planas sobre mi pecho, pero soy yo quien controla. Mis manos le agarran la cintura con tanta fuerza
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  • La Pequeña Mocosa de Papá   Una hora es suficiente

    RavenEstoy aquí por una sola razón: para joderle la vida a Roman Bellerie.A pesar de sus repetidas advertencias de que me mantenga lejos de su oficina, vine de todas formas, porque el objetivo es desobedecerlo y empujar sus límites.Salgo del ascensor y entro en la zona de recepción elegante y moderna.Hay una recepcionista nueva.No reconozco a la mujer detrás del escritorio.Los guardias ya no me detienen. Apenas me miran cuando entro. Al fin y al cabo, Roman dejó claro desde el primer día que soy su hija. Desde entonces me tratan con cierto nivel de respeto.La recepcionista levanta la vista del ordenador y su sonrisa profesional flaquea un poco al ver lo que llevo puesto.No la culpo.La minifalda negra apenas me cubre el culo. El crop top amarillo es tan ajustado que se me ven claramente los pezones a través de la tela fina. Mis tacones suenan seco sobre el suelo pulido mientras me dirijo a su escritorio.—¿Puedo ayudarla? —pregunta, el tono cuidadosamente neutro.—Vengo a ver

  • La Pequeña Mocosa de Papá   Pequeña malcriada

    RavenEstoy sentada en la isla de la cocina, comiendo copos de maíz directamente de la caja porque sé que al final a alguien le va a molestar, y ahora mismo eso se siente como el único poder que me queda.La casa está en silencio. Demasiado silencio. Roman se fue a la oficina hace horas sin decirme ni una palabra. Vivienne anda por ahí en alguna parte de la casa haciendo llamadas sobre su boda y gritando por tonterías.Si Roman insiste en ser mi tutor legal hasta que cumpla veinticinco, más me vale no volver a Londres, quedarme en Boston y ser todo lo que odia.Si de verdad cree que puede usar el testamento de mi madre para atraparme con él mientras juega a la familia feliz con su prometida, entonces le voy a hacer la vida tan insoportable que me va a rogar que me vaya.Seré el caos que no puede controlar. El problema que no puede resolver. El recordatorio constante de que su vida perfecta está construida sobre mentiras.Sigo llevando su camisa. No me he cambiado. No me he duchado. Es

  • La Pequeña Mocosa de Papá   No me vuelvas a cuestionar

    RomanEn cuanto Raven desaparece de la vista, Vivienne se gira hacia mí, los ojos entrecerrados mientras intenta diseccionar el momento en el que acaba de entrar. Su mirada va y viene entre mi cara y el espacio donde Raven estaba parada hace un segundo.—Roman —empieza, la voz cuidadosamente controlada pero teñida de sospecha—. ¿Puedes explicarme qué era eso?Le doy la espalda, alargando la mano hacia la chaqueta del traje que tengo echada sobre la silla, tomándome el tiempo a propósito.—¿Explicar qué, Vivienne? —pregunto con frialdad, sin mirarla.—Lo que acabo de ver —insiste, dando un paso más cerca—. La forma en que la estabas sujetando. Raven lleva tu camisa. Tu ropa. Parecía… inapropiado.Por fin la miro, mi expresión endureciéndose hasta convertirse en piedra.—¿Inapropiado? —Repito la palabra despacio, dejándola colgada en el aire—. No veo en ninguna parte escrito que no pueda abrazar a mi hija si necesita consuelo.Me acerco hasta que ella tiene que levantar la cabeza para s

  • La Pequeña Mocosa de Papá   No te vas a ninguna parte

    RavenMe despierto adolorida. Por todas partes.Los músculos me duelen, la piel se siente sensible y hay un latido sordo y profundo entre las piernas que me recuerda exactamente lo que pasó anoche. Roman me folló como si quisiera poseer cada célula de mi cuerpo, y durante un rato le dejé creer que lo hacía.Me estiro y la tela de la camisa que llevo se desliza por mi piel. Es suya. Grande, suave y huele a él. No llevo nada más. Solo su camisa y las marcas que me dejó.La cama está vacía a mi lado. Fría.Me incorporo despacio, paso las piernas por el borde del colchón y escucho. La casa está en silencio de esa forma específica de la mañana, pero entonces lo oigo: el tintineo leve de cerámica y el gorgoteo bajo de la cafetera que viene de abajo.Me pongo de pie, los pies descalzos silenciosos en el suelo, y bajo las escaleras. Cada paso me recuerda la noche anterior. El dolor no es exactamente desagradable. Es un recordatorio. Prueba de que pasó. De que me quitó la virginidad y me hizo

  • La Pequeña Mocosa de Papá   Significas todo

    RavenRoman me sostiene contra su pecho durante un buen rato, los dedos trazando patrones lentos y calmantes a lo largo de mi columna. Su latido es firme y fuerte bajo mi mejilla, anclándome después de todo lo que acabamos de hacer.Al cabo de un tiempo, me da un beso suave en la frente.
—Vamos, bebé. Déjame cuidarte.Se desliza de debajo de mí con cuidado y me levanta en brazos como si no pesara nada.Apoyo la cabeza en su hombro mientras me lleva al baño. Las luces están tenues y cálidas. Me sienta en el lavabo mientras llena la bañera, probando el agua con la mano antes de ayudarme a entrar.El calor se siente como el cielo en mi cuerpo cansado.Roman se arrodilla al lado de la bañera, un paño suave en la mano, y me lava con caricias lentas y deliberadas. Los brazos. Los hombros. La espalda.Cuando llega entre mis piernas para limpiarme con suavidad, no puedo evitar hacer una mueca. Todo está hinchado. Sensible. El dolor es un recordatorio de todo lo que acaba de pasar.Se detiene

  • La Pequeña Mocosa de Papá   Nunca me detendré

    RomanHoras. Llevo enterrado dentro de este coñito lo que parecen horas, y mi polla sigue dura como una piedra, latendo como si tuviera vida propia. No se ablanda. No se cansa. Solo se pone más gruesa, más pesada, más hambrienta de ella.Virgen. Mi niñita era virgen. Bueno, lo era. Ahora es mía. Mía para quererla, protegerla y darle placer siempre que me dé la puta gana.Ahora me monta, las manos planas sobre mi pecho, pero soy yo quien controla. Mis manos le agarran la cintura con tanta fuerza que los dedos se le hunden en la carne, y la bajo contra mi polla con toda la fuerza que tengo.Arriba. Abajo. Arriba. Abajo.Chasquido. Chasquido. Chasquido.El sonido de carne contra carne es obsceno, resonando en las paredes. Sus tetas rebotan salvajemente delante de mi cara, perfectas y pesadas, temblando con cada impacto brutal. Está hecha un desastre. Las lágrimas le corren por la cara, lágrimas reales y húmedas, y la boca abierta en una “O” permanente, sollozando y jadeando por aire.Per

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