INICIAR SESIÓNAnte el mundo del espectáculo, Victoria es la reina indiscutible de la pantalla. Tras bambalinas, no es más que la esposa en secreto de Julian Vance, el dueño del estudio cinematográfico más poderoso del país. Para proteger los negocios de su esposo de una guerra comercial entre agencias, Victoria acepta ceder y callar. Pero la decisión fría de Julian va demasiado lejos: impulsa a una nueva actriz llamada Chloe y, poco a poco, le entrega a ella los papeles más importantes, su lugar sobre la alfombra roja e incluso su puesto a su lado. Victoria se ve obligada a sonreír mientras el público dice que su estrella se apaga y aclama a la nueva pareja de su esposo. No tiene voz ni voto para gritar que el hombre que camina junto a Chloe es suyo. Cuando su paciencia se quiebra, Victoria comprende una verdad: si supo fingir amor por Julian durante años, también puede fingir que se marcha para no volver jamás.
Ver más—Llegaremos por separado esta noche, Vic. Será Chloe quien camine a mi lado sobre la alfombra roja.
Los dedos de Victoria se quedaron inmóviles sobre el último botón de su vestido de alta costura. Apenas dos horas antes habían celebrado juntos su premio a la mejor actriz en el ático de lujo. Y ahora, su esposo le pedía que asistieran por separado.
—Chloe caminará a mi lado. El consejo de administración ya lo ha decidido —continuó Julian Vance al otro lado de la línea, con voz fría y sin margen para discusión.
—¿Por qué? —alcanzó a decir Victoria, con la voz atrapada en la garganta.
—Ella es la nueva imagen del estudio. La agencia necesita promocionar a la nueva promesa; deberías entenderlo.
—¿Y yo? —susurró Victoria. Sus ojos se posaron sobre su reflejo en el espejo, que de pronto le pareció extraño y ajeno.
—Tú eres Victoria Roy, la actriz más grande de este estudio. Tu posición no se tambaleará por esto. Sé generosa, hazlo por el bien de la empresa.
¡Clic! La llamada se cortó de manera unilateral. El pecho de Victoria se le llenó de opresión; apretó los puños con tanta fuerza que sus nudos se blanquearon.
Los destellos de las cámaras recibieron la llegada de Victoria a la gala benéfica de Vance Pictures. Los aplausos y los gritos de los periodistas estallaron a su paso. Sin embargo, aquel alboroto se quebró de golpe.
Un hombre apareció vestido con un esmoquin negro, y su mano descansaba firme sobre la cintura de una mujer que vestía un sencillo vestido blanco. Julian Vance esbozó una leve sonrisa, mientras ella, Chloe Adams, se recargaba en su pecho con aire complaciente y cariñoso. En un instante, decenas de lentes se apartaron de Victoria y se dirigieron hacia ellos.
—Mira eso... Chloe Adams se ha convertido sin duda en la favorita del señor Vance —susurró un periodista cercano—. He oído que incluso el guion de la nueva película del director Han ha sido reasignado a ella. Parece que la época dorada de Victoria está llegando a su fin.
De pronto, un presentador le acercó el micrófono a la cara. —¡Victoria! ¿Qué opina usted de que Julian haya puesto a Chloe bajo los reflectores esta noche?
Las luces la cegaron. A lo lejos, Julian la miraba fijamente, con una mirada que era toda advertencia.
Victoria dibujó en sus labios la sonrisa más perfecta que fue capaz de componer. —Vance Pictures siempre ha sabido descubrir nuevos talentos. Apoyo por completo la decisión de la dirección.
Los aplausos estallaron de nuevo. Julian asintió, satisfecho. Pero tras aquella máscara elegante, la dignidad de Victoria quedó hecha añicos.
Victoria caminó a paso rápido hacia el exclusivo baño VIP. Respiraba agitada, conteniendo el torrente de emociones que se le amontonaba en el pecho. Y allí, frente al espejo, estaba Chloe retocándose el labial rojo intenso.
La joven se dio la vuelta, cruzó los brazos y la miró con evidente desdén. —Me alegra ver que sigues siendo tan profesional, Victoria. Por un momento temí que perdieras los estribos frente a los medios.
—Aprende a mantener tu lugar, Chloe —respondió Victoria con frialdad, mientras abría el grifo del agua.
—Fue Julian en persona quien me entregó el guion del director Han esta misma tarde —susurró Chloe justo junto a su oído. Y le mostró una pluma grabada con las iniciales J.V. —Me dijo que yo soy mucho más dócil y agradecida que cierta actriz veterana que se cree el centro del universo.
Victoria cerró el grifo. Su mirada era tan afilada que Chloe retrocedió un instante, antes de darse la vuelta y salir riendo con aire de triunfo.
El silencio lo llenó todo. Victoria se miró al espejo. No derramó una sola lágrima. Aquel dolor, en cambio, consumió toda su tristeza, dejando en su lugar una determinación clara y serena.
Sacó de su bolso un sobre grueso de color café. Sin vacilar, firmó con mano firme el documento de divorcio que llevaba dentro.
Se quitó entonces el anillo de bodas de oro blanco que había llevado oculto durante tres años, y lo dejó justo encima de aquel papel.
En ese momento, su teléfono vibró con fuerza. En pantalla aparecía el nombre: «Julian». Victoria deslizó el dedo y atendió.
—¿Dónde estás, Vic? —preguntó él con tono cortante y autoritario—. Va a comenzar la sesión de fotos con los inversores. Quiero que te coloques al fondo, junto a nosotros.
Victoria soltó una suave risa. —No iré, Julian.
—¡No seas caprichosa! ¡Lo hacemos por el bien de nuestro estudio!
—De tu estudio, Julian. Ya no es nuestro —lo cortó ella con voz tranquila y gélida—. Ve al baño VIP. Allí, sobre el lavabo, tienes un regalo por estos tres años de matrimonio. A partir de esta noche, dejo de pertenecer a Vance Pictures. Y dejo de pertenecer a tu vida.
Colgó la llamada, arrojó el aparato a la papelera y salió con paso firme por la puerta trasera, dejando atrás a Julian Vance, que corría desesperado por los pasillos buscándola en vano.
—No quiero venir contigo solo por no decepcionarte.Victoria lo dijo mientras preparaban la siguiente toma. Owen cerró el guion que estaba revisando. Estaban junto a la puerta del gimnasio, lejos del equipo que movía el material. Ella dejó el vaso sobre una mesa antes de seguir hablando.—Me gusta hablar contigo. Solo aún no sé qué puedo darte si esperas algo más.—Me atraes —respondió Owen—. No quiero que suene a reunión de trabajo. Pero puedes decir que no. Mañana seguiré viniendo a rodar.—¿Y si quiero ir, pero no estoy lista para llamarlo cita?—Comemos y charlamos. Después vemos si solo nos llevamos bien como amigos. Lo acepto.Victoria pasó el dedo por la mancha de café en el vaso. Buscó en su rostro algún rastro de exigencia, pero Owen solo le preguntó qué comida
—Tú te fuiste primero, Martin.Victoria lo dijo apartando el guion de en medio. Owen dejó la mano sobre la mesa, tal como habían acordado. Ella miró esa mano antes de volver a su rostro. No apartó la suya cuando él respondió.—Lo sé. Solo quería saber si queda algo de lo que hablar.—Siempre vienes después de decidir tú misma lo que quieres conseguir.—Esta vez solo pregunto.Victoria pasó la hoja y la volvió a dejar sin leer. Sabía la respuesta de Cora, pero la voz de Owen la hacía querer esperar un instante más. Gareth no intervino cuando ella dejó la silla quieta. Lo miró hasta que la siguiente frase salió más suave.—Todavía quiero que vengas. Pero no sé si quiero que vuelvas.—Entonces, ¿puedo quedarme sentado aquí?Victor
—Quiero ver a mi madre antes de irme.Victoria lo dijo tras apartar el aviso del juicio a un lado de la mesa. Rian esperó en la pantalla, dándole tiempo para explicarse. El calendario de producción seguía cerca de su mano. Alisó la esquina del papel antes de continuar.—Rodaré según el contrato si me conceden el permiso. Pero quiero decirle en persona que no asistiré a su juicio.—Puedo solicitar una visita.—No le digas que voy para hablar de su declaración. Ya respondí lo que me pedían.—De acuerdo. ¿Quieres que te acompañe?Victoria negó con la cabeza y, al darse cuenta de que su abogado la veía a través de la cámara, añadió que hablaría a solas con Eleanor, bajo la supervisión de los agentes. Rian anotó su petición y prometió contactar con la
—Quiero interpretar a Cora.Victoria lo dijo claramente cuando Gareth la llamó a la mañana siguiente. La maleta ya estaba junto a la puerta de la habitación. Seguía con la ropa de dormir y el guion completo abierto sobre la cama. En la última página había subrayado la frase en la que pide a su alumna que no diga que le duele.—¿Lo ha leído todo? —preguntó Gareth.—Dos veces.—¿Qué parte la hizo detenerse más tiempo?—Cuando Cora le pide que retire su declaración. Lo intenté con tono de arrepentimiento, pero sonaba como si quisiera que la calmaran a ella.—¿Qué quiere probar ahora?Victoria se llevó el teléfono al otro oído. Se miró en el espejo, acomodándose un cuello que no necesitaba arreglo. En esa escena, Cora ya llevaba preparado lo que






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